A partir de una interesante selección de libros, documentales, cerámicas, grabados, cuadros y más, el MAVI invita a conocer a Roberto Matta, al hombre detrás del artista, su mirada, su mundo y, de paso, que el espectador se descubra a sí mismo.

  • 10 julio, 2008

 

A partir de una interesante selección de libros, documentales, cerámicas, grabados, cuadros y más, el MAVI invita a conocer a Roberto Matta, al hombre detrás del artista, su mirada, su mundo y, de paso, que el espectador se descubra a sí mismo. Por María Jesús Carvallo.

Exposiciones sobre este ícono del surrealismo ha habido muchas, pero claramente ninguna como esta. Después de un año de gestión, recolección y puesta en escena, el Museo de Artes Visuales inauguró esta exhibición con lo mejor del gran Roberto Matta. Y no es exagerado decirlo, porque son pocas las instituciones que han logrado reunir tal cantidad y calidad de piezas de este artista pero, más importante todavía, disponerlas de tal forma que el público asistente logre irse con un legado, por decirlo de alguna manera, de la mirada y de la postura de este chileno.

Son 135 trabajos, entre cerámicas, muebles –donde se nota que la veta del diseño no sólo estaba en su hermano Mario–, esculturas, libros y documentales, además de sus pinturas y grabados. Gracias a la colaboración de Germana Matta, quien activamente participó en cada una de las actividades que hicieron posible esta muestra, la fundación Gonzalo Rojas, el MAVI por supuesto, y la ayuda de muchos admiradores privados, se lograron conseguir obras únicas que reflejan las mil y una expresiones artísticas que tenía este pequeño Da Vinci a la hora de revelar lo suyo.

Claramente, lo más importante y que en definitiva diferencia esta exposición de otras es el concepto que la envuelve. Porque más allá de ser un muestrario de arte, la forma en que se armó esta exhibición es mucho más valiosa, incluso, que cada una de las piezas que la componen. Claro, porque aunque suene impactante ver esos cuadros enormes, es mucho más revelador todavía conocer la invitación que el museo hace a partir de ellos. Y esto se resume en el título: Descubritorio Matta, cuya idea es descubrir sus obras pero también que cada espectador pueda descubrirse a sí mismo a través de ellas. Es una propuesta a compenetrarse con sus ideas, a participar, a no quedarse sentado; disfrutar del montaje, pero a la vez, conocer sus postulados, desenmascarar al hombre más que al artista, a ese ser trasgresor, cuestionador de la vida que rechazaba los arquetipos y las instituciones. A través de piezas inéditas y otras ya conocidas, Matta nos entrega la ocasión de entrar en su universo, de encontrarnos con él como un humanizador. “Quisimos que esta exposición no fuera la típica, que cada sala generara un impacto, una atmósfera, una posibilidad de aproximarse a su mundo y que cada persona pudiera enMattarse a su manera”, dice la curadora Ana María Yaconi. Y eso es, no pretende ser más que una posibilidad para que todos puedan crecer, abrir caminos y, finalmente, llevarse algo. Una oportunidad para llenarse de todos los múltiples Mattas que había dentro de Matta y también para mirar y luego mirarse profundamente. Hasta el 26 de octubre.