Debe ser de los pocos que sabe tanto de la cultura mapuche. La ha estudiado mil veces a través de sus 72 años y ha recorrido todas sus aristas: la artesanía, la organización, la personalidad, la idiosincrasia. Todos, conocimientos clave para poder analizar cómo es que Chile no ha logrado todavía la paz en la Araucanía. […]

  • 25 enero, 2013
Carlos Aldunate

Carlos Aldunate

Debe ser de los pocos que sabe tanto de la cultura mapuche. La ha estudiado mil veces a través de sus 72 años y ha recorrido todas sus aristas: la artesanía, la organización, la personalidad, la idiosincrasia. Todos, conocimientos clave para poder analizar cómo es que Chile no ha logrado todavía la paz en la Araucanía. Un conflicto que se arrastra por siglos y que cada tanto –casi siempre en los veranos– vuelve a ponerse en las primeras planas. Y cada vez por cosas más duras.

Para Aldunate es precisamente ésa una parte fundamental del problema. El director del museo chileno de Arte Precolombino dice que el pueblo mapuche ha sido “invisible a los ojos del Estado” a lo largo de la historia, y que si bien ha habido intentos de reparación, el camino por andar todavía es largo.


-¿Cómo es posible que se llegue a un nivel en el cual la muerte y el temor marcan la relación entre el pueblo mapuche y el resto del país?

-Para entender el asunto hay que partir por aclarar que la nación chilena se formó deliberadamente de manera homogénea. Lo decía el historiador Mario Góngora en los tiempos de Portales: el Estado de Chile formó una nación unitaria a partir de una que era originalmente diversa. Y continuó haciendo lo mismo con los territorios que se anexaron después de la Guerra del Pacífico, y para qué decir el aporte del Gobierno Militar. Sobre la base de la educación y de la imposición de símbolos patrios se logró una homogenización del país. Si tú cruzas Tacna y pones un pie en Chile, todo es igual: mismo idioma, mismas calles Gabriela Mistral y Arturo Prat en todos los pueblos, mismos símbolos.
Hoy estamos pagando el pato de esa histórica obsesión por ser homogéneos, algo que era cómodo para el Estado, pero hoy genera conflictos, porque la gente quiere reconocer la diversidad en todos los ámbitos. No es un fenómeno exclusivo de los pueblos originarios. La gente no quiere más esa actitud decimonónica y reclama otras cosas, nuevos intereses y  nuevos valores.

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-Es decir, el problema es que Chile no acepta al mapuche como un pueblo distinto, con características propias…

-El pueblo mapuche es y ha sido totalmente invisible a los ojos del Estado chileno. Sólo cuando suceden hechos terribles como el de los Luchsinger, nos damos cuenta de que ellos existen. Y lo hacemos de una manera lamentable, porque se dice con total liviandad que los mapuches incendiaron o mataron a tal o a cual persona. Y esos son insultos muy fuertes para el 99% de su gente, que es pacífica y quiere vivir en paz. La mayoría de los mapuches también está escandalizada y sufre cuando la invaden, llegan los carabineros y se toman el territorio como si fueran terroristas.

-¿Y no hay terrorismo?

-No me pregunte a mí eso. Si hay Inteligencia para detectar y detener el narcotráfico, por qué no la utilizan para esto. Las policías saben todo respecto del tráfico de drogas, pero no tienen idea de qué sucede en la Araucanía. Matar y quemar son actos criminales, pero no sé si sean terroristas, ello requiere de una organización más compleja con fines establecidos. Y si la Inteligencia de este país no logra demostrarlo, entonces no puedo decirlo yo. No me corresponde.

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-Pero se ha hablado de vinculación con las Farc y otros grupos…

-A mí me da risa que se vincule a los mapuches con las Farc. También se dijo que estaba la ETA. Todos tratan de clasificar el asunto, de ponerle nombre y etiquetas… Y todo por culpa de unos pocos violentistas. Pero nadie lo sabe, porque aunque se trata de la etnia más importante del país, su nivel de invisibilidad es abismante.

Si el Estado de Chile hubiera tenido real interés por el pueblo mapuche, hoy día ese territorio sería importante y desarrollado, pero no es así. En la Araucanía tenemos los mayores niveles de pobreza y desempleo. Eso es bastante sintomático.

-Pero se han hecho esfuerzos por dialogar y reparar lo que se conoce como la deuda histórica. Está la Ley Indígena, la Conadi, el programa Orígenes y otros programas de devolución de tierras…

-No se puede desconocer que ha habido una inversión social y económica por incorporar algunas etnias al país y hoy es hasta políticamente correcto defender a los pueblos originarios.

Pero los mapuches son invisibles a pesar de los esfuerzos económicos y la devolución de tierras, porque el tema de fondo no es de recursos sino de reconocer la diversidad. Reconocer que existimos junto con un pueblo que no es como nosotros y que tampoco quiere ser como nosotros. Pero Chile es muy malo para aceptar la diversidad.

-¿Y aceptando esa diversidad se acaba el conflicto?

-Por supuesto que no. El asunto es más complejo y requiere de un análisis histórico. En 1890 se firmaron las famosas “Paces de Quillín”, donde se reconoció la autonomía del pueblo mapuche. Pero después vino la “Pacificación de la Araucanía”, lo que es bien irónico porque se trató de una guerra liderada por el Ejército de Chile, que actuó de forma dolorosa y cruenta. Desde entonces, nunca ha cesado el afán del Estado por colonizar estas tierras, sobre todo entre el Bíobío y el Toltén, que es donde hoy se concentra el conflicto.

-¿O sea los mapuches fueron traicionados por el Estado?

-En parte. Antes de las “Paces de Quillín”, en 1861, se dictó una ley para devolver a los mapuches tierras que les habían sido arrebatadas por el Estado. Esa ley estableció que las tierras debían entregarse primero a las comunidades mapuches y el sobrante, a colonos chilenos o extranjeros. Pero se hizo totalmente al revés y ese pueblo recibió lo que sobraba.

Pero eso tampoco se respetó, aun cuando existen títulos de propiedad otorgados por el Estado e inscritos en el Archivo de Propiedad Indígena de Temuco. Hubo usurpaciones por parte de los colonos, chilenos y extranjeros, a través de malas artes.

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Los títulos otorgados a los mapuches se dieron con la condición de que ellos no podían enajenar las tierras, pero los colonos usaron subterfugios y también usaron la violencia: entre 1900 y 1950 mataron gente e incendiaron rucas, privados se adueñaron de tierras que eran mapuches y consiguieron hacerse de ellas mediante lo que se conoce como regularización de títulos. Esto es sabido y flagrante. Y por eso la demanda mapuche no es una entelequia, tiene claras raíces históricas.

El perdón y el diálogo

-¿Es éste un problema sin solución, o hay alguna salida?

-Sí, existe una solución política: reconocer que estamos tratando con un pueblo que si bien pertenece al territorio de Chile, es diferente al nuestro y ha sido maltratado por el Estado. Ellos también han cometido errores, pero le aseguro que lo han hecho en una proporción infinitamente menor.

-En la cumbre de Ñielol solicitaron que se pida perdón e indemnice al pueblo mapuche. ¿Cree que el presidente Piñera debiera acceder a esa petición?

-Si el gobierno a nombre del Estado de Chile pidió perdón por las violaciones a los derechos humanos, no entiendo por qué no puede pedir perdón por las atrocidades cometidas en la Araucanía los últimos 200 años.
Lo de las indemnizaciones habría que verlo, si se trata de personas que han sido vulneradas en su propiedad, por supuesto que sí. Pero no me parece que tenga que haber una indemnización general a todo el pueblo mapuche. Parte de eso se ha venido haciendo durante los últimos diez años, conozco gente que ha recuperado tierras y les ha ido muy bien.

-Hagamos política ficción. Si el presidente pide perdón y se indemniza a todos los usurpados. ¿Se cierra el capítulo?

-Ese sería sólo el principio. Lo más importante sería ayudar a los mapuches a darse una nueva organización social, que realmente los represente y les permita participar del diálogo país. Generar liderazgos verdaderos, que hablen por el pueblo mapuche.

-Pero cada tanto aparecen distintos líderes y organizaciones que dicen representarlos. Está la Coordinadora Arauco Malleco, Aucán Huilcamán, etc…

-Ellos no son sus representantes, pregúntaselo a los mapuches. Por eso nadie respeta los acuerdos a los que llegan. Les dan algo de tribuna porque por lo menos hacen algo, pero representan a una minoría mapuche muy poco significativa.

-¿Cómo puede ayudar el gobierno a que generen una organización social que los represente?

-Los mapuches no tienen una organización social piramidal como sí la tienen los pueblos andinos. Son el pueblo más individualista que conozco. Tu vas al norte donde los aymaras y ellos son comunitarios, disciplinados, obedecen a sus jefes y tienen una reglamentación que se respeta. Los mapuches carecen de eso, lo que es muy preocupante porque en democracia nos manejamos con representantes y ellos no los tienen.

-¿Se manejan individualmente?

-Exactamente, y eso les sirvió para no ser conquistados ni por los incas ni por los españoles, porque no puedes conquistar a un pueblo que no está cohesionado. Tendrías que ir uno por uno. Pero hoy eso genera problemas y es deber del Estado ayudarles a transitar desde una organización social tremendamente desmembrada a una más organizada, donde exista interlocutores válidos. Si eso no sucede, este problema va a seguir y cada vez peor.

-¿Y cómo se hace eso?

-Sin manipular, nombrando como líderes a personas que son de su lado. Hay que tener un tremendo cuidado para ayudar a que ellos genuinamente se sientan representados. Gastan dinerales en encuestas para saber si nos gusta Golborne o Bachelet, que gasten esa plata en analizar el mundo mapuche y ver lo que opinan. Por eso digo que son invisibles, porque nadie se preocupa de estas cosas. Llaman a unas cumbres y mesas de diálogo que no sirven para nada, porque no saben cómo son los mapuches ni qué es lo que quieren. Y dialogan con personas que no los representan.

-¿Y no hay culpas compartidas en la situación a la que se ha llegado?

-Aquí no hay culpas compartidas. Nosotros podemos controlar a nuestros terroristas porque tenemos una organización que nos respalda, pero cómo le pides tú a un señor o a una señora, que están por allá en Lonquimay, que controlen a la minoría violentista ¡es absurdo!

Este gobierno y todos los de la Concertación lo han hecho mal. Salvo Aylwin, que fue comuna por comuna de todo el territorio mapuche antes de dictar la Ley Indígena. Eso fue bien notable. Pero después, no ha pasado nada. Han dado tierras, está la Conadi, se han hecho proyectos buenos, pero son proyectos individuales. Nadie ha entendido que el problema de fondo es el de la estructura social y se han concentrado en dar pequeñas ayuditas… pero con eso nos estamos disparando en el pie.

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El otro trato

-¿Hay algún conflicto de orden similar que se haya resuelto de manera satisfactoria y que le sirva al país como marco de referencia?

-Por supuesto, las autonomías étnicas europeas son un gran referente. A vascos, catalanes, gallegos y asturianos les han reconocido su autonomía, que no quiere decir independencia total, porque ese radicalismo lleva a la existencia de grupos como la ETA y no podemos permitir eso.

En Canadá también hay un ejemplo fascinante, el de los esquimales. Les acaban de entregar un territorio gigantesco en el Ártico que tiene buenos recursos y es codiciado. Ellos son canadienses, pero son autónomos.

-En América Latina en cambio, siguen latentes muchos conflictos…

-Exactamente, Chiapas en México, en Bolivia, en Colombia… Y en Chile también están los Rapa Nui, que ahora quieren su independencia y piensan ir a La Haya. Con ellos, en todo caso, el trato ha sido diferente y más deferente, y está la separación geográfica que también ayuda. Pero a ellos también habría que pedirles perdón, la isla fue dejada de lado durante mucho tiempo.