Lumpen, delincuencia, bandas digitadas por los narcos, células extremistas, pandillas territoriales, manifestaciones de profundo descontento social… Tras los desórdenes de la noche del martes 11 se tejen distintas hipótesis que van desde el estallido de la olla de presiones sociales largamente acalladas hasta lecturas más inocentes que no asignan mayor gravedad a lo ocurrido. […]

  • 21 septiembre, 2007

 

Lumpen, delincuencia, bandas digitadas por los narcos, células extremistas, pandillas territoriales, manifestaciones de profundo descontento social… Tras los desórdenes de la noche del martes 11 se tejen distintas hipótesis que van desde el estallido de la olla de presiones sociales largamente acalladas hasta lecturas más inocentes que no asignan mayor gravedad a lo ocurrido.

Pero de todos modos quedan sobre el tapete datos que son nuevos y que habrá que tomar en cuenta.

1. No es cierto que el gobierno o las policías hayan previsto lo ocurrido. En mayor o menor medida fue una sorpresa, atendido a que tanto La Moneda como Carabineros e Investigaciones siguen enfrentándose al 11 desde la perspectiva política. El hecho de haber controlado en términos generales las manifestaciones en el centro de Santiago durante el día llevó a muchas autoridades a creer que el trance había sido superado con éxito. No estaba en el libreto de nadie que al anochecer salieran a la calle en los barrios periféricos otros actores que no tienen ninguna o muy poca relación con el mundo político.

2. Lo que se vio la noche del 11 fue un descarado despliegue de dominio territorial de bandas delictuales digitadas por grupos narcos de visibilidad mucho menor. Parece un hecho que estos grupos se valen en las poblaciones de contingentes de jóvenes pandilleros para mantener el control en las zonas que dominan, con algún grado de coordinación y –lo más evidente– armamento de última generación. Nada muy distinto de lo que ha visto en muchas otras grandes ciudades latinoamericanas, partiendo por Río de Janeiro y Sao Paulo.

3. Las policías están por una parte, desconcertadas y por la otra, sobrepasadas. Y se enfrentan a un desafío complejo, ya que el problema no puede ser resuelto con estrategias puramente represivas y policiales.

4. Distintos sectores de la izquierda extraparlamentaria son los primeros interesados en atribuirse la responsabilidad en los desórdenes que se produjeron, entre otras cosas para incrementar su capacidad de amedrentamiento. Aunque se sabe de convocatorias efectuadas por el MIR o el Frente Manuel Rodríguez, el alcance real de estos grupos está en entredicho. Seguramente, estas pandillas hubiesen actuado con o sin esos llamados a la agitación, lo que limita el accionar de estas facciones a una simple movida oportunista, puesto que no es del mundo político de la extrema izquierda de donde vienen esta vez los hilos de las barricadas, fogatas, tiroteos y otros desafueros.

5. Un último elemento, por cierto no menor: Durante la semana del 11 de septiembre la imagen de Chile salió nuevamente al mundo, a través de la prensa y los canales de TV internacionales, pero deteriorada al peor nivel.