Por Joel Poblete Retrato: Cristián Domínguez No se conocían en persona, y por sus apretadas agendas de ensayos era casi imposible juntarlos para una entrevista en conjunto, pero hace algunas semanas, aprovechando que ambos estaban en Santiago, logramos reunirlos para presentarlos y que pudieran posar juntos para una foto. En una particular coincidencia, los directores […]

  • 2 mayo, 2014

Por Joel Poblete
Retrato: Cristián Domínguez

maestros-rusos

No se conocían en persona, y por sus apretadas agendas de ensayos era casi imposible juntarlos para una entrevista en conjunto, pero hace algunas semanas, aprovechando que ambos estaban en Santiago, logramos reunirlos para presentarlos y que pudieran posar juntos para una foto. En una particular coincidencia, los directores titulares de las dos principales orquestas del país son rusos y ambos tendrán grandes desafíos por estos días: Konstantin Chudovsky en el Teatro Municipal, al frente de la Filarmónica de Santiago, y Leonid Grin dirigiendo a la Sinfónica de Chile en el Teatro Escuela de Carabineros y el Teatro Universidad de Chile.

Además de sus orígenes geográficos, que los conectan con la legendaria tradición de directores rusos, comparten conocidos en común: algunos de los profesores de Chudovsky en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú son amigos y colegas de Grin, quien a su vez fue docente en esa prestigiosa institución hasta cuando abandonó la ex Unión Soviética en 1981. Por lo mismo no fue de extrañar que a los pocos minutos de haber sido presentados, empezaron a hablar animadamente en ruso como si se conocieran de toda la vida, e incluso intercambiaron teléfonos y quedaron en juntarse cuando coincidieran de nuevo en la capital.

chudovsky
CHUDOVSKY: PASIÓN E INTENSIDAD
Desde que debutó en Chile dirigiendo una extraordinaria versión de la ópera Boris Godunov de Mussorgsky, hace tres años en el Teatro Municipal, el maestro Chudovsky deslumbró al público y la crítica. Su expresividad al dirigir de memoria y sin partitura, sin batuta y sin podio, ha sido muy comentada. El año pasado confirmó la buena impresión al asumir como el nuevo titular de la Filarmónica, luciéndose en obras y estilos tan distintos como la apasionada partitura de Tchaikovsky para el ballet El lago de los cisnes, así como las óperas El barbero de Sevilla, de Rossini y El trovador, de Verdi.

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De apariencia juvenil a sus 31 años, Chudovsky habla muy rápido alternando el inglés y el español, que practica siempre que puede para perfeccionarlo, y hasta pide disculpas por la velocidad con que se expresa. Recuerda la emoción de ese debut en 2011: “Tengo que reconocer que no sabía nada sobre Chile, apenas sólo una o dos semanas antes supe que tendría que dirigirla en reemplazo de otro colega. Lo que más me impresionó fue la actitud del público, las funciones estaban llenas, algo que uno puede imaginar con Verdi, Mozart o Tchaikovsky, pero en Mussorgsky es distinto, y sin embargo el público tuvo una actitud tan respetuosa como en Rusia. Santiago es una ciudad con mucha cultura: teatro, cine, conciertos, y que a pesar de tanta oferta la gente venga y llene el teatro para las óperas, ballets o conciertos, es notable”.

-Usted es un director con importantes compromisos internacionales, debe haber tenido distintas propuestas para ser titular en otras orquestas en Europa, ¿por qué decidió aceptar este cargo en Chile?
-Efectivamente tenía otras ofertas pero decidí rechazarlas, principalmente por la atmósfera del teatro, y también por su director Andrés Rodríguez. También la actitud de la orquesta: me encanta que los músicos realmente quieren ser parte de esto, no lo hacen sólo por el dinero. Y el coro es magnífico, cuando hemos cantado estas obras en ruso, que exigen un trabajo muy especial del lenguaje, lo han hecho increíble. Con todo esto, no me demoré mucho en pensar y aceptar con mucho placer.

-¿Qué cualidades destaca de la Filarmónica?
-He trabajado con distintas orquestas, y siempre estoy estudiando, no sólo la partitura, también cómo dirigir, cómo comunicar la música al público. No me gusta cuando los músicos piensan que por su experiencia ya saben a la perfección cómo tocar Bach o Beethoven. Cuando uno conduce en Europa, el público a menudo parece tener una actitud como diciendo “OK, muéstranos qué tienes que decirnos de la partitura” o “ah, no, no es el estilo”, cosas así. Acá, en cambio, el público es distinto, la música debe ser muy honesta, debe ser abierta y llegar directo al corazón de quien la escucha. Por eso me gusta esta orquesta, ellos de verdad tratan de hacerlo; no es como cuando uno en Europa encuentra un músico de 80 años que tocó muchas veces dirigido por Karajan y no admite nuevas miradas; yo prefiero a estos músicos que siempre están tratando de mejorar y hacerlo honestamente.

-¿Por qué dirige sin batuta?
-Siempre lo he hecho. Soy alto y tengo los brazos largos y las manos grandes, puede ser muy peligroso para los músicos si llego a lastimarlos con la batuta. Con mi mano regulo mejor las intensidades. Es como si quisiera abrazar a una chica. Directores a los que he admirado, como Carlos Kleiber o mi maestro Gennady Rozhdestvensky, con sólo un pequeño gesto obtenían un sonido increíble. No es un problema de técnica o movimiento. Tienes que hacer que la orquesta desee tocar como tú quieres que toquen.

-¿Y qué opina del público local? Todavía hay gente que no apaga sus teléfonos…
-No es agradable que suenen en medio del concierto, pero no puedo parar la orquesta o algo así, hay que continuar. Lo más importante es que la gente esté despierta y atenta, no durmiendo en el concierto; recuerdo en un viaje a China, no sólo no apagaron sus teléfonos, sino además estaban llamando a sus amigos o familiares durante la ópera, para que oyeran lo que estaban escuchando. Incluso prefiero eso en vez de esa gente que dice “vamos a escuchar a la orquesta porque somos cultos y apreciamos el arte”, y de todos modos se quedan dormidos durante la función. Y si aplauden durante una sinfonía entre los movimientos… si lo hacen porque realmente les gustó, no me molesta.

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A partir del 2 de mayo, asumirá el desafío que considera su principal hito para 2014: el estreno en nuestro país de Katia Kabanova, de Leoš Janáček, que además marcará el debut como director teatral en una ópera, del cineasta Pablo Larraín. Éste es el segundo título operístico de Janáček que se presenta en Chile –tras una memorable Jenufa en 1998–, una historia de adulterio y represión estrenada en 1921, que apasiona a Chudovsky: “Janáček es increíble. No conozco otro compositor con quien pueda compararse, su lenguaje musical es único. Katia Kabanova es una típica historia rusa, algo que tiene que ver con mi corazón “.

Es inevitable preguntarle su opinión sobre Rusia y el conflicto con Ucrania, a lo que responde con cautela: “Uno lee en internet tantas versiones opuestas entre sí… nadie realmente sabe la verdad. No quiero juzgar hasta que conozca toda la situación. Conozco gente que apoya a Putin y otra que está en contra… Tengo mucha gente conocida en Ucrania, y para mí lo más importante es que estén seguros”.

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GRIN: RIGOR Y SENSIBILIDAD
La trayectoria del maestro Grin va desde su primer recital de piano a los 7 años, su triunfo en el Concurso de Compositores Jóvenes a los 11 y luego de graduarse con honores en el Conservatorio Tchaikovsky, ser elegido director asociado de la Filarmónica de Moscú, hasta que hace más de tres décadas decidió radicarse en Estados Unidos. Así logró internacionalizar su carrera, incluyendo hitos como ser director asistente de Leonard Bernstein y numerosas actuaciones en escenarios de 33 países. Entre ellos Chile, donde en 1992 debutó dirigiendo a la Orquesta Sinfónica.

Tras una larga ausencia, el año pasado regresó a dirigir a la agrupación chilena, y los buenos resultados terminaron por convencer a las autoridades del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (Ceac) de contratarlo como nuevo titular de la orquesta hasta 2016.

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Este mes regresará al Teatro Universidad de Chile para un concierto dedicado a Beethoven (la obertura Egmont, el Concierto para violín y la Tercera Sinfonía, Heroica) con funciones el viernes 23 y sábado 24, pero días antes, en el Teatro Escuela de Carabineros, también abordará al compositor germano, dirigiendo a la Sinfónica, el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile y un selecto cuarteto de solistas nacionales en la Novena Sinfonía, Coral. Posteriormente regresará para actuar en el pronto a inaugurarse Teatro de la Fundación CorpArtes, en otros cuatro conciertos entre septiembre y diciembre, con obras de autores como Mozart, Mahler, Shostakovich y Tchaikovsky, además de una pieza de Alfred Schnittke, Moz-Art à la Haydn.
A sus 66 años la apariencia severa del maestro Grin inspira inmediato respeto, pero cuando se conversa con él, una enorme calidez y sensibilidad. Y de partida, deja en claro que está muy contento con su trabajo en Chile: “Ha sido muy exitoso, la sala ha estado llena y con un público muy entusiasta; la orquesta tiene un nivel muy alto”.

-Ha presentado autores poco conocidos en Chile, como Schnittke.
-Para mí es muy importante tener en cuenta al público, equilibrar entre lo muy conocido y lo nuevo o que no se ha abordado antes. Los programas que hemos estado presentando son muy diferentes, con distintos estilos, como elemento en común ha estado la presencia de la música rusa: Tchaikovsky, Glazunov, Schnittke; los tres representan a diferentes generaciones de ese país, diferentes filosofías y culturas, y es muy interesante esa progresión musical. Para mí en particular es muy importante presentar música de Alfred Schnittke, quien fue un amigo personal, al mismo tiempo que Gennady Rozhdestvensky, pionero en la música de Schnittke en la Unión Soviética. Conocí a Schnittke y empecé a dirigir sus obras a fines de los años 60, cuando su música comenzó a ser prohibida; fue una voz muy significativa de la generación más joven de compositores soviéticos, habiendo sido estudiante de Shostakovich. Era un hombre de tremendo conocimiento, muy delicado y gentil, tímido y modesto. Al igual que Shostakovich, nunca hizo declaraciones públicas en contra del régimen. Ambos se expresaron muy fuertemente con su música.

-En su caso, cuando vivía en la URSS, debe haber pasado algo parecido.
-En esa época yo estaba creciendo y formándome como artista. Tuve el privilegio de estudiar en el Conservatorio de Moscú, que era un lugar soñado para todo músico, teniendo alrededor a artistas tan fenomenales como los directores Rozhdestvensky y Kyril Kondrashin, solistas como David Oistrakh, Mstislav Rostropovich, Leonid Kogan, Sviatoslav Richter y Emil Gilels. Toda esta gente eran tus profesores, tus mentores, y te los encontrabas en los pasillos, en la cafetería. Era un lujo absoluto crecer en ese ambiente. Pero cuando uno salía fuera de los muros del Conservatorio, se veía la vida real, en esa época con mucha hipocresía. Después de mi doctorado en el Conservatorio de Moscú, me convertí en director de la Filarmónica de Moscú, lo que me permitió realizar distintos tours fuera de las fronteras soviéticas; mientras más alto iba ascendiendo en mi carrera, había que enfrentar más hipocresía… y entonces me di cuenta de que había que dejar el país, empezar una nueva vida.

-Usted nació en la actual Ucrania, ¿cómo ve la situación en esa nación?      
-Me siento muy triste. Nací en Dnipropetrovsk (una de las principales ciudades ucranianas), y entiendo que históricamente Crimea solía ser rusa, pero mire, la realidad es muy diferente desde hace 50 o 60 años, porque era terreno ucraniano, y sé por mis familiares que viven aún en Ucrania que es una mezcla entre ucranianos, rusos, judíos, tártaros… ¡tantas diferentes nacionalidades viviendo en el mismo lugar! Todos vivían muy bien, hablaban ruso y ucraniano en cada familia y en las escuelas, no había mayores diferencias… No hay persecución para la gente rusa o la lengua rusa; toda esta situación ha sido fabricada políticamente, la gente no tiene nada en contra de los otros, no veo la razón por la cual Putin y su Gobierno encuentran la forma de romper la amistad histórica entre rusos y ucranianos. Es ridículo, puedo decir que en las familias ucranianas viviendo en ese territorio probablemente el 60 o 70% corresponde a matrimonios mixtos entre rusos y ucranianos, es muy difícil separar a las generaciones, hay sangre ucraniana y sangre rusa, esto creará conflictos en las familias, en los matrimonios y sus hijos, será una confusión para la próxima generación, ¿cuál es el punto acá? Un juego político, donde no hay ganadores.

Grin vive en Filadelfia, tiene dos hijos y tres nietos y desde que abandonara la ex Unión Soviética hace 33 años sólo ha regresado una vez a Ucrania, para visitar a sus familiares. Nunca ha vuelto a Moscú, y reconoce que “es una situación especial”: “Cuando me fui no tenía ningún deseo de regresar, mi emigración fue muy difícil, yo era el director de la Filarmónica de Moscú y profesor en el Conservatorio, donde también trabajaba mi esposa, quien era concertista en piano. Lamentablemente la perdí por culpa del cáncer, hace ya 16 años… pero la música y mis hijos me salvaron. Vivo mi vida con música y para la música, no puedo encontrar otro propósito”.

-¿Y qué opina del comportamiento del público, por ejemplo con el uso de teléfonos?
-Ése es un drama en toda sala de conciertos. La tecnología es fantástica para la difusión del conocimiento y la cultura; pero a la vez la gente no sabe cómo usar su libertad, juegan más juegos en computadores, leen menos libros, no van tanto a los conciertos… hoy se pueden ver en videos por internet, pero son experiencias muy distintas, no es lo mismo que ser parte del público en una sala, siendo parte del proceso creativo. Yo estoy en el escenario con la orquesta, y el público es parte de mi creatividad, y vengo a la sala de conciertos que está llena de gente, lo que le da cierta adrenalina… pero si vas a una sala a dirigir y está vacía o hay poco público, uno dice he pasado toda mi vida y me he preparado durante horas para esta actuación, ¿y para quién voy a tocar? Claro que igual se puede tocar, pero no es lo mismo.

-Usted vino a dirigir por primera vez a principios de los 90 y desde el año pasado está regresando como titular. ¿Ha cambiado la audiencia?
-Creo que están muy bien preparados para ir ampliando el repertorio. Por ejemplo, en el segundo concierto que dimos este año, ninguna de las obras había sido interpretada en Chile, yo tenía la curiosidad de qué le parecería esta música al público, y reaccionaron con mucho entusiasmo, les encantó, y la sala estaba completamente llena en la primera función. Lo que más me importa en la programación es la variedad, y creo que el público lo aprecia, me recuerda mucho al público de mi Rusia natal, que también es muy entusiasta.

El maestro Grin lamenta que una orquesta del nivel de la Sinfónica no cuente con un teatro digno de su categoría, una situación que al parecer al fin se solucionará con un proyecto que recientemente confirmó el Ceac y que habilitará en avenida Vicuña Mackenna. Esto es “muy importante, lo número uno”, dice en español. “Es imperativo. La orquesta está desarrollándose muy rápido, si la movemos a un lugar profesional será aún mejor”, concluye. •••