En Hollywood existe una verdadera industria en torno a los rumores sobre cada cinta por estrenarse, la mayoría sin la menor relevancia. El nuevo proyecto de Quentin Tarantino lo confirma. Por Christian Ramírez

  • 17 junio, 2011

En Hollywood existe una verdadera industria en torno a los rumores sobre cada cinta por estrenarse, la mayoría sin la menor relevancia. El nuevo proyecto de Quentin Tarantino lo confirma. Por Christian Ramírez

Django es un negro fugado de una plantación del sur estadounidense, en plena era de la esclavitud. El destino quiere que haga sociedad con el doctor King Schulz, un alemán al que ayudará en la persecución de diversos criminales al tiempo que refi na más y más sus instintos para la cacería humana. En gratitud, Schulz lo ayudará en una misión casi suicida: viajar a Greenville, Mississippi, para rastrear la venta de su mujer y su hijo hasta la mansión de un verdadero demonio, Calvin Candie, un sanguinario terrateniente…

Y entonces ¿qué pasa? Mejor no seguir. Lo que les estoy contando no es una película; o sea, todavía no lo es. Se trata del argumento de Django unchained, la próxima cinta de Quentin Tarantino, un estreno programado para fines de 2012, pero del que ya se filtró casi todo: la idea original, el guión, buena parte del posible elenco –Will Smith o Idris Elba como Django, Christoph Waltz para Doc Schulz y Leo DiCaprio en el rol de Calvin Candie-, incluso ya existen unas cuantas ideas sobre cómo se verá el producto final (debería ser una suerte spaghetti western ultraviolento).

Ahora, seamos francos, ¿tiene sentido saber más sobre el asunto? Apuesto a que muchos dirían que sí. Pero, ¿no se suponía que la gracia de ir al cine era sorprenderse con lo que pasaba en la función? ¿En qué momento nos volvimos adictos a saberlo todo antes de pagar la entrada? ¿O es que ahora es imposible entrar con total inocencia a la oscuridad?

Parte de la culpa es del propio Tarantino, quien lleva años avalando lo que primero fue genuino interés en el trabajo de los cineastas, luego una guerra sucia de rumores y por último una verdadera industria en torno a la información adelantada. Uno comienza a pensar que fue él mismo quien se encargó de fi ltrar la última versión de su guión –fechada el 26 de abril pasado- para comenzar la “diversión”. Ya no se trata sólo de saber de qué van los estrenos, ni del cómo, cuándo y dónde, sino hasta el último detalle que se pueda publicar, blogear y tuitear acerca del cine que viene, al extremo de que la cinta misma queda sepultada dentro de la avalancha de info, la ansiedad por la espera y la inevitable decepción posterior. En vez de ser la guinda de la torta, la película se convirtió en un apéndice dentro de su propio fenómeno.

Las primeras y tímidas señales al respecto databan de 1997, cuando las fi ltraciones -o scoops– sobre La amenaza fantasma y Ojos bien cerrados eran la novedad del momento. Pese a todo el secreto impuesto por George Lucas y Stanley Kubrick en sus respectivos sets, los fragmentos de información llegaban sin parar y, sin duda, afectaron a la recepción pública cuando las películas se estrenaron en 1999.

La actitud de Tarantino -“escriban lo que quieran, porque es publicidad gratis”-, parece acorde a estos tiempos en que el permanente fl ujo de datos nuevos va de la mano de la presión por seguir llenando espacio a través de las redes sociales. La sensación de redundancia, de hablar por hablar, es la norma. Una cosa es dar el golpe noticioso el año pasado contando que El árbol de la vida -ganadora de Cannes 2011- incluiría secuencias con dinosaurios y fl ora exótica (hasta a Chile viajó uno de los equipos de su director, Terrence Malick) y otra es enterarse de las razones de por qué Megan Fox no fue convocada para la tercera secuela de los Transformers. Si nos ponemos estrictos, ambos datos son copucha pura y simple, sólo que para distintos tipos de público. Tampoco es como para rasgar vestiduras: siempre existe la posibilidad de pasar por alto todo el show y tratar de llegar con los ojos vírgenes a la función. Aunque uno se sienta totalmente out.

DVD
Barney el gruñón
Los que echan de menos al mejor Woody Allen -el de los 70 y 80- tal vez harían bien en darle una oportunidad a Barney’s version, una tragicomedia protagonizada por Paul Giamatti. El actor de Entre copas encarna a un productor de TV que se lo replantea todo después de la publicación de un libro que lo acusa de haber cometido un asesinato, serio cargo que en vez de resolverse con suspenso lleva a dar un vistazo a la vida de un cincuentón que se está cayendo a pedazos. Ojo con Dustin Hoffman en el rol del padre de Barney, un sujeto que se parece mucho a los antihéroes que a lo largo de su carrera intentó validar. El DVD comienza a dar vueltas a fines de mes.