• 20 febrero, 2009

 

El país necesita medidas valientes de las autoridades y generosidad de parte de los gremios de trabajadores, que deben dejar de velar sólo por el bienestar de quienes tienen empleo y están dentro del sistema.




Al año 2008 fue difícil para las empresas, a nivel global, en especial en Estados Unidos y Europa, pero lo fue aún más para los trabajadores. De acuerdo con expertos del mercado laboral, el 2009 va a ser aún peor. En el 2008, más de 200 millones de personas terminaron desempleadas en el mundo. Al final del 2009, estiman que esta cifra aumentará dramáticamente, sumando millones y millones de personas a esta dolorosa estadística. Sólo en Estados Unidos, la tasa de desempleo se elevó en enero a 7,6 por ciento, convirtiendo el pasado mes en el segundo peor de la historia de ese país. En total, la economía estadounidense perdió, en ese plazo, 598 mil empleos, con lo cual la tasa de desempleo registró el peor aumento mensual desde 1974. Más de 2,5 millones de puestos de trabajo fueron eliminados en los últimos cinco meses y más de 3,6 millones desde el inicio de la recesión económica, en diciembre de 2007.

“Ello equivale a 3,6 millones de estadounidenses que se despiertan todos los días pensando en cómo pagarán sus cuentas, cómo se quedarán en sus casas y cómo mantendrán a sus hijos”, señaló el presidente Barack Obama hace algunos días.

Para enfrentar esta realidad, los gobiernos y las autoridades económicas han empezado a implementar planes de estímulo fiscal y políticas monetarias que permitan facilitar los flujos de financiamiento. Además, algunas empresas están tomando medidas para tratar de despedir el menor número posible de personas. En algunos casos se redujeron los sueldos de los ejecutivos y de los trabajadores.

En otros, como en el caso de las industrias alimentarias y automotrices de Brasil, ahogadas frente a la caída del consumo y de las exportaciones, se dieron vacaciones forzadas a miles de trabajadores. En Chile, en diciembre pasado, la tasa de desempleo en el Gran Santiago llegó hasta el 9,7%, lo que equivale a 274.600 personas desocupadas según la última Encuesta de Ocupación y Desocupación en el Gran Santiago realizada por la facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.

Aterricemos estas cifras y abramos los ojos. Sólo en Santiago, hay miles de personas más buscando ser contratadas como obreros en una construcción, como vendedores de tiendas, como secretarios de empresas, periodistas en medios o ejecutivos de altos cargos. Miles de personas más sintiendo la frustración del desempleo y la angustia de no hallar algo nuevo que les permita obtener sustento para ellas y sus familias.

Cifras y casos que sólo ratifican el deterioro en el mercado laboral debido a la crisis económica que afecta al planeta. Es imposible que en Chile cambiemos esta tendencia negativa que aflige al mundo; pero, ¿qué podemos hacer para que el impacto de la crisis sea el menor posible en el empleo?

Además de un plan de estímulo fiscal que vaya dirigido a que el Estado invierta en planes de empleo de emergencia, subsidios para el empleo juvenil e inversión en infraestructura, entre otros, quisiera sugerir algunas medidas adicionales.

Lo primero sería dar mayor flexibilidad a los horarios laborales. Es decir, permitir el trabajo por hora sin necesidad de contratos rígidos. Hay muchas personas, en especial mujeres, que bajo una modalidad de horas podrían generar un ingreso adicional para sus hogares.

Una segunda medida tiene que ver con la flexibilización de las negociaciones entre empresas y sindicatos. Si se flexibiliza nuestro código laboral, se permitirá que se pueda acordar entre las partes menores horas trabajadas y menores salarios, pero también menos despidos.

Tercero, reducir la indemnización por años de servicios. Esto, si es ejecutado de común acuerdo con los trabajadores, puede ser reemplazado por mayor cobertura en el seguro de desempleo y haría menos costoso contratar nuevos trabajadores.

Por último, generar incentivos tributarios o subsidios para la inversión en industrias intensivas en capital como la construcción, la agricultura, el retail, etc. Mientras más inversión haya, más empleo se generará.

Probablemente estas propuestas no sean populares ni cuenten con el apoyo de los gremios de trabajadores mientras ellos sigan velando (de manera paternalista) solamente por los intereses de quienes hoy están dentro del sistema y no se abran a brindar mejores oportunidades a sus propios afiliados (que pueden perder sus empleos) y a los cientos de miles que ya se encuentran sin ocupación