Luego de que hoy El Mercurio publicara una carta de Cecilia Piñera sumándose al debate por cifras de VIH, quisimos revivir esta entrevista hecha a la hija del presidente el 9 de noviembre de 2017.

  • 9 noviembre, 2017

Por: María José López
Fotos: Verónica Ortíz

Eran las 12:51 de la tarde del 26 de octubre cuando Sebastián Piñera tuiteó. “Felicitaciones trabajadores Hosp Exequiel González Cortés y a Dra Cecilia Piñera x exitoso traslado nuevo Hosp. Gran día para nuestros niños”, decía su mensaje.

Ese jueves, el conocido establecimiento de salud pública infantil de la comuna de San Miguel comenzó la mudanza del edificio que data de 1952 a un nuevo recinto, emplazado en Gran Avenida, y que es tres veces más grande que su antecesor: tiene más de 52 mil metros cuadrados, seis pabellones, 168 camas y nuevas tecnologías. Se espera que ahí se atiendan alrededor de 356 mil niños al año.

Pocos saben que detrás de este cambio, la pediatra Cecilia Piñera Morel (39), la segunda de los cuatro hijos del ex mandatario –y quien entró ahí el 2005–, jugó un importante rol. “Fui catete, nada más que eso”, aclara.

La infectóloga lo explica: “Conozco los hospitales públicos, y de infraestructura este era muy indigno. De repente estaba atendiendo a un niño y veía una araña caminando. Desde el gobierno del presidente Aylwin estaba la demanda histórica de mejorar la instalación”. Pese a su esfuerzo por mantener un segundo plano, confiesa que en la campaña anterior de su padre, en 2009, “hice el nexo”. “Los médicos lo invitaron a hablar de salud pública y lo llevé a recorrer el hospital. Yo había sido muy bajo perfil y cuando lo invité fue como ‘bueno ya’, y me expuse abiertamente como su hija. Le mostré la realidad y él quedó sorprendido. Ayudé a visibilizar esta necesidad, pero muchos médicos venían dando esta lucha”, señala.

El 22 de marzo del 2013, el entonces presidente Sebastián Piñera puso la primera piedra.

La niña científica

Este año se convirtió en la jefa de la Unidad de Infectología y desde 2015 es la encargada del Programa de VIH Pediátrico del “Exequiel”, donde también imparte clases prácticas a los internos de la Universidad de Chile. Es miembro del Comité de Sida Pediátrico Nacional, de la Sociedad Chilena de Infectología y de la Revista Chilena de Infectología.

Quienes conocen a Cecilia Piñera cuentan que su inclinación por la ciencia viene de la infancia. Que mientras su hermana mayor, Magdalena, jugaba a las muñecas, ella trepaba árboles, analizaba los peces que nadaban en su acuario, recolectaba insectos y los investigaba con el microscopio que le regalaron sus padres, Sebastián Piñera y Cecilia Morel, al cumplir ocho años.

Fanática de los paseos al cerro, se destacó por ser jefa de scout de su colegio, el Saint George’s College, donde su liderazgo no pasó desapercibido: en 1995, cuando estaba en tercero medio, postuló a la presidencia del centro de alumnos. No ganó las elecciones, sin embargo, la nombraron coordinadora general, un cargo inventado en ese momento para mantenerla dentro del grupo. “Mis ‘rivales’ no me excluyeron. Se dieron cuenta de que yo también podía aportar con algo. Eso se echa de menos en la política”, comenta Cecilia Piñera.

Era conocida también por sus buenas notas. Al egresar postuló a Medicina en la Universidad Católica y en la Chile, pero los 740 puntos que ponderó en la PAA no le alcanzaron. “Una amiga me dijo, ‘vamos a averiguar a la Universidad de los Andes’. Fui a la entrevista en una onda rebelde (se ríe). Me preguntaron a quién admiraba y dije a Simone de Beauvoir (escritora francesa feminista). Finalmente me quedé y me gustó la formación, sin ser yo del Opus Dei”, reconoce.

Completó el internado en el Hospital de San Bernardo y cuando egresó, a los 22 años, su tío abuelo, el obispo Bernardino Piñera –el único otro médico de la familia– le regaló un “Cecil”, el famoso libro de medicina interna. “Un Cecil para Cecilia”, le escribió en la primera página. En 2004 entró al Programa Infantil del Consultorio de Lo Barnechea. Ahí decidió que quería ser pediatra. Y en 2005 comenzó a hacer la beca de esa especialidad en el Hospital Exequiel González Cortés. Fue ahí, cuenta ella, donde se formó.

Al principio, no todo fue fácil. “Los hospitales son medio de izquierda. Y cuando llegué había prejuicio. Se rumoreaba en los pasillos. Una auxiliar me dijo, ‘¿y usted va a hacer turno?”. Cecilia Piñera trabajaba en la Unidad de Lactantes (del 2008 al 2010) y en las noches dormía en la residencia médica, espacio que comparten hombres y mujeres. “‘Por supuesto, es parte de’, le respondí. ‘Ah, yo pensé que usted no’, me insistió ella. Tuve un par de eventos de ese tipo. Cuando alguien es desproporcionadamente simpático o pesado conmigo, yo digo ‘esto es efecto Piñera’. Pero llevo muchos años, estoy súper involucrada, además soy bien bajo perfil, no ando alardeando de nada, me siento súper querida y respetada en el hospital”, indica.

Cuenta que actualmente tiene buena relación con la directora María Begoña Yarza, y la subdirectora Inés Araneda, que le tocó trabajar con Patricio Romero y Guido Girardi padre. “Es encantador y buen clínico. Lo conocí cuando pasé por broncopulmonar”, explica.

El 22 de julio de 2010, pocos meses después de que Piñera llegara a La Moneda, se fue de Chile por dos años: con su marido Ricardo Levy (hijo del ex presidente de Azul Azul, Hernán Levy) y su hija Antonia, viajaron a San Francisco, California. Él cursó un MBA en Stanford y ella una pasantía en el Lucile Packard Children’s Hospital. Regresó en 2012 y, entre 2013 y 2014, realizó su formación en infectología, en la Universidad de Chile, dentro del Hospital Calvo Mackenna. “Después volví como infectóloga al Exequiel. Y aquí me quedé”, cuenta.

La doctora

Mientras se toma la foto en el jardín de su casa en Vitacura, Cecilia Piñera cuenta que llega a las 8 de la mañana al hospital y que se queda hasta las 2 pm. Ahí atiende a 14 niños infectados con VIH por transmisión vertical, es decir, contagiados por sus madres. También tiene una consulta privada en Kennedy, donde recibe a 10 pacientes los martes y los jueves en la tarde. “No trabajo en centros médicos ni clínicas”, aclara.

-¿Por qué?

-Cuando te recibes como subespecialista, en general te llaman harto. He tenido varias ofertas de las mejores clínicas de Santiago, pero me encanta lo que hago, somos cuatro infectólogos, todos más o menos jóvenes y muy comprometidos. Y si entro a una clínica, no me interesa atender a pacientes y chao. Me involucraría en el equipo, en hacer investigaciones. Conversamos con mi marido, porque estoy renunciando a un ingreso mucho mejor. Él me apoya, porque en el hospital el volumen de pacientes no lo tiene ninguna clínica, lo que uno aprende es insuperable. Y no lo hago por un tema altruista de ayudar a los que más lo necesitan, sino que es porque de verdad me motiva mi trabajo, más allá de querer ayudar, para mí no es un sacrificio, es un gusto.

“¿Qué pasa, Pochita?”, dice Cecilia al ver que su hija Antonia, de siete años, se asoma a la terraza. “Te llamaron varias personas”, le cuenta la niña a su madre. “Perdona, tengo que hacer un llamado a la UCI”, se excusa Cecilia Piñera.

“Kathy, soy la Ceci”, dice mientras escucha lo que le dicen por el teléfono. “¿Esta es la guagüita del shock que parece estafilocócico? ¿No será una piel cristal o Steven Johnson? Hagámosle un examen de inmunoglobulina y mandas la muestra al Lucio Córdova. Yo les voy a decir que reciban la orden”, indica la hija del candidato antes de cortar.

-¿Cuán distinto es el sueldo?

-Ahí está el sacrificio. Han mejorado, pero hasta 2015, por una jornada de 22 horas, ganaba un poco más que el sueldo mínimo. ¡Con 13 años de estudios universitarios! Además, estoy en una etapa más demandante de la vida, con dos hijos chicos, la Antonia tiene prueba mañana, Tomás (5 años) tiene investigación de…“¡De tiburón!”, interrumpe el niño.

“Mamá, vamos a llegar tarde a las clases de gimnasia. Son las 4:50”, exclama Antonia Levy.

“¿Me acompañas?”, pregunta Cecilia mientras prende las velas de una torta de cumpleaños. Le cantan a Alicia, su nana, abre la puerta de su Hyundai Santa Fe blanco y empieza a manejar.

Las vacunas y el efecto Piñera

-¿Los pacientes saben quién eres?

-Me ven el nombre en el delantal y me preguntan “¿es algo del presidente Piñera?”. Cuando les digo que soy la hija, no lo pueden creer. Me mandan recados, currículo, o me piden fotos autografiadas. Lo que más repiten es que le pida un trato digno en la salud.

Mientras sus dos hijos entrenan en un club de Vitacura, ella se saca su chaleco y retoma la conversación. Cuenta que hace tres meses integra el chat “Programa de Salud 2018”, donde pimponea ideas con el equipo que asesora al candidato, liderado por los doctores Emilio Santelices y Enrique Paris.

-¿Le propones ideas para implementar en su programa?

-Él me había pedido que participara en el grupo que ve los temas de salud. Yo le había dicho no, y ahora le dije que sí me gustaría. Le empecé a hacer preguntas: “¿Papá, han pensado si van a incorporar la vacuna de la varicela?”, por ejemplo. Ese es un tema que a mí me encanta, las vacunas. Y ahí le dije, “por qué no me metes al chat”. Tengo inquietudes que veo en el hospital, y como soy la hija del candidato, hay muchos expertos que me preguntan cosas súper concretas.

-¿Qué consejos has aportado?

-Mi papá escucha mucho más de lo que uno cree. Por ejemplo, la vacuna de la varicela o peste cristal no está en el plan nacional de inmunizaciones. Se las ponen los que la pueden pagar… eso genera una desigualdad. Y logré que evaluaran su incorporación al plan de gobierno.

-¿Qué responde él a tus consejos?

-Me dice “lo voy a estudiar”. Le hago una minuta, no se va a leer una cosa eterna. Me pregunta cuánto cuesta el examen.

-En entrevista a Capital, tu madre dijo que lo habías asesorado en el tema de inmigración. ¿Estás en contra?

-Es que eso me ha tocado mucho. No estoy en contra, pero creo que no se está considerando el impacto que va a tener en salud. En mi hospital, el año pasado vimos a 21 madres VIH positivas: 18 eran chilenas, y el resto no. Este año llevamos 18, y son 15 extranjeras: 12 haitianas, una boliviana y una dominicana. Es un cambio epidemiológico drástico, se invirtieron los números. Estamos viendo más tuberculosis que antes. Me llegó un hijo de una mamá con malaria en el embarazo, me tuve que poner a estudiar.

-¿Qué propones?

-Que si vamos a ser un país abierto, que se exijan vacunas. En muchos países es requisito que lleves tu carnet y certificado de vacuna. Yo no creo que se pueda discriminar por salud. Si alguien es VIH positivo y viene a Chile, lo tenemos que atender. Pero se pueden exigir ciertas cosas mínimas, porque qué pasa hoy, llega un haitiano de un año y medio y tengo que empezar a ponerle todas las vacunas. Los costos en salud van a aumentar muchísimo. A España le pasó. Tenía un sistema de salud público muy bueno y la gente de África del Norte se trasladó allá. Y por ejemplo con la ley Ricarte Soto, que financia enfermedades que tienen tratamientos muy caros, toda la gente que vive en Bolivia, Argentina, va a cruzar la frontera. Hubo un niño que le dio hepatitis fulminante en Bolivia, su madre consultó en el hospital de Arica, y pasó a ser prioridad 1 de trasplante hepático.

-Si tu papá gana las elecciones, ¿te interesaría participar más activamente?

-No me interesa, estudié 13 años y creo que si estoy tan preparada para un tema que es la infectología pediátrica, por qué me voy a ir a una cosa de gestión que no es mi expertise. Es un desperdicio. Pero feliz le opino de mi trinchera.

-Dicen que de los Piñera Morel eres la menos política.

-Igual yo sí soy política, en el sentido de que me gusta el liderazgo. Trabajo en mi hospital y no soy solo una doctora. Estoy en este minuto liderando equipos, participando en la sociedad chilena de infectología, soy súper involucrada. Ahora que estoy de jefa, me dicen “ah, vas a terminar siendo directora del hospital”.

-¿Cómo evalúas este gobierno?

-El postnatal de seis meses, las que más lo visualizamos somos las pediatras y mujeres, y la presidenta Bachelet no hizo nada en su anterior gobierno. Se lo está atribuyendo patudamente la candidata Goic, como que la idea fue de ella. Yo no he visto un sello de que la presidenta actual sea pediatra, para nada.

-¿Y a la ministra?

-Valoro lo del Exequiel. Las grandes obras, como la construcción de hospitales, cruzan más de un gobierno, y gracias a que aquí no hubo retroexcavadora, hoy, niños de la zona sur de Santiago tienen salud más digna. Pero hay cosas que son vergonzosas, como la compra de leche que se venció, no somos un país rico para gastar miles de tarros de leche y que se venzan en una bodega. Me parece inmoral. Tampoco veo que hayan potenciado la atención primaria. Y veo un desorden en la implementación de las vacunas. A mí me llegan directo los memos del ministerio, y han improvisado mucho.

¿Adopción homoparental? “Me van a retar…”

-En época de campaña se habla de temas de aborto, marihuana y adopción homoparental. Como doctora, es interesante conocer tu postura.

-El aborto me genera conflicto. Cuando la mujer está en riesgo, hay que protegerla, eso siempre ha sido así en todos lados. Pero en la causal de violación, no tengo una posición tan clara, es más difícil de juzgarlo. Y sobre la inviabilidad fetal, la medicina no es una ciencia exacta. Existen infinitos casos de diagnósticos presuntivos prenatales que finalmente no son.

-Qué te parece el término “derecha cavernaria”, acuñado por Vargas Llosa para referirse a la derecha chilena que se opone al aborto, grupo que integra tu papá.

-Si es “no” al aborto por no al aborto, me parece una tontera. La entrevista que leí en el Sábado a la señora de (José Antonio) Kast, eso sí que me parece cavernario. O sea, desde cómo descubrió que los métodos anticonceptivos existían… me sentí leyendo una entrevista de alguien de la década de los 60.

-¿Y la adopción homoparental?

-Yo ahí tengo otra postura. Me van a retar con esto… pero soy de otra generación (se pone el chaleco). Pienso que hay que centrarla en lo que es lo mejor para un niño, y eso pueden ser distintos tipos de familia, no solo parejas heterosexuales. Pero un amigo gay me preguntó, “si tienes dos parejas, que son increíbles las dos, a cuál elijes”. Ahí sí prefiero una heterosexual. A él le dolió mi respuesta, pero creo que un modelo en que está el rol femenino y masculino es mejor. Los gays critican que mi papá está más conservador que antes, eso no es así. Ha mantenido su postura, solo que, en general, todos están más progresivos y liberales.

-¿Cómo manejas las críticas a tu padre?

-Me duelen mucho. Tengo un Twitter al que me meto cada seis meses a poner algo de vacunas, pero lo tengo borrado del teléfono. Trato de no leer los comentarios de las noticias, porque son de un grado de virulencia, como decimos los infectólogos, gratuita. Me dolió cuando salió un reportaje de mi hermano el Seba, que es un gallo súper choro y sencillo, con un titular “Los negocios de Piñera junior”, como si fueran los negocios del hijo de Trump. Me duele la mentira, eso de la postverdad. Y lo que dicen los candidatos.

-¿Qué cosas?

-Me llama la atención que la Carolina Goic y Guillier se estén sumando este tiempo a las descalificaciones a mi padre. Artés no me importa lo que diga, no me sorprende nada de (Alejandro) Navarro ni de ME-O que ha estado tirando… iba a decir una grosería… puras críticas.

Se baja del auto. Y exclama: “Y me duele po”.

Los Piñera y los Morel

Sus hijos terminaron de hacer deporte. Se suben al auto. Antonia le recuerda a su madre que tienen que estudiar Lenguaje. “Sí lo sé, mi amor”, responde Cecilia.

Prende el motor, se saca el chaleco y retoma la conversación: “Y lo otro distinto con esta campaña es que tenemos hijos más grandes. De hecho, yo le explico a la Antonia que el Tata sale en un réclame porque está compitiendo para ser presidente de Chile, como cuando se compite para ser presidente de curso. Le digo que hay gente que lo quiere y otra que no. Y que van a decir pesadeces porque no quieren que gane”. Los dos niños escuchan atentos.

“Ellos cachan que su abuelo es alguien. Y tengo que lograr un equilibrio entre que se sientan orgullosos, pero que tampoco anden vociferando y se estén creyendo. Van al Saint George, que es más bien de centroizquierda, entonces los tengo que cuidar también. Por eso, cuando mis amigas hablan de “la Gordi”, yo les pido que la traten de presidenta Bachelet. Es una autoridad y merece respeto, les guste o no.

-¿Cómo es tu relación con tu padre?

-Soy cercana, pero somos bien distintos. Lo veo harto los domingos, ahí conversamos.

-En otra revista dijiste que magdalena, tu hermana, es más Piñera, tú más Morel. ¿En qué se nota?

-Los Morel somos más sensibles. Los Piñera tienen un humor más irónico que a veces es más pesado, son rápidos… yo tuve que aprender a contestar la talla de vuelta en la mesa familiar.

-¿De los hombres, quién es más Morel?

-El Seba, el que viene después de mí.

-Hay varios que dicen que Magdalena es la más parecida a tu padre…

-No, ella por ejemplo dice que yo soy la más parecida a él, por lo matea. En lo que nos parecemos todos es que somos repiola.

-¿En qué se nota?

-A ver, tengo un nivel económico súper bueno, no hay duda. Pero con mis amigas del colegio, tengo una vida súper parecida. No necesito más. Lo heredamos de mi abuela Picha, que nos inculcó la sencillez, tenga lo que tenga. A mi papá le encanta el charquicán y pide leche con Milo.

-En una entrevista en 2013 te preguntaron “¿Qué opina de Piñera 2017?”. Respondiste: “Ah, no sé. Va a tener que convencernos a todos”. Finalmente, te convenció.

-Sí, pero le costó. Esto tiene hartos costos personales y laborales. Ahora la ley cambió, pero por años, muchos doctores iban a congresos auspiciados por laboratorios, y yo era la única tontorrona que pagó todo para no tener conflictos de interés. “Yo no hago eso. Sería mal visto”, pienso antes de hacer algo. Me da rabia. Pero lo hago por cuidar a mi papá.

-¿Y tu marido? Es socio de la administradora de fondos Sensor Capital. ¿Tiene restricciones para invertir?

-Legales no, pero se autoimpone varias. Es tanto el ruido que generaría, que preferimos cuidarnos. Y un cliente puede preferir a otro que no tenga relación con nadie en vez de acercarse a él. Eso pasa.

-Pero has dicho que logras seguir con tu vida normal. ¿Es así?

-Sí, voy al hospital, vengo de hacer el turno de los niños…

Cecilia Piñera se despide, entra a su casa, se sienta a estudiar Lenguaje y a preparar la disertación del tiburón.