Aldo Cerda | ActionAbility Institute

  • 19 agosto, 2019

El reporte del IPCC sobre cambio climático, desertificación, degradación y gestión sustentable de la tierra, seguridad alimentaria y flujos de GEI en ecosistemas terrertres, demuestra la magnitud del desafío que enfrentamos en nuestro modo de vida para revertir el aumento de las emisiones de CO2.

En efecto, siempre hemos sabido que los bosques ayudan a mitigar los impactos del cambio climático al capturar el carbono de la atmósfera vía fotosíntesis. Sin embargo, en la década 2007-2016 se ha acelerado de tal forma la deforestación de los trópicos en busca de habilitar terrenos para agricultura y ganadería, que el balance entre capturas por crecimiento de bosques (8.6 a 13.8 GtCO2e anuales) y emisiones por deforestación (9 a 15 GtCO2e por año) hoy es prácticamente nulo. Y esto solo empeorará en el tiempo: cada hectárea adicional deforestada adiciona emisiones –por liberación del pool de carbono contenido en los árboles y el suelo– y reduce la superficie disponible para capturas incrementales.

Los países desarrollados han tratado de reducir este fenómeno promoviendo el consumo de aceite de palma que no provenga de la conversión de bosques y turberas en Indonesia o Malasia, pero en el caso del Amazonas, tanto la demanda interna como aquella de China por proteína animal se ha acelerado, lo que ha precipitado la deforestación de las selvas y bosques lluviosos, así como las áreas de turberas.

Hay tres desafíos importantes en esta realidad que representa el 23% de las emisiones a nivel mundial:

-El cambio de las dietas: un kilo de proteína animal genera emisiones que pueden llegar –si hubo deforestación mediante– a  640 kgCO2e, mientras que en base vegetal la huella es del orden de los 10 kgCO2e. Si usted va a mantener su consumo de carne, la prioridad debe ser la seguridad de que ella no proviene de áreas donde se produjo deforestación para habilitar las praderas donde los animales se desarrollaron.

-La valorización de los servicios ecosistémicos de la conservación de los bosques: la conservación de ecosistemas terrestres es diferente de aquellos de origen acuático, porque el medio donde los primeros se desarrollan tiene costo de oportunidad. El argumento moral de que no debería producirse deforestación por su efecto en el cambio climático, choca contra el argumento también moral de que en los países tropicales existe aún una población con urgentes necesidades básicas, y que “congelar” esos activos es financiar al costo del subdesarrollo las políticas menos responsables de los principales emisores mundiales de gases de efecto invernadero (China, EE.UU. y el mundo desarrollado en general).

-La reforestación y restauración de terrenos degradados: necesitamos reforestar y restaurar millones de hectáreas en terrenos degradados, en un ciclo que asegure la permanencia de la cubierta forestal en el largo plazo. Si esa biomasa tiene un valor económico adicional a la captura de carbono (como sería bioenergía que sustituya combustibles fósiles, madera que sustituya aplicaciones en acero o cemento, papeles, etc.), el costo de esta acción podrá ser considerablemente menor. Si no, enfrenta los mismos desafíos de viabilidad de la conservación de los bosques naturales descrita en el punto anterior.