Después de su incursión como inversionista en Teresa, de Tatiana Gaviola, y de Drama, de Matias Lira, el socio de Celfin, Jorge Errázuriz vuelve a la carga con Baby Shower, el debut cinematográfico de Pablo Illanes. Aunque no ha recuperado el capital invertido en cine, es un convencido de que si Chile se enfoca en hacer películas universales, que puedan salir del país, la industria podría convertirse en un atractivo foco de inversiones. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

  • 27 diciembre, 2010

 

Después de su incursión como inversionista en Teresa, de Tatiana Gaviola, y de Drama, de Matias Lira, el socio de Celfin, Jorge Errázuriz vuelve a la carga con Baby Shower, el debut cinematográfico de Pablo Illanes. Aunque no ha recuperado el capital invertido en cine, es un convencido de que si Chile se enfoca en hacer películas universales, que puedan salir del país, la industria podría convertirse en un atractivo foco de inversiones. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

 


Dijo que se iba a París, pero en verdad no ha parado más de diez días en la capital francesa. En este año sabático, Jorge Errázuriz ha viajado por tres países distintos todos los meses. Estuvo en Medio Oriente, Europa, Brasil, Perú, Colombia y Singapur, por nombrar sólo algunos de sus destinos. Por estos días, hizo una pausa en Chile y aprovechó para conversar con Capital sobre uno de los proyectos que lo tiene entusiasmado: Baby Shower, el debut cinematográfico de Pablo Illanes, del cual es productor.

Se ve relajado, sonriente, con algunos kilos menos y como siempre, impecablemente vestido. Pero, sus juicios sobre Chile y especialmente sobre la elite chilena siguen siendo punzantes.

Nos recibió en su departamento en Vespucio Norte, un moderno loft decorado en blanco y negro, junto a Pablo Illanes y Francisca Cummins, la productora ejecutiva de la película. Se nota que han hecho buenas migas. Se ríen con complicidad y teorizan sobre el contenido de Baby shower. Se trata de una película de terror protagonizada por mujeres que encarnan diferentes estereotipos. Es justamente eso lo que sedujo a Errázuriz para financiar el proyecto. “Encontré perfecto una película de terror basada en la relación entre mujeres. Si me hubieran dicho que era una película basada en amistades de hombres habría dicho que no. Porque los hombres no tenemos la complejidad de las relaciones entre mujeres. Cuando un hombre le dice algo a otro, es lo que te dijo, pero cuando una mujer le dice una cosa a otra mujer, inmediatamente empieza a elucubrar qué le quiso decir realmente”, dice Errázuriz entre risas.

-¿Vio Dónde está Elisa?

-No, no la vi, sólo algunos capítulos, pero sabía del impacto que había causado. Por eso me gustó que este proyecto fuera de Pablo, porque no cabe duda de que si había escrito un guión que tenía a todo el país desesperado era porque era bueno. Fue un acto de confianza.

-¿Y cuando leyó el guión de Baby shower le gustó inmediatamente?

-Las películas de terror nunca me han atraído, pero sé que hay un público que sigue este tipo de películas. Hay cierta gente que quiere ir al cine y después no poder dormir y aterrarse. Se salen de las preocupaciones del día a día si logran el mismo grado de estrés, pero gatillado por algo distinto.

-¿Qué expectativas tienen de la película?

“Vamos a medir el éxito con los gritos”, bromea Illanes. “Lo importante es que la gente vaya y le diga a los otros, es terrible, anda a verla”, agrega el socio de Celfin.

No al cine para Chile

-¿De dónde viene su interés por desarrollar el cine?

-La cultura hoy día es audiovisual, porque la gente lee muy poco. Tiene mucho más impacto quedarse viendo lo de los 33 por varias horas que leerse cualquier libro. Entonces, el cine es muy importante en la identidad de los chilenos. A Chile le falta identidad y la gente necesita sentirse parte de algo cuando ve una buena película. Aquí se hicieron muchas películas del golpe, pero de ahí no salíamos. Y Chile es mucho más que eso.

-¿Después de hacer Teresa dijo que era mucho más rentable hacer películas infantiles, pero Baby shower no es precisamente un cuento de niños…

-El tema de la rentabilidad en el cine chileno es un tema que hay que asumir. Espero que a esta película le vaya muy bien y que tenga proyección internacional. Porque no cabe duda de que el cine que estamos haciendo para un país de 16 millones de habitantesno puede ser rentable. Chile no es mucho más que una ciudad de China, es menos que São Paulo. Tenemos que asumirnos como una aldea y que la aldea tiene futuro en la medida que se conecta con el mundo. Si no se ve el cine chileno así, va a haber chispazos, pero no va a tener trascendencia, no va tener rentabilidad.

-¿Pero espera ganar plata con esta película?

-Creo que va a ser exitosa. Ahora, los que pusimos capital no esperamos hacer un gran negocio, porque no es un tema popular del tipo Sexo con Amor, que lo ven A,B, C y D. Por eso hay que hacer un esfuerzo con Baby shower de meterse en el circuito del cine del terror afuera. En otras palabras, yo no le tengo fe en el cine para Chile, desde el punto de vista de negocio. Y tengo mucha fe en que es importantísimo que se haga cine en Chile y que se lleve para afuera.

-¿Cómo se logra internacionalizar el cine chileno?

-Parte – responde Illanes– de los mismos realizadores, del interés por contar historias más universales. La idiosincrasia chilena se puede universalizar, pero también hay que hacer un esfuerzo para lograr esa tarea desde el guión y la producción, porque no es simple. Tiene que ver con el lenguaje, con la construcción de los personajes y las historias que se cuentan.

-¿Tienen pensado viajar juntos para dar a conocer la película afuera?

-Hay que ir a festivales, porque el cine chileno tiene que salir de Chile- advierte Errázuriz.

-¿Y cómo ha sido su experiencia con las otras películas que ha hecho?

-He recuperado parte, pero no he recuperado el capital. Creo que con esta película lo vamos a recuperar de todas maneras… para hacer otra película.

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Codicia en el cine

Baby shower implicó una inversión entre 500 y 700 millones de pesos, más o menos el promedio de lo que cuesta hacer una película en Chile. De ese monto, cerca del 30% fue financiado por Errázuriz y otros dos inversionistas.

-¿Se necesita una dosis de codicia para invertir en cine chileno?

-Se necesita una dosis de locura y siempre una dosis de codicia. Porque la codicia, si la transformamos en la ambición por ganar dinero, es lo que hace descartar ciertas ideas y apoyar otras. Entre dos directores y dos guiones vas a tratar de apoyar al que vaya a tener más éxito. Puedes equivocarte, por eso el grado de locura.

-¿Se necesita más gente que invierta en cultura?

-Se necesita mucha más gente que invierta en cultura. Creo que no se le da la importancia. Hay mucha gente que encuentra que lo que está bien es darle dinero a los pobres. Y que todo lo que se pueda dar en cultura mejor se pueda dar a los pobres. Pero no se dan cuenta de que la sociedad se empobrece mucho más de esa manera que la sociedad rica que tiene cultura fuerte, que tiene buen teatro, cine bueno, música. Entonces todos estos mecanismos de Ley Valdés creo que son muy buenos.

-¿Se les ha pegado el Espíritu Santo a sus amigos empresarios para también financiar cine?

-Sí, pero uno chiquitito.

-¿Cómo se podría logar convencer a más empresarios para que financien películas?

-Con Juan Claro tuvimos la idea de hacer un fondo cuando estaba en la Sofofa. Y debería hacerse como se hizo en Colombia, con Dynamo, donde invierten incluso las AFP. Ellos tienen clara la importancia de abarcar mercados más grandes y que para que una película tenga éxito tiene que ser universal. Y por eso los cineastas chilenos tienen que desarrollar esa relación. Tienen que darse cuenta de que el cine chileno no va a florecer en Chile.

-¿En qué se parece invertir en cine a invertir en la bolsa?

-No es tan distinto. Cuando uno se la juega por una película, el riesgo es mayor, es como apostar a una acción en vez de a un fondo mutuo. Ese es mi desafío, crear un fondo que tenga un portafolio de películas para diversificar el riesgo.

A la sombra del sector privado

-¿Qué le parecen los mecanismos que tiene el gobierno para financiar cine?

-Ha habido un esfuerzo. Pero yo lo encuentro muy dividido. Corfo hace una cosa, BancoEstado hace otra y está el Fondart. Unos fondos son para guiones y otro para otras cosas. No hay una institucionalidad del cine. Lo he conversado con el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, que tiene la intención de modernizar todo eso. Al final se transforma en un expertise de cómo manejarse en la burocracia y no es la manera. La modernización del Estado tiene que pasar porque se transforme en un ayudador. Esto tiene que ver con un tema clave en el gobierno de Piñera, que es el fomento del emprendimiento. No se fomenta el emprendimiento en cine poniendo cortapisas.

-¿Lo ha conversado con el presidente?

-Sí. Creo que las fórmulas que le pueden gustar más a Piñera, que es muy racional y que se va a preocupar de que no se malgaste ningún peso, es que la decisión de hacer una película debiera estar en manos privadas. Y que si una película obtiene un porcentaje de financiamiento privado, el financiamiento estatal sea automático. No entreguemos a los burócratas que no tienen idea del negocio, plata que no es de ellos, que la dan casi como un favor. Apoyemos a los que ponen capital de riesgo, haciendo que se multiplique su capital. Aquí la decisión de que se haga una película es del Estado. Y es una cosa ridícula. No puede ser así, no tienen capacidad y los que están tomando la decisión jamás han hecho una película.

-¿Le ha pedido ayuda el presidente en estos temas?

-Pero han sido todas ayudas virtuales.

-¿Cuándo fue la última vez que hablaron de esto?

-Yo prefiero no decir nada. Es muy peligroso. Después se le ocurre llamarme y decirme, “mira por qué no te haces cargo de…”

-¿Y no trabajaría para el gobierno?

-Hay que estar siempre dispuesto a ayudar. Y hay tanta gente que lo único que quiere es trabajar en el gobierno y muchas veces son más jóvenes que uno y más preparados. Entonces, prefiero guardarme en la sombra del sector privado. Pero metido dentro de estos temas y muy dispuesto a colaborar.

Fin a la homogeneidad
-¿Le ha servido mirar Chile desde afuera en este año sabático?

-Mucho. Y no sólo mirar Chile, porque he viajado mucho. Y te das cuenta que el mundo de hoy es un pañuelo, es muy chico. Las juventudes de estos países son iguales, oyen la misma música, se comunican igual. Y esto está ocurriendo muy rápido. Entonces toda la división mental que tenemos nosotros queda un poco obsoleta. En Chile, con 16 millones de habitantes, tenemos que darnos cuenta de que somos chicos y no podemos no estar en la carrera del progreso que está teniendo el mundo hoy día. Por lo tanto no podemos tener divisiones internas. Que no haya acuerdo en seguridad, en educación, es una locura, es un lujo.

-Pero, ¿cómo se puede cambiar eso?

-Es importante que la juventud viaje, ojalá por dos o tres años. Que haya una política agresiva de becas universitarias, especialmente para países como Perú, Bolivia y Argentina, con los que tenemos más conflictos. Que vengan argentinos. Ellos después son los principales propagandistas de Chile. Soy partidario de traer capital humano: inmigración de gente preparada. Traigamos ingenieros españoles, que están fregados. Como política de Estado traigamos gente preparada universitaria de Silicon Valley.

-¿Por qué traer gente de afuera? ¿No son suficientes los profesionales que ya tiene el país?

-Hay gente muy importante que dice que traer gente de afuera es muy peligroso porque hay que guardar la homogeneidad de los chilenos. En Chile se premia la homogeneidad: que hablemos todos igual, que seamos todos iguales, que hagamos todo igual. No puede haber innovación así, no puede haber conexión con el mundo. La idea es que vengan coreanos a hacer negocios, rusos… eso es lo que está pasando en todo el mundo. Todas las grandes fortunas chilenas son extranjeras. Entonces, de qué estamos hablando. Lo que pasa es que no queremos que se vengan a meter acá porque la torta es nuestra. Es un proteccionismo cultural. Yo no le tengo ningún susto a que abramos las puertas y las ventanas para que entre aire fresco y llegue gente de otros países.