Eduardo Ebensperger es el gerente general del Banco de Chile, la segunda entidad financiera más grande del país. Fue él quien lideró la crisis –manejo que generó aplausos y también críticas– que se gestó tras el ciberataque del 24 de mayo pasado, por el que la empresa del grupo Luksic perdió 10 millones de dólares. Esta es su historia.

  • 15 agosto, 2018

Ilustración por: Ignacio Schiefelbein

El 25 de mayo pasado y apenas puso un pie en Chile, Eduardo Ebensperger, gerente general del Banco de Chile, le dijo a Pablo Granifo y a Andrónico Luksic, presidente y vicepresidente de la entidad financiera, que ponía su cargo a disposición.

El día anterior, mientras integraba una reunión en Nueva York, entre varios banqueros del mundo –organizada anualmente por Visa–, el ejecutivo se dio cuenta de que algo raro pasaba: eran poco más de las 8 de la mañana y no le llegaba ningún mail, algo inusual en su rutina. Llamó a Santiago y habló con su secretaria. La respuesta fue que había un problema con el servidor. Nada grave, al parecer. Y volvió al board del hotel Four Seasons junto al resto de sus colegas, entre ellos, Eugenio von Chrismar, su par del BCI, y Segismundo Schulin-Zeuthen, presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif).

Una hora después, Ebensperger notó que el problema seguía. Así que le mandó un WhatsApp al gerente de Riesgo Operacional del banco, Esteban Kemp. “¿Pasa algo?”, le preguntó. “Sí, se están apagando los equipos de algunas sucursales”, le explicaron desde la capital. “Algo me huele mal”, respondió el gerente general, quien entonces pensó, al igual que sus ejecutivos, que esto se trataba de un virus. 

Se puso en contacto con Granifo y estructuraron un plan de contingencia. El primer paso fue desconectar las cerca de nueve mil estaciones de trabajo. En paralelo, se armó el comité de crisis, integrado por el gerente de Riesgo Operacional; el de Tecnología; y su gerente general subrogante, Rolando Arias. El presidente del banco encabezó el grupo de emergencia y contactó al superintendente de Bancos, Mario Farren, para entregarle toda la información que tenían.

A las 11:00 horas, Ebensperger decidió comprar un pasaje y partir a Chile. “Sí”, le dijo Granifo, “mejor vente”. Entendió entonces la gravedad del asunto.

Se embarcó desde JFK a las 4 de esa tarde y aterrizó en el aeropuerto nacional a las 4:20 de la madrugada. Una hora después estaba sentado en su oficina, en el piso 2 de Ahumada 251, a pasos de la del presidente ejecutivo y del despacho que ahí también tiene Luksic, quien por esos días estaba de viaje en Europa. Desde el Viejo Continente mantuvo contacto permanente con Granifo y Ebensperger. Ellos le informaron que el problema no era un virus. Era un ataque directo y planeado por un grupo de hackers internacionales (ver recuadro).

De Puerto Montt a Valparaíso

Eduardo Ebensperger Orrego nació hace justo 53 años en Puerto Montt. Es nieto de Alberto Ebensperger, un abogado alemán que llegó al sur de Chile buscando nuevas oportunidades –fue juez de la X Región– junto a su familia, entre ellos, Jorge, su sobrino y padre de la periodista Karin Ebensperger. 

El actual ejecutivo bancario creció en el campo, a 30 kilómetros de la civilización, rodeado de vacas, caballos y ovejas: su padre, Eduardo Ebensperger Aburto, jurista de profesión pero que se dedicó a la agricultura, se encargaba de la producción de remolacha, de la lechería y de la engorda del ganado, mientras su madre, Alicia Orrego, se desempeñaba como profesora normalista. 

Todas las mañanas viajaba junto a sus dos hermanas al Colegio N°6 de Niñas de Puerto Montt. Él era uno de los tres hombres que estudiaba en esa escuela. No había más opciones en los alrededores, pero a los pocos años se abrió un cupo en el Liceo de Hombres. Tenía claro que quería estudiar en Santiago, y postuló a tres carreras: Medicina en la Universidad Católica y a Ingeniería Civil y Comercial en la Chile. Optó, un poco por descarte, por esta última.

En 1983 se instaló en un una casa en Gerónimo de Alderete, Las Condes, con sus padres que se trasladaron a Santiago. Financió sus estudios con crédito fiscal y al principio, cuenta un cercano, “dio bote”. “La diferencia de la educación de provincia con la de Santiago era enorme. En la primera prueba se sacó un 5. Suena bien. Pero la medición era de 0 a 100 y el promedio del curso fue de 45”, relata la misma persona. A mediados del primer semestre, Ebensperger calculó que tenía todos los ramos reprobados. Para evitarlo, comenzó a estudiar en grupo, lo que le permitió conocer a su actual mujer, Bettina Chiffelle. Logró repuntar: no se echó ninguna asignatura. 

De ahí en adelante su desempeño fue en ascenso. Y al egresar, antes de titularse, postuló a una práctica en el Banco Edwards. Lo entrevistó la gerenta de riesgo, Ruby Rius. La entidad era pequeña y lo necesitaban de inmediato, con contrato y no como alumno. Entró a trabajar como analista de esa área a Huérfanos 740. A los dos años pasó a ser ejecutivo de cuentas de la sucursal en Vicuña Mackenna y a los 18 meses, se convirtió en el agente. “Eduardo nunca pensó en trabajar en bancos. Creía que ahí se trabajaba manejando billetes con las manos, siempre dentro de una caja”, indica un amigo. “Entró al Edwards por casualidad y se le fue abriendo el camino. Le gustó y se propuso alcanzar alguna jefatura”, dice otro, quien lo describe como un hombre hiperactivo y “con una legítima ambición de crecer”.

A los 28 le ofrecieron la gerencia de la sucursal de Iquique. Pero por la salud de su hijo mayor –hoy es padre de tres–, no pudo aceptar el traslado: el niño nació con onfalocele, enfermedad en que el estómago sale del abdomen al exterior. La recomendación médica era que por su tratamiento (hoy está en perfectas condiciones de salud), no debía alejarse más de dos horas de Santiago. Entonces lo trasladaron a Valparaíso, donde asumió la gerencia de esa tradicional sucursal. Ahí tuvo contacto con Jacob Ergas, uno de los dueños del banco, y Maurice Poisson Eastman, representante del otro controlador, Agustín Edwards. Al año y medio, ascendió a la gerencia regional. Ebensperger lograba su sueño.

El avión de Luksic y las fusiones

En 1997 volvió a Santiago como gerente de sucursal y al poco tiempo asumió la gerencia de sucursales regionales. En 1999, Andrónico Luksic comenzó el proceso de compra del Edwards y Ebensperger, quien estaba a cargo de los bancos regionales, viajó durante dos semanas completas junto al nuevo dueño por todo Chile. En el avión privado del empresario, el joven ejecutivo le traspasaba la información y así fueron desarrollando una relación cercana: partían a las 6 de la mañana y durante el día recorrían entre tres y cuatro ciudades.

En uno de esos vuelos, Ebensperger sintió que tenía que contarle a Luksic sus planes laborales: se iba a trabajar al Citibank. “No me dejes solo en este proceso”, le pidió el empresario.

La compra del Edwards avanzaba rápido. El controlador de Quiñenco trajo a su hombre de confianza, Pablo Granifo, quien venía trabajando con el grupo desde el Banco O’Higgins y luego del Santiago.

“Vas a traer a un gerente que no conozco y lo vas a poner arriba mío. Prefiero irme”, le confesó Ebensperger. El vicepresidente del Banco de Chile hizo de puente entre ambos ejecutivos. Granifo le ofreció ser gerente de la División Empresas y Ebensperger aceptó.

La apuesta de Luksic por aquella dupla funcionó: hasta el día de hoy trabajan juntos y juegan tenis todos los lunes en el estadio del banco. A Ebensperger lo describen como una persona espontánea, divertida, cero protocolar, que suele distender cualquier reunión con una broma; mientras que el estilo de Granifo es más formal. “Eso sí, tiene un humor muy particular”, ejemplifican. De este último dicen, además, que se destaca por su agudeza. 

“Pablo tiene una capacidad intelectual y analítica notable. Llega al fondo de las cosas en dos minutos, cuando uno se da siete vueltas en varias semanas. Eso le permite tomar decisiones con mucha rapidez y bien fundadas”, cuentan. Y agregan: “Por otro lado, está Eduardo, cuyo ángel logra comprometer a la gente. Tiene una energía y fuerza únicas. Hace que todos quieran apoyarlo y trabajar con él. Si les dice a los 14 mil empleados del banco, ‘métanse al mar con 15 grados bajo cero’, 13.990 nos metemos”. Dentro de su equipo de trabajo, sus más cercanos son Joaquín Contardo, cabeza de la banca comercial, y Luis Alberto Saleh, de Banchile. 

Al actual gerente general también le reconocen su gestión en la fusión entre el Citi y el Banco de Chile en 2008 –entonces el gerente general era Fernando Cañas y Granifo había pasado a la presidencia–, donde unió las filiales de factoring de ambas entidades.

Manejo en caso Caval

“En las crisis y en los viajes se conocen las personas”, suele repetir Ebensperger a sus trabajadores. En los 30 años que lleva trabajando en el Banco de Chile, ha enfrentado tres momentos de gran complejidad. El primero ocurrió en 2008, para la crisis de los salmones, época en que se desempeñaba como gerente de División Mayorista de Grandes Empresas. Fue él quien negoció la deuda con los actores de la industria. Con Víctor Hugo Puchi, de AquaChile, desarrolló un vínculo en ese momento.

La otra contingencia ocurrió en 2015. Ese verano, el actual gerente general de la firma de los Luksic reemplazaba al gerente general, Arturo Tagle, quien estaba de vacaciones. El 5 de febrero, revista Qué Pasa publicó un artículo donde daba a conocer un préstamo de 6.500 millones de pesos que le había otorgado la entidad bancaria a Caval, la empresa de la nuera de la presidenta Michelle Bachelet, Natalia Compagnon, para comprar tres terrenos en Machalí, que se valorizaron en 3.000 millones de pesos con el cambio del plan regulador que se discutía por esos días. Se supo que en el proceso, el mismo Luksic se había reunido (en diciembre de 2013) con Compagnon y Sebastián Dávalos, hijo de la presidenta. Ebensperger también había participado en ese encuentro.

Por su rol de gerente general subrogante fue él quien salió firmando la carta en que el banco reconocía el episodio. “Estaba el nombre de Eduardo de por medio, por lo que revisó cada palabra que ahí se redactó”, cuenta una persona que ayudó en la escritura del comunicado, proceso en el que participó también el actual gerente general, la gerente de Asuntos Corporativos de Quiñenco, Carolina García de la Huerta, y el fiscal del Banco de Chile, Nelson Rojas. Al mes y medio llegó Arturo Tagle, pero Ebensperger no dejó el timón de la contingencia: había sido él quien había asistido con Luksic a la cuestionada reunión.

Al año y medio del evento, Tagle dejó la gerencia general y en su reemplazo, Pablo Granifo sugirió al directorio que el sucesor debía ser Ebensperger. 

La tercera emergencia ocurrió el 24 de mayo.

¿Bien o mal?

En el banco dicen que Ebensperger ha hecho un mea culpa, al interior de algunos grupos, sobre el ciberataque. “No teníamos claro el tamaño del enemigo”, se le ha escuchado decir. En 2017 se invirtieron 16 millones de pesos para fortalecer esta área, pero no fue suficiente. Hoy, ha dicho, “es prioridad número uno”. De todas maneras, en la firma repiten que la percepción interna es que el ejecutivo logró manejar bien la crisis y que incluso, si sucediera de nuevo, repetiría cada uno de los pasos que se dieron. “Se revisaron las 400 sucursales y se limpió computador por computador, limpiando y poniendo antivirus nuevos”, aseguran.

La orden de Ebensperger el día del ataque fue: “se trabaja lo que se tenga que trabajar y si el banco tiene que perder algo, asumimos la pérdida”, todo con tal de no dañar a los clientes de la entidad. Cuenta un ejecutivo que para no interferir con los procesos de pagos, y a pesar de que no había sistema de revisión de cheques en línea, se dio el mandato de entregar la plata a quienes cobraran documentos ese día. Por ello, se perdieron cerca de dos millones de pesos, merma considerada insignificante dentro del Chile. “Lo importante era que el cliente no dejara de hacer nada”, aseguran. Porque, dicen en la compañía, la obsesión del ejecutivo desde que asumió es “que el banco sea mucho más querido”. 

Con todo, sabe que esta crisis tiene efectos: al mes siguiente, la aprobación de la entidad bajó de 78 a 74 en recomendación. Sin embargo, en julio volvió a repuntar. Pese a ello, en la industria hay ciertas críticas de la contingencia. Le achacan al banco haber expuesto a toda la industria a tener mayores regulaciones del fiscalizador. “Aseguran que los clientes no han sido tocados por el robo. Es cierto, pero han sufriudo inestabilidades”, explican de la competencia. Desde Hacienda, por su parte, añaden que están en permanente monitoreo con el Banco de Chile, para saber cómo se preparan a partir del ataque del “24”.

Eduardo Ebensperger logró conversar en persona con Andrónico Luksic recién un mes después del incidente. Se juntaron en Mallorca. El gerente general tenía programado un viaje a Madrid, y viajó un par de kilómetros para reunirse con su jefe. Aunque había monitoreado todo el proceso, el controlador de Quiñenco quería ponerse al día. Ahí, dicen, el vicepresidente del Banco de Chile le volvió a dar su apoyo.