El New York Times vive su propia crisis. Pese a que su audiencia aumenta cada minuto, no logra encontrar un modelo de negocios que funcione. Los acreedores estan golpeando la puerta y nadie tiene muy claro hasta cuando aguanta el diario.

  • 27 mayo, 2009

 

El New York Times vive su propia crisis. Pese a que su audiencia aumenta cada minuto, no logra encontrar un modelo de negocios que funcione. Los acreedores estan golpeando la puerta y nadie tiene muy claro hasta cuando aguanta el diario. Por Federico Willoughby Olivos.

La de 2007 fue una primavera extraña en Estados Unidos. De un momento a otro los millonarios salieron a comprar diarios. El que partió fue Rupert Murdoch cuando se hizo del Wall Street Journal. En un movimiento que no le fue barato, convenció a la familia controladora (los Bancroft) de que era el minuto de entregar el importante diario financiero. La iniciativa de Murdoch fue seguida por Sam Zell, un millonario que incluso tiene capital en el Parque Arauco, que inesperadamente compró el grupo de medios Tribune (que incluye al Los Angeles Times, Chicago Tribune y Baltimore Sun entre otros) en la friolera de 13.000 millones de dólares.

Fueron movimientos sorpresivos. Hasta entonces, publicaciones como el Wall Street Journal o el Chicago Tribune, consideradas verdaderos monumentos de la cultura anglosajona, gozaban de un estatus en el cual la idea de cambiar de dueños no existía como posibilidad. Pero claro, una buena oferta en el caso del Journal y las enormes deudas del grupo Tribune terminaron por romper el dogma.

Además, y en una suerte de daño colateral, se abrió una puerta que hoy por hoy al New York Times le encantaría cerrar. Básicamente, al concretarse la venta de ambos diarios se abrió la temporada de caza por el tradicional diario neoyorquino, considerado una de las más suculenta presas mediales del mundo.

La señora gris (traducción de Lady Gray, apelativo más coloquial con que los lectores se refieren al periódico) es el diario más importante de Estados Unidos y, por qué no decirlo, del mundo. Fundado en 1851, ostenta el record de 101 premios Pulitzer, sus historias se licencian en los medios de todo el orbe y su circulación, a marzo de este año, alcanzaba la suma de un 1 millón de diarios impresos los días de semana y 1 millón y medio el domingo. A eso hay que sumarle 830 mil suscritos (y subiendo), además de una versión digital a la que las estadísticas entregan el honor de ser la más visitada en el mundo a la hora de leer noticias.
Excelencia periodística, tradición y audiencia son las tres cosas que uno busca en cualquier medio y esos atributos al New York Times le sobran. Y claro, con tales pergaminos uno pensaría que el rotativo está blindadísimo contra la posibilidad de ser vendido y mucho más lejos de una compra hostil; pero lo cierto es que el diario atraviesa por una compleja posición financiera que parece estar a punto de pasarle la cuenta. Para nadie es un misterio que la industria de los medios no es la misma de hace 20 ó 30 años. La irrupción de la televisión y la aparición de Internet son sucesos que afectaron a los avisadores y es en esta “nueva” realidad donde los actuales controladores del diario (los Ochs Sulzberger, dueños desde 1896) han sido incapaces de estar a la altura.
La primera luz de alerta se prendió cuando en enero de este año el segundo hombre más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, le lanzó un salvavidas al diario por un total de 250 millones de dólares. La suma, necesaria para poder seguir con las operaciones del día a día y cumplir con compromisos comerciales inmediatos, se negoció con una tasa del 14% (tan alta que significará que en 6 años, solo por concepto de intereses, el mexicano conseguirá 210 millones extras). Una pasada que permitió a Slim hacerse de 9,1 millones de acciones clase A del periódico y que lo convierten en uno de los máximos accionistas.

Como si eso no bastara, el diario vendió gran parte de su sede principal, un moderno edificio diseñado por el arquitecto Renzo Piano y que desde hace 2 años sirve como cuartel general. La venta, que significó un ingreso de 225 millones de dólares, incluyó 21 pisos de la propiedad ubicada en la isla de Manhattan; más específicamente, en la Octava Avenida. Los compradores, la firma de inversión W.P.Carey & Company, a su vez arrendarán el edificio al periódico por 24 millones al año, un contrato que tiene 15 años de duración y que estipula una cláusula especial que le permite al periódico recomprar el inmueble en los próximos 10 años. Y los esfuerzos por conseguir liquidez no se detuvieron. En enero pusieron a la venta su participación en los Medias Rojas, por la cual esperan conseguir unos 200 millones de dólares.

La crisis golpeó fuerte al tabloide. Si el año pasado a esta fecha sus números indicaban un déficit en las operaciones de un poco más de 300 mil, este año en el mismo período la suma en rojo alcanzó los 74,5 millones de dólares y desde 2003 a la fecha el valor de la acción ha bajado en un 90%.

Con todos estos antecedentes, no es de extrañar que muchos piensen que el control que los Ochs Sulzberger tiene sus días contados.

Hace tan sólo un par de semanas se hizo pública la oferta que hizo el magnate del entretenimiento David Geffen por el 19% de las acciones del diario que actualmente controla el fondo Harbinger Capital Partners. El millonario ofreció 200 millones de dólares, el valor del mercado de las acciones, pero el fondo se negó a vender un paquete que a principios del año pasado le costó 500 millones.

Y los movimientos no paran ahí. Apenas se supieron los detalles de la fallida negociación de Geffen se filtró el nombre de otro posible comprador: Google.

A la empresa de software le sobran los millones, y si bien siempre ha sostenido que su negocio no es la generación de contenido, su veta filántropica y el hecho de que en general sean tipos abiertos a nuevos negocios llevó al propio fondo Harbinger Capital a ofrecerles las acciones. A las finales, y tras mucho estudiarlo, Google desistió pero se comprometió a trabajar junto al Times para buscar nuevas formas de generar ingresos.

Y por ahí parece estar el futuro. Convengamos en que la situación del diario no es solucionable en el sentido de que algunos miembros de la familia controladora vendan sus acciones y entreguen la conducción. La estructura de la sociedad establece dos tipos de papeles. Las que tienen Slim y Harbinger entregan utilidades pero no dan votos y no importa que le compren más acciones a un Ochs Sulzberger: en el momento que esas acciones salen de la familia, pierden la cualidad de dar votos. Así, para poder entregar el control del diario tendría que estar toda la familia de acuerdo, y si bien actualmente no están recibiendo ninguna utilidad lo cierto es que han dicho hasta el cansancio que no van a vender.

¿Qué sucederá?

La respuesta parece estar en la web. El diario está generando una serie de nuevos productos que busca aumentar su ya buena audiencia. Quizás el más llamativo fue el reader, un software que permite leer el diario en el computador pero que por su diseño y estructura supera por lejos el “papel virtual” que suelen ofrecer los medios tradicionales. Además, acaba de firmar un acuerdo para entregar contenidos al Kindle y sigue desarrollando aplicaciones que puedan sacar mayor provecho al contenido que genera. No descarta empezar a vender suscripciones para ciertas secciones, y dentro del rotativo se han creado grupos multidisciplinarios que están estudiando cómo generar nuevos negocios.

¿Logrará la señora gris salir de la crisis? Es imposible saberlo pero, como dijo Geffen: sigan atentos a las noticias.