Conversar sobre distintos temas que afectan al país, como la irrupción de las demandas feministas, la corrección política, la integración de las ciudades, la longevidad, los ninis, los límites del humor, el rol de la ciencia, los medios y la posverdad, fue el objetivo de la segunda versión de este encuentro que organiza Majadas de Pirque y Capital. Una iniciativa que se inspira en dinámicas que ya se realizan en otros países y que busca apoyar la creación de capital social y redes de confianza para construir un mejor país. 80 invitados, muchos de los cuales no se conocían, se repartieron en nueve mesas dispuestas a cargo de facilitadores que guiaron la conversación. Ellos son los que entregan sus impresiones en estas páginas.

  • 25 octubre, 2018

La necesidad de conversar

Por Pablo Bosch

En Las Majadas nos autodenominamos como un Centro de Conversaciones, donde las personas se juntan solo por el gusto de dialogar. Más allá de lo poético que esto puede sonar, hay un aporte real y tangible en estos encuentros. En un ambiente adecuado, con una guía precisa, estos diálogos nos ayudan a ampliar la mirada, generar confianzas y enriquecer nuestro análisis. Es desde esa necesidad que nace Des.Conecta.

Convocamos a empresarios, artistas, deportistas, políticos, ejecutivos de empresas y científicos, entre otros, para compartir esta experiencia. La invitación era eso: conversar sobre materias relevantes para la sociedad, las que eran guiadas por personas destacadas de diversos ámbitos. Los temas variaban desde posverdad, pasando por humor, hasta el surgimiento de los ninis, jóvenes entre 16 y 30 años que no estudian ni trabajan. No existió ninguna obligación de resultados. El objetivo era hablar, opinar, discutir, abrirse y encontrarse.

Siempre hemos creído que existe un gran valor cuando personas diferentes, pero con objetivos comunes, se juntan. Lo que surge de estos encuentros es justamente capital social, un concepto que resuena mucho en la actualidad, pero que no cuenta todavía con el lugar que se merece. A medida que aumenta el capital social, las organizaciones se vuelven más eficientes y ágiles ante los cambios, ya que hay más confianza entre los equipos. Los países con mayores índices de capital social son los más estables y prósperos en el largo plazo, ya que tienen acuerdos sociales claros y colaborativos.

Des.Conecta fue un encuentro de dos días, pero su objetivo trasciende este espacio. Nuestro objetivo fue mostrar lo provechoso que puede ser un diálogo que no busca anular la opinión del otro y lo beneficioso de intercambiar ideas con personas con las que no compartiríamos en nuestro día a día. Por comodidad o por falta de oportunidades, terminamos normalmente hablando con personas muy parecidas. Esto reduce nuestra capacidad de cuestionar puntos de vista o empatizar con personas que piensan distinto. Para poder encontrar soluciones creativas a los problemas que enfrentamos, como personas, empresas o sociedad, necesitamos ver los temas desde distintos ángulos, y esto solo lo lograremos compartiendo con personas diversas.

Los invito a reunirse, conversar y buscar instancias para compartir con gente con la que normalmente no conversarían. Busquen temas que los apasionen. Si se disponen a tener una conversación abierta, bajando los prejuicios, seguramente se encontrarán con sorpresas y más puntos en común de los que esperaban.

 

LONGEVIDAD, SORPRESA POR LOS 5 SENTIDOS

Por Ximena Abogabir S. Fundadora de Travesía100, EmpresaB que promueve una longevidad activa, feliz y con propósito.

A medida que fue llegando el público, mi autoestima fue bajando: mayoritariamente parejas jóvenes en onda de luna de miel. Y hablar de longevidad en ese clima, a lo menos, sonaba simplemente desatinado.

Afortunadamente, la belleza del entorno me permitió dejar en suspenso mis aprensiones y disfrutar el perfecto equilibrio entre belleza natural, simplicidad, diseño, elegancia y una atención que no pasaba por alto ningún detalle.

Al momento de inscribirse en las mesas de conversación, descubrí la existencia de parejas mayores y mamás invitadas por sus hijos, lo cual me permitió contar con dos grupos interesantísimos de conversación, entre personas de 60+ y 45 años.Ambos grupos etarios coincidieron en no sentirse preparados para enfrentar la longevidad. Dado que el fenómeno demográfico se acaba de presentar, ni las personas ni las instituciones están preparadas para esta hazaña evolutiva de la especie humana. Aclaré que cuando yo nací –hace 70 años– la expectativa de vida era 50 años y hoy bordea los 80. Una “yapa” de 30 años.

Maravillosa noticia: cuando se da por superado el “deber ser”, los 60+ tenemos hoy la oportunidad de escribir el último capítulo de nuestra vida materializando el sueño pendiente, conectándonos con el legado que queremos dejar. Para hacerlo posible, la sociedad requiere cambiar la mirada hacia este nuevo segmento: no solo desde sus necesidades y carencias, sino también desde sus aspiraciones y propósito.

Esta etapa también puede constituir una de profundos dolores: si la persona no ha cuidado su salud física, mental, emocional, financiera, y muy especialmente, relacional, puede verse enfrentada a largos años de alto costo material e inmaterial para las familias y el Estado.

La conversación asombró a todos. Los mayores se sintieron interpretados por la descripción de este nuevo segmento: ni jóvenes ni ancianos. Los menores descubrieron la oportunidad de adoptar un estilo de vida que les permita cosechar una longevidad activa, productiva y feliz. Reconocieron que también debían aprender a relacionarse con sus mayores, no ya desde la sobreprotección, sino desde el empoderamiento.

Sin duda que la conversación, en un entorno tan estimulante por sus aromas, sonidos, tactos, sabores y palabras provocadoras, generará insospechados frutos.

 

NINIS, Cruces que facilitan la vinculación

Por Sebastián Errázuriz, fundador y director ejecutivo de ActitudLab.

Des.Conecta 2018 fue una experiencia en la cual compartimos cruces improbables con personas que están convencidas de generar un cambio positivo para nuestro país y el mundo desde su área de expertise y su propia forma de realizar o ver las cosas.

Fue una genial oportunidad para vincularnos y construir confianza, transmitiendo libremente qué es lo que mueve a cada uno y cuáles son las problemáticas existentes de las cuales nos estamos haciendo cargo, desde lo que nos inquieta y por lo cual actuamos día a día, considerando nuestro lugar y contexto en este mundo.

Respecto a mi experiencia personal, fue muy interesante poner literalmente “un tema sobre la mesa”, como lo fue nuestro #DesafíoNINIS, el cual busca reducir en un 30% los jóvenes que ni estudian ni trabajan en Chile de acá a 2020. Para lograr esto, los asistentes y quien escribe reafirmaron la necesidad de contar con el apoyo de todos (mundo público, privado, ONG, gremios, sociedad civil, etc.), pues quienes participamos entendimos que estamos en una posición desde la cual nos es posible contribuir a mejorar y dejar una huella en este país que habitamos.

De esta forma, fue una experiencia llenadora, en la cual adoptamos un rol de receptores y también generadores de grandes ideas respecto a cómo nos gustaría que fuese nuestro país. En ese camino reforzamos que la vinculación entre todos los actores nos puede ayudar a construir este propósito común, que redituará en generar los modelos que nuestros jóvenes necesitan para hacer finalmente realidad la nación que todos queremos.

 

CIUDAD, La Integración Social es Posible

Por Iván Poduje, urbanista.

Un estudio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo concluyó que existe un déficit de 150 mil viviendas sociales en Santiago y que no podemos ubicarlo en los extramuros como ha sido la tónica, ya que los costos sociales serían enormes. Por ello, el ministro Cristán Monckeberg se ha jugado a fondo por la integración social, lo que implica distribuir el déficit habitacional en todas las comunas, incluyendo el barrio alto. Cómo hacerlo fue la pregunta que pusimos en el encuentro.

La respuesta es compleja en todos los países que han enfrentado este desafío y puede ser paralizante cuando se ven todas sus implicancias sociales o políticas. La gracia de este espacio de conversación es que esta complejidad se diluye gracias al silencio y la belleza de los recintos y sus parques, con árboles centenarios que hacen que los prejuicios que traemos de Santiago se vean pequeños y lejanos.

Gracias a este entorno fueron surgiendo las ideas fuerza. Diseño fue la primera. Un buen diseño con fachadas parecidas que diluyan los contrastes sociales, evitando agrupar todas las viviendas en un solo sector. La segunda clave fue conocer a los vecinos que llegan para derribar temores propios de una ciudad grande y segregada. También se concluyó que era necesario contar con autoridades o normas intercomunales que impidan vetos municipales, que se percibían como la gran amenaza.

Todos los participantes estaban conscientes de que la integración social era difícil, pero necesaria. Nadie la rechazó y muchos recordaban con nostalgia el Santiago de los 70, cuando existían campamentos en el río Mapocho o la Kennedy. Ese recuerdo fue clave para imaginar una ciudad más integrada, donde esos campamentos se reemplacen por viviendas dignas con barrios que permitan mirarse, caminar y saludarse. Una nueva ciudad con espacios públicos potentes, donde las diferencias sociales desaparecen, ya que todos valemos en nuestra condición de ciudadanos.

 

HUMOR, ¿Cuáles son los límites?

Por Francisca Feuerhake, escritora.

Me sentí muy honrada al ser invitada a participar como facilitadora de Des.Conecta. Quedé sorprendida de la belleza de Las Majadas; nunca había ido y disfruté caminando por los jardines. Para mi alivio y ego, mis dos mesas estaban llenas de personas inscritas, pero inmediatamente me invadió el terror: quizás el tema “humor” había elevado expectativas. Ojalá no se quieran reír, pensé, ya que no soy chistosa en carne y hueso, solo a través de una cámara. Además, la idea es debatir ideas, no hacer una rutina de humor. Los invitados se sentaban y me transpiraban las manos. No había preparado nada y eso me angustiaba, pero recordaba las palabras de los organizadores que decían: “Esto no es una exposición, no es una charla. Es una conversación”. Se llenaron los asientos que había a mi lado de un montón de caras desconocidas, y todas al menos diez años mayores que yo. Les pregunté cuáles eran sus expectativas de esta ronda de conversaciones, y un par de mujeres dijeron “reírnos”. Se me apretó la guata. Esto será una desilusión monumental, pensé. Comencé a presentar el tema que me interesaba: “¿Es aceptable que nos den lecciones morales en espectáculos de humor?” y vi que no resonaba demasiado con el interés de la mesa, por lo tanto, el tema rápidamente mutó a “¿Cuáles son los límites del humor?”. Se veía venir, pensé, porque es el tema que más nos ronda en la cabeza últimamente, con el discurso ascendente a favor y en contra de la corrección política. Las conclusiones en ambas mesas rondaban la sentencia: “Hay cosas de las que no nos podemos reír”. Tratamos de diferenciar la risa espontánea, inconsciente y casi refleja, que no tiene que ver con nuestro comportamiento civilizado y cultural, de la risa consciente o más decidida. Era un ejercicio difícil porque quizá no existe la risa decidida, quizás el solo hecho de decidir reírse elimina todo humor. Entonces, ¿es educable la risa? Y así fuimos navegando entre diversas preguntas que, para ser contestadas, los invitados recurrían a memorias personales y anécdotas. Fue una tarde enriquecedora y divertida, a pesar de los nervios del principio. Pude conocer a gente nueva que tenía historias de vida sorprendentes, y en ambas mesas sobrepasamos el tiempo de conversación asignado.

 

CIENCIA, Un horizonte próspero

Por Luis F. Larrondo, Ph.D. Howard Hughes Medical Institute International Research Scholar, académico PUC y director del Millennium Institute for Integrative Biology (iBio).

Qué surge al sentarse a hablar de ciencia con un grupo de personas con diversos intereses, tales como medicina, biología, agricultura, arte, leyes, economía, urbanismo, sociología, arquitectura o cine?

Surgen ideas y discusiones alucinantes y variadas que dan cuenta de un país que quiere crecer y ser más, y que reconoce en el quehacer científico un motor de cambio. Un diagnóstico esperanzador y a la vez demoledor: podemos ser, pero aún no somos, podemos ser más, pero nos restringimos a ser menos, podríamos aspirar a ser líderes científicos y tecnológicos, pero no nos damos los recursos económicos para serlo.

Pero la conversación no se estanca en una autocrítica, sino que también va despertando el asombro en los interlocutores. Sin duda, aflora la fascinación de vivir en tiempos donde la ficción y la ciencia se confunden con el presente, un presente donde el conocimiento va perfilando los pilares del futuro. Así, por ejemplo, el conocer con precisión nuestra secuencia de ADN, nuestro genoma, no es ya más un concepto genérico, sino que es posible tener la información de distintos individuos: tu genoma, el de él, de ella o el mío. Pero ¿qué hacer con esa información y cómo aprovecharla al máximo? ¿Qué regulaciones serán necesarias para mantener la privacidad de estos datos y, a su vez, poder mejorar los diagnósticos médicos? ¿Qué haría uno si sabe, basado en la lectura de su genoma, que tiene una alta probabilidad de desarrollar una compleja enfermedad? Así, en torno a una mesa redonda en una fría tarde de primavera surgen preguntas y surgen respuestas, surgen preocupaciones y surgen esperanzas, pero sin duda las últimas sobrepasan las primeras. La conversación nos invita a soñar el mundo que es y el que será, un mundo que cambia a manos del desarrollo tecnológico: un gigante que, alimentado tras bambalinas por la llamada “ciencia básica”, nos permite avanzar como sociedad hacia el futuro. ¿Qué futuro? El futuro que, como grupo humano diverso en intereses y visiones decidamos ir construyendo, un futuro donde la ciencia potencie el capital social en pos de un horizonte más próspero y justo para todos.   

 

POSVERDAD, Adictos

Por Jonás Preller R. Periodista, magíster en Artes Liberales, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad BancoEstado.

Dosis y dosis de dopamina. Cada like, me gusta, corazón, dedo hacia arriba o retuit que marcamos en las redes sociales se transforma en un shot de energía para quien inició la conversación. Una validación y reconocimiento que retroalimentan su cerebro para seguir probando, tensionando, llevando al límite sus comentarios en las redes sociales con tal de conseguir una dosis más. Dopamina por montones.

En noviembre de 2017, Sean Parker, el polémico fundador de Napster y el primer presidente de Facebook, reconoció que en el diseño de la red social se consideró de manera explícita hacer “dependientes” a los usuarios. Tenerlos conectados la mayor cantidad de tiempo posible. “Nos hicieron adictos de manera consciente”, concluyó Parker.

En nuestro cerebro, la dopamina –conocida como el neurotransmisor del placer– es la encargada de pasar la información de una neurona a las siguientes, y es la que está vinculada además con las percepciones placenteras que nuestro cerebro interpreta: amor, placer, felicidad, pero también las adicciones y la ludopatía. Dosis y dosis de dopamina en cada click.

Un estudio de septiembre pasado de Pew Research reveló que casi el 70% de los americanos reconocía que se informaba a través de redes sociales, pese a que el 60% de ellos dijo no confiar en la información que ahí encontraba. ¿Cómo se explica esto?

Tal como aclaró en 2011 Eli Pariser, las redes sociales e internet en general funcionan como “cajas de resonancia” entre los usuarios. Los complejos algoritmos creados por Google o Facebook suministran la información que empatiza más con los usuarios, no necesariamente la más relevante o verídica. ¿No lo cree? Compare con la persona que está a su lado su pantalla de Facebook o Twitter. Busque en Google “calentamiento global”. Chequee los resultados…

Los usuarios al interactuar con redes sociales validan lo que creen, “confirman” lo que creen y ven que no están solos en el mundo. Dopamina por montones. Si lo que creen, además, es premiado por un like, mejor aún, ¿y si alguien lo comparte ¡Adicto al neurotransmisor de la felicidad! La posverdad funciona así, las noticia falsas o montajes informativos que han inundado la web en el último tiempo solo existen porque hay usuarios que comparten, que consumen y que “vibran” con lo que están leyendo.

Si los “tierraplanistas” han emergido co-mo una comunidad en la web, es porque existen personas que insisten en que nuestro mundo es plano y la idea de “globo” es solo un invento de la Nasa. La verdad poco importa si choca con mi mundo ideal. La Tierra será plana, las vacunas causarán autismo y la inmigración será un complot del gobierno si  esto resuena con lo que quiero, creo y siento. Dopamina, likes y posverdad. Por montones.

 

PODER, Populismo y Corrección Política

Por Cristóbal Bellolio, académico de la Escuela de Gobierno UAI.

Chile no es el ombligo del mundo. Lo que pasa en esta larga y angosta faja de tierra en las faldas de la cordillera importa muy poco en el concierto internacional. Sin embargo, la hipótesis de trabajo de la mesa de conversación “política” fue que era posible identificar ciertos temas que se están discutiendo animadamente en el mundo, principalmente Estados Unidos y Europa, y que tienen un correlato con debates que se han tomado el debate nacional.

Por ejemplo, la amenaza populista sobre las democracias liberales. El desafío de los participantes fue buscar un concepto operativo común, dado que el término es jabonoso y estamos acostumbrados a endosárselo a los políticos que nos desagradan. En ese sentido, avanzamos analizando distintas maneras a través de las cuales los politólogos han entendido el fenómeno populista.

Luego, aunque había otra mesa reservada especialmente para conversar sobre feminismo, se hizo inescapable referirse a la ola que azotó a Chile durante el primer semestre de este año y que encuentra un espejo en campañas globales como #MeToo. La conversación giró en torno a las distintas tradiciones intelectuales del feminismo, desde su expresión liberal que celebra el empoderamiento de la mujer, hasta su expresión más radical que busca terminar con el patriarcado con la misma energía con que busca echar abajo el capitalismo.

Los dilemas de la libertad de expresión y la llamada tiranía de la corrección política fueron otra área donde encontramos paralelos entre debates locales y globales. La queja de que ya no se puede decir nada sin despertar el patrullaje moralizador ha sido común en el último tiempo, principalmente en redes sociales. El viejo valor liberal de la libertad de expresión se juega justamente ahí donde lo que se dice puede resultar molesto a terceros. Sin embargo, ¿tenemos acaso un derecho a ofender? El debate quedó abierto. 

A propósito de todas estas conversaciones, reflexionamos si estas nuevas categorías –populismo, fe–- desafían el marco tradicional de izquierdas y derechas que usamos habitualmente para ubicarnos en el espectro político. En el caso del populismo, parece haberlo de izquierda y de derecha. Algunos piensan que no se puede ser feminista y de derecha, pero otros disputan esa aseveración. La discusión en torno a la corrección política también redefinió los campos: la promueven las minorías étnicas o sexuales –de izquierda– pero también los grupos religiosos –de derecha–, mientras la combaten movimientos de derecha que se rebelan frente a la intolerancia “progre”, pero también liberales que históricamente han estado ubicados a la izquierda. Chile es una isla, pero hay debates cuya resonancia global llegó hace rato a nuestras costas.

 

Dilemas del Feminismo

Por Sofía García-Huidobro, editora de cultura de revista Capital y coautora de Mujeres Bacanas

Aunque ha bajado la efervescencia del debate en torno al feminismo, el tema sigue instalado sobre la mesa y una próxima oleada podría tomar forma en cualquier momento. Ante las tomas feministas que paralizaron a varias universidades del país y las manifestaciones ciudadanas que las acompañaron, la opinión pública se dividió entre quienes consideraban que algunas demandas resultaban extremas y quienes señalaban que se pedía lo justo.

En este encuentro Des.Conecta 2018 tuve la oportunidad de hacer de facilitadora en dos mesas sobre feminismo, donde una de las discusiones más interesantes, y por lo mismo compleja de resolver, era cuán lejos era necesario tirar el tejo para darle fuerza a la causa. Hubo opiniones diversas; mientras algunos de los participantes defendían la idea de que las revoluciones han de ir siempre más allá de lo evidente y lo sensato, otros consideraban que el tono beligerante resultaba contraproducente al momento de construir un feminismo más inclusivo. Incluso llegamos a conversar sobre la posibilidad de crear un nuevo término que proponga equidad de género sin que eso implique una confrontación de hombres versus mujeres. Concluimos que falta un compromiso real por parte de los distintos sectores de la sociedad para terminar con algunas de las principales desigualdades, como es la brecha salarial.

Muchos de los participantes en estas dos mesas eran padres y madres enfrentados al desafío de educar a hombres y mujeres modernos. Algunos lo encaraban de manera resuelta y otros tenían varias dudas respecto de los márgenes. Otro punto de la conversación fue lo interiorizadas que tenemos prácticas que resultan machistas, o de frentón discriminatorias, asumiendo las mujeres que muchas veces éramos nosotras quienes perpetuábamos esas costumbres de manera inconsciente. Pero también había en algunos el temor a una sociedad cada vez más estricta y condenatoria, donde el miedo a infligir las normas de una nueva moral terminen inhibiendo cualquier asomo de espontaneidad. Evidentemente no hay respuestas correctas y el espectro de opiniones válidas es bastante amplio, pero resultó muy interesante el ejercicio de contrastar miradas desde las distintas experiencias y realidades. Posiblemente, ninguno de quienes nos sentamos ahí nos levantamos luego pensando exactamente igual. 

 

Futuro de los medios, Un mundo desconocido

El tema ya había sido motivo del aniversario de Capital, por lo que llegué a Des.Conecta con el vuelo de las conversaciones que habíamos tenido en el marco de nuestra edición de 22 años. No contaba, sin embargo, con que los asistentes no eran periodistas y algunos de ellos apenas consumían medios de comunicación. Me sorprendí, por ejemplo, con afirmaciones como que las redes sociales entregaban una versión mucho más cercana a la realidad que la que ofrecían los medios tradicionales. Por supuesto, di mi punto de vista, pero rápidamente me rendí y me dediqué más bien a escuchar lo que todos tenían que decir sobre su percepción y relación con la prensa. Me di cuenta de varias cosas. Claramente estamos fallando en la manera como explicamos nuestro trabajo en la sociedad: muchos no entienden cómo funcionan los medios, cómo deciden sus pautas, cómo gestionan sus entrevistas y cómo definen lo que es de interés público. También hay una idea de que nos movemos por intereses corporativos y por favores a amigos, más que por un discernimiento serio de lo que puede ser considerado noticia. Tenemos una tarea importante ahí.

El otro tema que salió a la palestra fue el modelo de financiamiento de los medios. En general, hay poca conciencia de la caída en la publicidad, que desde hace décadas es el principal sostén económico de la prensa, y de lo cuesta arriba que es mantener una empresa de noticias saludable financieramente y sustentable en el tiempo. Pero también en el debate surgieron experiencias ejemplificadoras, como por ejemplo, la de radio online Isla Negra, fundada por Hernán Rodríguez Matte, quien comentó que cuando estaba a punto de cerrar la emisora por falta de fondos, se sorprendió con que sus mismas audiencias fueron las que salieron a salvarlo y hoy se financia con aportes, que además vienen desde distintas partes del mundo. Igual de interesante fue lo que contó Eduardo Abeliuk, un chileno que vive en Silicon Valley y que ha visto de cerca cómo iniciativas basadas en blockchain están hoy entregando un modelo alternativo de financiamiento, a través de tokens que se entregan a quienes visitan un determinado contenido. Hablamos también de información, de atención, de redes sociales y de democracia, y quedé con la sensación de que con cada tema y desafío había cada vez más atención y ganas de seguir profundizando.