Diego Becas se dedica a hacer carteles con contenido y mensajes políticos, además de afiches teatrales y portadas de libros. Con un portafolio bajo el brazo, que recopila diez años de su trabajo, está a punto de partir a Europa para mostrar sus obras y buscar nuevas oportunidades: “Espero que se conozca mi nombre”.
Foto: Verónica Ortiz

  • 21 junio, 2019

Le importa aclarar que él se considera un pensador gráfico; un intelectual que se adentra en la filosofía a través del arte. Diego Becas (35) explica que tras el oficio de cartelista existe una profunda elaboración de ideas que diferencia esta disciplina de la ilustración. En Chile, el cartel como formato tuvo un importante rol artístico, político y social durante los años 60 y luego en la Unidad Popular, con grandes exponentes como Waldo González y Vicente Larrea. Luego desapareció casi absolutamente y hoy, tras más de una década de trabajo, Becas asegura ser el único cartelista nacional. Sus trabajos se pueden ver en www.carteldeautor.cl y además están reunidos en un libro editado por la Corporación Cultural de la Cámara Chilena de la Construcción, que reúne sus obras entre los años 2009-2018. “Se trata de un manifiesto trabajado en el tiempo”, define Becas. “Silencioso, invisible, anónimo y lento”, reza la portada. Bajo estas características ha construido su carrera este artista, buscando fortalecer su manera de comunicar a través del texto y de la imagen, más allá de la fama o el éxito. En persona no es ni silencioso ni lento. Tiene muchas ideas en la cabeza y las comunica de manera enérgica y veloz.

Cuenta que por sobre todas las cosas ama los libros y que decidió estudiar diseño pensando exclusivamente en diseñar portadas de libros, una labor demasiado específica para un mercado editorial como el nuestro. Y lo logró. Después de años mandando sus trabajos a diferentes editoriales, en 2017 creó una portada para el aniversario número cincuenta de la novela Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, editada por Penguin UK. También es el responsable de la tapa de Las Biuty Queens, de Iván Monalisa Ojeda, publicado por Alfaguara. Pero antes de eso el camino fue largo. Proveniente de una familia numerosa y de escasos recursos, siempre le interesó el arte y desde los once años empezó a pintar acuarelas con los materiales que le regaló su madre. A ella –Leonor Villegas Urzúa–, le dedica su libro en agradecimiento por haberle transmitido un compromiso con el pensamiento y la belleza. Estudió diseño en la Universidad de Chile y cuando egresó, en 2004, se encontró con que no había campo laboral para hacer lo que él quería: diseñar portadas y/o carátulas de manera manual. Entonces entró a trabajar en la agencia de publicidad y diseño DAf, donde estuvo unos cinco años dedicado a las animaciones y ediciones digitales. “Soy un humanista, como Tomás Moro, Voltaire o el Dante. Me gusta reflexionar por qué el ser humano es como es, básicamente soy un filósofo. Pensé que iba a poder dar opiniones políticas a través de los diseños para mis clientes, grave error. Me frustré, obviamente, pero a la larga entendí que no iba por allá la cosa”, cuenta Becas.

Renunció y decidió buscar un nuevo soporte donde su opinión no tuviera que pasar por ningún filtro. Se acordó entonces de los carteles como formato gráfico, y decidió meterse ahí: “Pinto carteles filosóficos, son compendios de pensamientos”, afirma. Siempre teniendo claro que no existe un mercado del cartelismo en Chile, y que muchos ni siquiera lo reconocen como medio de expresión artística, se ha dedicado a ellos durante los últimos años. Recibiendo encargos esporádicos, tomando otros trabajos de diseño, comiéndose sus ahorros y luego endeudándose. Durante el tiempo se ha mantenido mandando sus obras a los lugares que le interesan, desde la Ópera de Milán, en adelante. Uno de sus carteles utiliza el nombre del ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reemplazando el apellido por la palabra trap, que significa trampa en español. Ese lo mandó al Partido Demócrata en Estados Unidos por si ellos querían utilizarlo en las actividades de campaña de la candidata Hillary Clinton. Otras de sus obras muestran a la emblemática paloma blanca de la paz con sus alas cortadas y varias representan la situación que viven los refugiados en el mundo, serie que comenzó cuando apareció la noticia de una embarcación con 500 inmigrantes africanos naufragando en las costas de Lampedusa, situación que lamentablemente se sigue repitiendo.

También tiene trabajos ligados a la creación cultural y varios afiches dedicados a obras de William Shakespeare. Más adelante descubrió el mundo de las bienales de diseño, y específicamente de carteles, como las de Polonia, México, España y Bolivia. Además, intentó hacer talleres y clases a pequeños grupos, pero fracasó: “Lo que enseño es muy puntual y poco vendedor. Hice talleres bajo el título “Pensamiento crítico a través del cartel de autor”, con muchas clases teóricas y textos filosóficos. No fue nadie”, cuenta. Cuando la Corporación Cultural de la CChC le encargó el cartel para promocionar su Festival de Jazz se dio una buena relación entre cliente y artista, que derivó en la producción de un completo portafolio que tomó diez meses y que lanzaron el año pasado. La publicación cuenta con prólogos de destacados cartelistas como Coralie Bickford-Smith de Inglaterra, Isidro Ferrer de España y los chilenos Vicente Larrea y Waldo González, entre otros.

Arte antimarketing

“Todo mi trabajo es autogestión porque busco libertad creativa. He sido un gallo muy bajo perfil en una época donde eso no vende. Tomé el camino largo, no de influencer ni de pertenecer a círculos de amigos. Eso sí voy a todas las reuniones donde me llamen, sea McDonald’s o Greenpeace, y luego decido si tomo el encargo”, cuenta sobre su criterio de trabajo. Becas tiene fuertes críticas a distintos comportamientos que observa a su alrededor e insiste en que el arte se ha convertido en una herramienta de marketing. “Por eso el arte en Chile no tiene peso internacional ni genera líneas de pensamientos, porque está al servicio de vender cosas. Pensar toma tiempo, entonces no puedo estar sacándome selfies o yendo a lanzamientos de zapatillas. Necesito leer de arte, de política, de economía y filosofía. Cuando me he juntado con otros cartelistas en Europa, no hablan de carteles, hablan del Brexit o de lo que esté pasando en el mundo, porque son intelectuales”, recalca.

La edición de su libro coincidió con sus planes de salir a probar suerte a Europa. Cree que allá su trabajo tiene más posibilidades de ser bien valorado, ya que se ha ganado algunos premios internacionales, ha participado en varias exposiciones colectivas e incluso una individual en Breda, Holanda. El plan es llegar a Madrid y desde ahí contactarse directamente con editoriales, teatros, centros culturales y otras instituciones de ese tipo. “Quiero hacer carteles y portadas de libros, y en Chile ya toqué techo, no hay más pega para mí. Hay una fase autoformativa que siento cerrada, entonces ahora quiero trabajar con alguien que entienda lo que es el pensamiento gráfico. Que se conozca mi nombre. Básicamente voy a buscar pega, esa es mi profesión desde los 18 años”, cuenta Becas riendo.

Otra de las razones que le entusiasman de partir al Viejo Continente es ser evaluado por expertos en cartelismo y otros artistas que admira. “Allá el formato lo conocen, lo entienden, lo valoran y lo pagan mejor. Además, les importa un pepino quién eres, dónde estudiaste, dónde vas de vacaciones o cuál es tu partido político”, agrega en alusión a lo que denomina como el “contactismo chileno”, que tiene que ver con pertenecer a determinada esfera social donde se comparten favores. “Acá los dibujantes muchas veces forman guetos donde se pasan los datos entre ellos y punto. Cuando aparece alguien talentoso, temen. En Europa pareciera que no les importa compartir del botín y por eso son personas trascendentes en la historia del pensamiento gráfico”, afirma.

El bufón

Híper consciente de sus límites éticos, no tiene reparos en explayarse sobre distintos temas que le molestan. Cree que es importante salir de la lógica de “stand up de nicho”, donde los humoristas hacen chistes que solo les causan risas a los que piensan igual a ellos.

-¿El humor es importante para ti?

-Mis carteles son super cómicos, yo los encuentro muy divertidos y funcionan desde el absurdo, como el humor británico. Hay que entender que nosotros, los seres humanos, tampoco somos tan importantes y tenemos que generar más conciencia a través del humor, como la figura del bufón en la corte. La gente hoy no quiere que se le recuerde que somos transitorios y contradictorios. Yo me río a cada rato, aunque soy súper pesimista. Soy un tipo que está afligido por la vida y espero que el resto también se aflija porque es una manera de reaccionar.

-¿Cómo definirías la diferencia entre afligirse y amargarse?

-Creo que el amargado no hace nada. Solo refunfuña, alega o postea. Yo me aflijo, pero ayudo al otro y así se me pasa la amargura. Al menos puedo protestar con justificación porque algo di a cambio. Duermo tranquilo y me siento rico porque no tomo ninguna pastilla, ni para dormir, ni para despertar, ni para pensar. Es un absurdo que los paquetes turísticos vendan descanso, algo que sería tan fácil de tener, en teoría. Pero nos cobran mucha plata por descansar. Tenemos las prioridades muy cambiadas (ríe).

-¿Qué causas te convocan?

-Mi militancia es tomar un micrófono cada vez que pueda para hablar de las cosas que me parecen importantes. De hecho, hago carteles para que me den un público. Pero no tengo una bandera de lucha ni causas pomposas. Ahora último no he hecho ningún cartel que hable de feminismo porque creo que se ha caído en un marketing. Me carga el oportunismo. Siento que muchos lo hacen solo porque es bien visto. Yo prefiero que mis ex parejas digan que siempre fui gentil con ellas, a hacer carteles feministas. Tengo la visión romántica del artista que no quiere vender cada centímetro cuadrado de su existencia, subiendo sus obras con hashtags #yosoyelmejor #yovendoesto. Vivimos en un país donde la precarización del empleo se viste de emprendimiento, pero la plata no es el objetivo de mi vida.

-¿Cuál es?

-Me gustaría que mi trabajo esté en los libros de historia. Que cuando yo me muera llegue un filósofo y escriba un libro a partir de mis carteles. O que se consideren para alguna política pública.