Apenas Andrónico Luksic supo que había llegado una bomba a la oficina de Rodrigo Hinzpeter, en Quiñenco, el holding que él controla puso pausa a su agenda. A mediados de julio, el empresario voló a Europa. Cuando estaba en Madrid, en reuniones de trabajo, ejecutivos de su empresa lo llamaron para contarle los detalles del […]

  • 2 agosto, 2019

Apenas Andrónico Luksic supo que había llegado una bomba a la oficina de Rodrigo Hinzpeter, en Quiñenco, el holding que él controla puso pausa a su agenda. A mediados de julio, el empresario voló a Europa. Cuando estaba en Madrid, en reuniones de trabajo, ejecutivos de su empresa lo llamaron para contarle los detalles del explosivo que había sido enviado –100 gramos de dinamita– al despacho de su asesor legal, envuelto con papel café y el nombre de Hinzpeter impreso. El paquete pasó por la recepción, cruzó el escáner de la entrada, llegó hasta el piso 16, fue recibido por su secretaria y dejado sobre su escritorio. Quienes conocen al empresario cuentan que Luksic estaba golpeado y que conversó con el abogado para darle su apoyo. Se mantuvo en contacto con sus asesores el resto de la jornada y desde entonces monitorea el avance de la investigación.