Columna por Francisco Orrego B, director de Empresas.

  • 10 noviembre, 2019

Muchos recordarán la famosa final de la Liga de Campeones de la UEFA llamada “el Milagro de Estambul” del año 2005, que se disputó en el estadio Atatürk de Turquía. Llegaron a la final dos de los equipos de fútbol más importantes de Europa: el Liverpool y el Milan. Al término del primer tiempo, el Liverpool, que había entrado a la cancha totalmente dormido, se retiró a los camarines en el entretiempo perdiendo 0-3 sin mostrar signos de recuperación. Todo parecía indicar que la final ya estaba resuelta, pero en el segundo tiempo el Liverpool despertó y logró empatar el partido 3-3, definiéndose la final por penales, alzándose como ganador al equipo inglés.

¿Qué pasó en ese camarín del Liverpool? Nunca lo sabremos pero lo podemos suponer. Está claro que hubo un antes y un después de ese entretiempo, a tal punto que llegó a generar una transformación profunda en la actitud de los jugadores del Liverpool que les permitió sortear con éxito el escenario adverso que tenía y dar vuelta el resultado. No cabe duda que la respuesta está en un cambio de la estrategia. Traigo a colación esta historia porque me hizo recordar el papel y rol que tienen los directorios en la crisis política y social que vive el país.

Durante los últimos 30 años el país venía aplicando un modelo de desarrollo político, económico y social que era considerado por amplios sectores de la sociedad -entre ellos, el empresarial- como un modelo exitoso, que había traído progreso y bienestar de los chilenos y causaba admiración en el extranjero. Nadie podía prever que esa sensación de orgullo y complacencia se vería interrumpida de manera drástica y violenta a partir del 18/10, dejando en evidencia que el progreso de este modelo no había alcanzado a todos.

No obstante que algunos lideres empresariales venían planteando hace tiempo la necesidad de que las empresas escucharan a sus trabajadores, clientes y comunidades, generando espacios de mayor dialogo, lo cierto es que muchas empresas -y sus directorios- estaban dormidos por el opio del éxito empresarial. A muchas de ellas, la actual crisis política y social los pilló de sorpresa, pues la mayor parte del trabajo de los directorios estaba (des)concentrado en aspectos formales dadas las altas exigencias de orden regulatorio, descuidando aspectos tan críticos como el estratégico. Era común escuchar que “la estrategia había muerto” o que estaba dormida.

Hoy, en cambio, en un escenario tan incierto y complejo como el actual, se les presenta a los directorios una gran oportunidad -casi imperativa- para volver a lo más simple y fundamental (“back to basics”): retirarse a los camarines a reflexionar sobre su rol en la sociedad, sus valores y misión, sobre dónde y cómo jugar en este nuevo escenario. En otras palabras, rescatar la relevancia que tiene la estrategia para salir a la cancha y jugar el segundo tiempo (futuro).

La pregunta relevante para los directorios es entonces a qué equipo quieren pertenecer: al Liverpool o al Milan. Si quieren ganar la final, mi invitación es que aprovechen este entretiempo, se vayan a camarines y reflexionen sobre su rol y cómo quieren desempeñarse en este nuevo entorno.