La visita a Chile de Il Divo, con sus cuatro voces líricas interpretando canciones populares, vuelve a poner en el tapete los dudosos aportes musicales de estas incursiones “crossover”. Por Joel Poblete Coincidencia o no, este mes ha sido elegido para tres conciertos populares en los que intervienen cantantes líricos de fama internacional. Mientras Plácido […]

  • 9 marzo, 2007

La visita a Chile de Il Divo, con sus cuatro voces líricas interpretando canciones populares, vuelve a poner en el tapete los dudosos aportes musicales de estas incursiones “crossover”.

Por Joel Poblete

Coincidencia o no, este mes ha sido elegido para tres conciertos populares en los que intervienen cantantes líricos de fama internacional. Mientras Plácido Domingo y Verónica Villarroel volverán a cantar juntos en un recital gratuito en la Plaza de Armas de Santiago el domingo 11, el viernes 30 será el turno de Cristina Gallardo-Dômas en Providencia. Y dos días antes, en Espacio Riesco, debutará en Chile Il Divo. ¿No le suena? Se trata de un proyecto creado por el productor Simon Cowell (el juez enojón de American idol) quien tras un elaborado casting mundial reunió a cuatro jóvenes cantantes –un barítono español, dos tenores, uno suizo y otro estadounidense, y un cantante pop francés– que dejaron de lado la ópera para cantar en distintos idiomas y “perpetrar” covers de canciones como “Unbreak my heart”, “Unchained melody” y “All by myself”, que tras dos años y cuatro discos, los han convertido en un éxito discográfico, lo que se confirmó cuando fueron escogidos para interpretar el himno del Mundial de Alemania 2006.

Buenmozos, sofisticados y elegantes –siempre visten de Armani–, pero con un dudoso aporte musical a cuestas, los integrantes de Il Divo son el más reciente ejemplo de intérpretes que triunfan gracias al crossover (músicos de un género que incursionan en otro), fenómeno que no entusiasma a los melómanos más puristas y que no tiene nada de nuevo: a principios del siglo pasado algunas de las grabaciones más vendidas de tenores como Enrico Caruso y Beniamino Gigli eran populares canciones napolitanas, además de grabar discos de boleros y tangos hace un par de décadas Plácido Domingo se graduó de súper ventas cantando “Perhaps love” junto a John Denver, Pavarotti ha cantado en estadios junto a artistas como Bono, Sting, Eric Clapton y Celine Dion, y la endeble voz de Andrea Bocelli se ha paseado entre la ópera y dulzones éxitos radiales. Y, en el otro extremo, no olvidemos una grabación de la década pasada en la que el monótono Michael Bolton cantaba célebres arias de ópera.

¿Qué secreto impulso los motiva a cruzar la frontera entre un repertorio y el otro? ¿Ampliar horizontes? Cuando a principios de los 90 los críticos más intransigentes empezaron a cuestionar a los célebres “Tres tenores” por cantar selecciones de ópera en sus conciertos en estadios, la excusa era que con este tipo de espectáculos se acercaba al público al repertorio docto, pero cuando es al revés, ¿de verdad pensarán que están contribuyendo a la música popular o atrayendo a los operáticos al pop? Hay contadas ocasiones en las que esto sucede, como For the stars, la estupenda grabación de la mezzosoprano sueca Anne Sofie von Otter y Elvis Costello, en la que cubren temas de Tom Waits, Brian Wilson, Burt Bacharach y Paul McCartney. Pero es solo la excepción que confirma la regla.

Quizás a figuras como Domingo o Pavarotti se les perdone estos “caprichos”, pero cuesta entender que un intérprete tan prometedor como el tenor David Miller –de notable desempeño en I Capuleti e i Montecchi, en la temporada 2003 del Municipal– dejara de lado su ascendente carrera lírica para recorrer el mundo cantando hits en este cuarteto de “divos”. Es verdad que no habría vendido tantos discos, pero de todos modos no le habrían faltado escenarios donde lucirse.

Por supuesto que los seguidores de Il Divo están en todo su derecho de comprar sus discos y asistir al concierto, pero a los interesados en escuchar en vivo a los verdaderos divos en concierto –los que cultivan la ópera o el lied y no se andan cambiando de repertorio– no les queda otra que conformarse con verlos en el extranjero. Es triste constatar cómo no hay gente interesada en traer a Chile a cantantes líricos de real categoría para conciertos individuales, mientras una visita como la de Il Divo de seguro significa un gran despliegue financiero. No se puede negar que hemos tenido algunos visitantes ilustres, porque además de presentaciones por separado de Pavarotti, Domingo y Carreras –este último en un deslucido evento de escasa convocatoria–, a principios de los 80 en el Teatro Oriente se pudo escuchar a Elly Ameling y Kurt Moll, y por el Municipal han desfilado figuras como el fallecido Alfredo Kraus, Kiri Te Kanawa, Barbara Hendricks, José Van Dam, Hildegard Behrens, el asiduo Leo Nucci, y hasta el barítono sueco Hakan Hagegard que participó en un concierto de la Filarmónica.