¿Cuánto valoramos los espacios verdes en nuestra ciudad? Difícil respuesta. Santiago debe, de una vez por todas, imponer y fomentar una cultura de vida en plazas y parques. No nos dejemos estar en este tema. Por Mauricio Contreras.

  • 13 junio, 2008

¿Cuánto valoramos los espacios verdes en nuestra ciudad? Difícil respuesta. Santiago debe, de una vez por todas, imponer y fomentar una cultura de vida en plazas y parques. No nos dejemos estar en este tema. POR MAURICIO CONTRERAS

El arquitecto Alejandro Aravena, uno de los tipos que más saben sobre ciudades en Chile, lleva un buen tiempo insistiendo sobre la necesidad de rescatar el cerro San Cristóbal, el parque metropolitano más grande del mundo. mediante un proyecto con Elemental, Aravena sostiene que la conexión que le falta al San Cristóbal con la ciudad facilitaría la afluencia de gente, que es muy poca para una extensión de área verde tan grande. El cerro recibe cinco millones de visitas al año; o sea, los santiaguinos lo vistamos una vez cada doce meses. Nada.

Esa cifra refleja lo poco que valoramos tener vida al aire libre ¿Qué valor le asignamos a los espacios abiertos, con pasto, juegos y bancos para sentarse? ¿Forma parte de nuestra decisión de comprar o arrendar casa tener un lugar para el encuentro? ¿O vamos a la plaza sólo cuando nuestros hijos nos piden ir al balancín? Teniendo en cuenta que cada vez los barrios tienen menos vida propia –ni hablar hoy de los amigos del vecindario, como hace 20 años– uno de los pocos lugares para estar en contacto con quienes viven cerca son las plazas.

Santiago, además, ha sido castigada injustamente con el calificativo de ciudad con pocas áreas verdes. Hace un par de años, el alcalde de Barcelona vino a Chile y se sorprendió al ver los antejardines de las casas: “Ustedes no saben lo que tienen”, le comentó al entonces intendente Marcelo Trivelli. Esta mala prensa de despotricar contra nuestra ciudad va contra los números y las realidades. Anote qué nos estamos perdiendo: Parque Alberto Hurtado –ex Intercomunal–, la Quinta Normal, el Parque O´Higgins, el Parque Araucano, el bandejón central de Américo Vespucio, que recorre desde Escrivá de Balaguer hasta Bilbao, y el Parque Forestal son lugares desaprovechados por los santiaguinos. Todos deberían tener muchas más visitas que las que reciben periódicamente.

Si Santiago está en busca de una identidad, debería partir por quererse y admirarse. Si el río Mapocho no es un emblema para sentirnos orgullosos, los parques deberían sacar la cara. Para eso deberíamos adoptar un estilo de vida similar al que existe en Buenos Aires, donde los bosques de Palermo convocan desde un asado familiar hasta un partido de fútbol de once jugadores por lado.

Claro que para este fomento de ciudad verde no debemos esperar ni campañas de la Intendencia ni una acción coordinada por las municipalidades. Esta es una tarea de todos los que viven en la capital de Chile. Son tan pocas las responsabilidades que tenemos como ciudadanos que no sería malo ponerla al inicio de la lista. Cómo cambiaría nuestra admiración por Santiago si le dijéramos al otro qué lindas plazas y parques tenemos. Una genuina expresión de intramarketing… y sin gastar un peso.