Seamos francos: los chilenos nos preocupamos poco de lo que ocurre más allá de nuestras fronteras y casi nada si se trata del continente africano. Pero, a pesar de los contrastes y avances desiguales, vale la pena revisar lo que ocurre en esas lejanas tierras, con al menos quince países iniciando su segunda década de crecimiento sobre el 5% y una creciente toma de posición por parte de inversionistas chinos e indios. Después de todo, Africa tiene algunos de los productos más codiciados por estos días, como el petróleo.

  • 9 julio, 2008

Seamos francos: los chilenos nos preocupamos poco de lo que ocurre más allá de nuestras fronteras y casi nada si se trata del continente africano. Pero, a pesar de los contrastes y avances desiguales, vale la pena revisar lo que ocurre en esas lejanas tierras, con al menos quince países iniciando su segunda década de crecimiento sobre el 5% y una creciente toma de posición por parte de inversionistas chinos e indios. Después de todo, Africa tiene algunos de los productos más codiciados por estos días, como el petróleo.

Frecuentemente asociada a guerras civiles, hambrunas, leones y elefantes, Africa parece cumplir de sobra los méritos para recibir el apodo de continente perdido. Pero, a pesar de la crisis económica mundial y el obvio impacto que le provoca el alza de los alimentos, corre por el mundo una nueva sensación de optimismo en torno a este alejado lugar del mundo, el mismo que –sorpréndase– experimenta su mayor crecimiento económico desde los 70. La región ha vuelto a aparecer en el mapa de los inversionistas, y empresas de países como China e India se disputan un lugar en lo que parece ser un renovado dinamismo.

Advertencia: estamos ante una tierra de contrastes y avance desigual, por lo que el ideal es evitar las generalizaciones. Hay trece países que han alcanzado un nivel de ingreso medio y cinco más que se acercan a ese umbral. Pero 34 de las naciones menos desarrolladas del mundo están en el Africa subsahariana, donde la mayoría depende de las exportaciones de commodities y la agricultura irrigada por lluvias. Allí las sequías son periódicas y los precios de los productos varían mucho en cortos períodos de tiempo, lo que complica la gestión económica.

Según datos del Banco Mundial, este año quince países africanos iniciaron una segunda década de crecimiento económico de 5,3%, una tasa superior a la de muchas economías industrializadas. Es cierto que la base de comparación es baja, pero hay avances. El alza general en los precios de los commodities ha despertado gran interés por invertir en los sectores del petróleo, el gas y la minería en ese continente.

Ya se habla de los “mercados fronterizos”: Ghana, Zambia y Tanzania, que podrían sumarse a Sudáfrica, Nigeria y Kenia como destinos de inversión. De hecho, en lo que va de año el mercado bursátil de Ghana ha subido 40% en términos de dólares, mientras que el de Zambia lo ha hecho en25%. Se trata de plazas pequeñas, pero el que sean de países ricos en recursos naturales y que hasta ahora hayan resistido la desaceleración global, incrementa su atractivo.

La tendencia de crecimiento esconde realidades diversas que requieren políticas diferentes. La OCDE sugiere que los países exportadores de petróleo deberían capitalizar sus ingresos extraordinarios invirtiendo en educación y capacitación, mejorando la infraestructura y el ambiente de negocios, con la meta de diversificar la economía. Los importadores, en cambio, están lidiando con los desafíos que impone el alza en los precios del crudo y que se ve amplificada por la subida en los costos de los alimentos. El precio de estos últimos se está traduciendo, además, en presiones inflacionarias para ambos grupos. Latasa de inflación en Kenia se elevó a 31% en mayo, mientras que en Uganda y Tanzania marcó 11,2% y 9,1%, respectivamente.

Entre los importadores de petróleo también hubo buenas noticias de países que exportan metales y productos agrícolas, como Mozambique, Namibia. Sudáfrica, Tanzania y Zambia. Todos anotaron un crecimiento fuerte debido a sus exportaciones de aluminio, hierro, cobre, oro y platino. El caucho, café, cacao y algodón también han registrado alzas de precios.

El Doing Business 2008, un estudio del Banco Mundial que clasifica a 178 economías según su facilidad para hacer negocios, concluyó que Africa subsahariana cayó del tercer al quinto lugar en la clasificación regional relacionada con el ritmo de las reformas y fue superado por las regiones del sur de Asia, Medio Oriente y Norte de Africa. A nivel de países, Ghana (por segundo año consecutivo) y Kenia clasifi caron entre los diez máximos países reformadores del mundo. Islas Mauricio encabeza la lista de los países africanos más propicios para hacer negocios y también clasifica en primer lugar en el ÍndiceIbrahim, evaluación desarrollada por la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard para la Mo Ibrahim Foundation.

La región confía en que transita por el camino del cambio. Una encuesta realizada en Etiopía, Ghana, Costa de Marfill, Kenia, Mali, Nigeria, Senegal, Sudáfrica, Tanzania y Uganda reveló que la mayoría de los africanos considera que está mejor ahora que hace cinco años. Según la misma encuesta, ellos son las personas más optimistas del mundo y confían en que el mañana les traerá prosperidad. Consideran que la pobreza, aunque generalizada, representa sólo un obstáculo temporal en el próspero futuro del continente.

 

 

 

 

 

 

 

(In)estabilidad política

 

 

Decir que la realidad política es complicada en un continente caracterizado por los dictadores, golpes de Estado y guerras civiles puede parecer una obviedad. Pero nos referimos a que el análisis merece acuciosidad: las antiguas guerras han terminado, pero la paz es frágil. La mayoría de los países tiene gobiernos de elección popular, pero las instituciones son débiles. Los golpes no son infrecuentes y muchas veces el poder del gobierno electo es tal que resulta casi imposible removerlo por la vía de las urnas.

Un caso actual: Zimbabwe, donde el presidente Robert Mugabe amenazó de tal modo al candidato opositor que ganó en la primera vuelta presidencial, que éste optó por refugiarse en la embajada holandesa y abandonar las elecciones. La votación se realizó de todas maneras: una segunda vuelta con un solo candidato.

Zimbabwe puede ser un ejemplo extremo, pero los últimos indicadores del Banco Mundial sobre gobernabilidad muestran que, en términos de buen gobierno, las lecturas africanas en conjunto se han deteriorado desde 1996, cuando se recogieron los primeros datos. El desempeño ha sido algo mejor en las áreas de estabilidad política, ausencia de violencia y control de la corrupción, pero Africa pierde muchos puntos en cuanto a estado de derecho, efectividad del gobierno y calidad de la regulación.

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Según datos de la OCDE, el año pasado más de 54 millones de africanos participaron en 19 elecciones parlamentarias y presidenciales. No obstante, la tasa de participación, de 32,9%, fue más bien baja, pese a que la mayoría de las elecciones fueron pacíficas. Los presidentes de Mali y Senegal fueron reelegidos y nuevos nombres se impusieron en Mauritania y Sierra Leona. Pero también hubo problemas: los comicios de abril en Nigeria fueron calificados como “no creíbles” por observadores de la Unión Europea y la turbulencia siguió a las disputadas eleccionespresidenciales en Kenia.

Nigeria es un ejemplo de cómo la inseguridad y la subinversión pueden mantener el petróleo en el suelo, sin importar la urgencia de la demanda global. Las autoridades locales de la región del Delta del Níger están exigiendo una mayor participación en los ingresos petroleros, pero al mismo tiempo son incapaces de controlar a la insurgencia armada –alimentada por el contrabando de crudo– que sabotea la producción. Sus reservas petroleras, de 36.200 millones de barriles, son cuatro veces superiores a las de Angola, pero la dinámica industria angoleña recién logró en abril bombear más crudo que la nigeriana.

La producción petrolera de Nigeria cayó a 1,5 millón de barriles diarios en junio, el nivel más bajo en 20 años, luego de que hombres armados lanzaran un ataque sin precedentes contra las instalaciones marinas de Shell en Bonga, a unos 120 kilómetros de la costa. En los 90, el país excedió periódicamente las cuotas impuestas por la OPEP, lo que se tradujo en una baja sostenida en los precios. Ahora, la inseguridad hace que el rol de Nigeria sea de desestabilización en los mercados energéticos. Cuando los sauditas anunciaron un incremento en la producción petrolera el mes pasado, el efecto en los precios fue nulo debido al ataque contra Bonga, que evitó la extracción de una cantidad similarde crudo pocos días antes.

Los observadores atribuyen la tendencia regional hacia la inestabilidad a la persistencia de antiguos conflictos. En Chad la situación se ha deteriorado desde 2006, con enfrentamientos crecientes entre varios grupos de rebeldes y el ejército nacional. Sudán sigue agobiada con la guerra en Darfur. La violencia continúa en Uganda y el noreste de la República Democrática del Congo. Los enfrentamientos étnicos siguen siendo causa de preocupación, en especial donde abundan las armas provenientes de las zonas de guerra. Ahora se han agregado las protestas por el mayor costo de la vida, en especial el encarecimiento de alimentos y combustibles. Las manifestaciones han sido visibles en Senegal, Zambia, Burkina Faso y Camerún.

 

 

 

 

Conexión china

 

 

Tal vez el cambio más importante de los últimos años para Africa sea la creciente presencia china. En su búsqueda de materias primas que le permitan continuar con su acelerado desarrollo, el gigante asiático se ha convertido en un actor protagónico en la escena económica africana.

A fines del año pasado, el primer ministro chino Wen Jiabao fue el anfitrión de la cumbre China-Africa en Beijing, a la que asistieron 43 jefes de Estado africanos. En la ocasión, estimó que el comercio bilateral llegaría a 100 mil millones de dólares antes de 2010, un incremento de más de diez veces en una década y que permitiría a China superar a Estados Unidos y Europa como principal socio comercial del Africa subsahariana. En los primeros nueve meses de 2007, los flujos comerciales llegaron a 50.600 millones, un alza de 42% respecto de igual período de 2006, alimentados por la demanda china de los recursos naturales africanos y las importaciones hacia la región de los productos de consumo que China produce a bajo precio.

La puerta de entrada para los chinos fue Sudán, que hasta 2004 concentraba casi la mitad de sus inversiones. La Chinese National Offshore Oil Corporation (CNOOC) ayudó a desarrollar los campos petroleros del país, echando por tierra en el proceso los esfuerzos de Estados Unidos por aislar al régimen en Khartoum. Es precisamente su presencia en Sudán la que hoy ensombrece los Juegos Olímpicos de Beijing, blanco de organizaciones como Save Darfur, que condenan la situación en la región sudanesa.

Hoy las inversiones chinas abarcan docenas de países africanos en sectores tan diversos como el algodón, el zinc y la banca. El año pasado, el Industrial and Commercial Bank of China pagó 5.500 millones de dólares por una participación de 20% en el Standard Bank de Sudáfrica.

En total, hay unas 800 empresas estatales chinas operando en Africa, con faenas mineras en 13 países y, sobre todo, una fuerte presencia en infraestructura, construyendo represas, refinerías de petróleo, caminos y vías férreas. Se estima que contratistas chinos están ganando 50% de los nuevos proyectos de obras públicas en Africa, superando a rivales de todo el mundo. La política china podría defi nirse como materias primas por infraestructura, y hasta ahora los africanos parecen estar de acuerdo.

Asimismo, la disposición de Beijing a otorgar créditos sin condiciones (siguiendo su principio de no interferir en los asuntos de otros estados) ha complicado a los donantes tradicionales. El financiamiento chino ha superado los préstamos de agencias multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que sí exigen compromisos y cumplimiento de metas para la entrega de fondos. También están los que dudan ante la posibilidad de crear nuevos lazos de dependencia con un único aliado.