Los Cuentos Reunidos, de Gonzalo Contreras, son un ejemplo de perfección y trascendencia, donde nada sobra.

  • 5 marzo, 2009

Los Cuentos Reunidos, de Gonzalo Contreras, son un ejemplo de perfección y trascendencia, donde nada sobra. Por Luís Larraín.

He tomado prestado el nombre –con alguna licencia- de un celebrado cuento de Raymond Carver para titular mi comentario sobre Cuentos Reunidos, de Gonzalo Contreras, recientemente publicado por Andrés Bello en una cuidada edición de 242 páginas. Y es que al leer o releer estos cuentos surgen desde el comienzo los atributos que uno le pide a la buena literatura. El autor usa el lenguaje con una propiedad pocas veces vista por estos lados. Su prosa es de una extraña belleza; sobria, despojada, escueta a veces y alcanza quizá sus mayores alturas cuando describe escenas, movimiento y paisajes, sin desconocer que algunos de sus diálogos son también notables. De alguna manera, Contreras se las arregla, además, para contarnos historias distintas, originales, que aun así nos evocan situaciones de nuestra propia vida, nos ponen frente a personajes que van develando las distintas facetas de la naturaleza humana y nos ilustran sobre lo que él llama las difíciles relaciones personales, nombre escogido por el autor para agrupar el primero de tres conjuntos de cuentos incluidos en el libro.

Sus personajes siempre tienen algo que decirnos, se enfrentan muchas veces a situaciones límites y la gran variedad de temas abordados en estos cuentos nos habla de un escritor que ve en cada una de sus obras una expresión artística única, que vale por sí misma. Por eso, en definitiva, nada de lo que nos entrega el autor es intrascendente, nada está de más, todo connota.

Veamos algunos ejemplos: Nupcias, el primer relato del libro, que trata de un hombre que asiste a la boda de su ex novia, reúne algunas de las virtudes que se piden a un cuento: una historia que avanza sostenidamente hasta el final, sin decaer en ningún momento, sin alteraciones en el ritmo narrativo. Así en el cielo como en la tierra tiene un comienzo portentoso; díganme si no cómo puede calificarse lo que sigue: “ lo dijo de esta forma. Levantó la cabeza del plato, me miró a los ojos, se llevó a la boca la copa, tomó un pequeño sorbo de vino, y habló.” Una muestra de la perfección que puede alcanzar la escritura de Gonzalo Contreras.

Entre los cuentos agrupados bajo el título Desordenando el orden destaca Oh Colibrí un relato que ha sido premiado y traducido a varios idiomas y en el que el autor, en ocho páginas, sin ningún punto aparte, narra sin pausa y a la perfección los movimientos de un colibrí que irrumpe al interior de una carpa de circo y a la vez nos va entregando una vívida descripción de los diferentes números con que payasos, equilibristas y animales deleitan al público, develando además algunos dramas personales de estos artistas. Un alarde de buena escritura.

En el tercer grupo de cuentos, Encuentros y Desencuentros, merecen especial mención la forma original y distinta de contar una historia que nos brinda Nina; la economía de medios – pocas palabras para decir muchas cosas- de El Hombre Indicado, un cuento en que también aparece a ratos el virtuosismo en la escritura de Contreras; y el erotismo sutil y nada vulgar de La última víspera.

Con la publicación de Cuentos Reunidos, Gonzalo Contreras ha venido a marcar un téngase presente en la escena literaria nacional, demostrando de paso por qué alcanza las mayores alturas de la narrativa chilena contemporánea.