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  • 10 mayo, 2019

En marzo se produjo la primera exportación de hidrógeno desde Australia a Japón, lo que ha abierto una amplia discusión en el primer país respecto al potencial que tiene para transformarse en un gran proveedor de dicho insumo al mundo. Actualmente el hidrógeno se utiliza en la fabricación de vidrio, acero y fertilizantes, pero los recientes desarrollos demuestran que es muy probable que la mayor demanda provenga de su uso como combustible para automóviles eléctricos propulsados por hidrógeno, transporte pesado de larga distancia y transporte público como los autobuses.

El proceso de hidrólisis del agua para la generación de hidrógeno demanda energía y, dependiendo del origen de esta, se generan las distinciones entre brown hydrogen (cuando el proceso parte por energía “carbonizada” como el diésel o el carbón), blue hydrogen (cuando se genera a partir de gas, que también tiene un origen fósil, pero la mitad del factor de emisión de CO2 respecto a las opciones anteriores) y green hydrogen (cuando el origen de la energía es 100% renovable).

La apuesta australiana descansa fundamentalmente en el blue hydrogen, mientras en Chile la minería busca desarrollar un ejemplo excepcional de reemplazo de combustibles fósiles en sus camiones a partir de hidrógeno generado por energía solar (green hydrogen, cero emisiones), lo que es viable dado que en ese caso el costo de desarrollo de infraaestructura de distribución es mínimo y el costo de la provisión eléctrica ERNC muestra valores extremadamente competitivos en el norte del país (bajo los 40 USD/MWh).

Al presidente Piñera le gusta recalcar que Chile es pobre en las energías del pasado y rico en las energías del futuro: la experiencia de la minería permitiría demostrar también que una política industrial inteligente pasa no solo por apostar a productos de mayor valor agregado de nuestra producción primaria, sino también por el desarrollo de una industria sofisticada de proveedores e insumos que realzan el valor del endowment natural que el país tiene en los recursos naturales.

¿CÓMO VIAJAR SEGÚN GRETA?

La estudiante sueca Greta Thunberg se ha transformado en la cara visible de las nuevas generaciones en la lucha por el cambio climático, y aun cuando su contribución individual más conocida en Chile es la dieta vegana que adoptó su familia (que permite reducir las emisiones de metano relacionadas con la crianza de ganado, cerdos y aves), en Europa se releva mucho más su pertenencia al movimiento flygskam (traducción: vergüenza de volar), que promueve el abandonar los viajes en avión y privilegiar el uso de trenes o buses.

Dependiendo de la tasa de ocupación de las opciones evaluadas, se tiene que en general el tren emite tres veces menos CO2 per cápita por km recorrido que el avión, y la mitad de las emisiones que generan los buses. Solo los viajes en automóvil producen emisiones similares a las del transporte aéreo, pero si se comparte el vehículo, las emisiones unitarias se reducen proporcionalmente.

La industria aérea ha reconocido desde hace más de una década esta vulnerabilidad y promueve que a partir de 2020, su crecimiento sea carbono neutral. Mientras los biocombustibles no sean una opción económicamente viable, tal compromiso solo se satisfará con mejoras en la eficiencia de las nuevas aeronaves y el uso de offsets como alternativa de compensación.

Teniendo a la vista el impacto que el activismo responsable que Greta representa, cabe preguntarse si el objetivo de la aviación civil –que parecía ambicioso cuando se planteó originalmente–, no se estará quedando “corto” frente a la demanda de la sociedad civil de aumentar la ambición climática de los distintos sectores corporativos.