• 2 abril, 2008

 

Estoy cierto de que a muchos de los que en una fría entrevista con un encuestador manifestaron poca o nula adherencia a la Iglesia, los encontraremos en ellaa la hora en que sólo Dios es capaz de responder. Por Fernando Chomali.

 

Un grupo de profesionales del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Adimark publicó recientemente los resultados de la Segunda Encuesta Nacional Bicentenario. Un estudio interesante, por cierto, que da luces para comprender la percepción de los chilenos en diversos temas, y que nos puede ayudar a hacer un buen diagnóstico de la realidad y tomar, en los ámbitos que correspondan, las medidas adecuadas para fortalecer lo bueno y cambiar lo que merece reparos.

 

La encuesta –con su metodología científica propia, de suyo fría e impersonal– entra en el delicado tema de la fe de las personas, de su adhesión a la Iglesia y su vida de fe. Los resultados, sin embargo, fueron asumidos por la prensa con un rimbombante título que impresiona: “Católicos no van a misa, no evangelizan, y poco les importa que sus hijos sigan la misma fe”. Categórica sentencia, que tal como la encuesta –por su metodología, que es bien sabido requiere de interpretación– no logra captar el sentir más profundo de lo que la religión dice de los chilenos.

 

Como obispo no soy ingenuo y reconozco que vivimos serias transformaciones culturales que han hecho mella en la manera de vivir la fe y la experiencia religiosa. Soy consciente de que los paradigmas de comprensión de la realidad son distintos y que siempre está presente el intento de querer construir una sociedad al margen de Dios. Un acabado diagnóstico de la situación a nivel de América Latina se puede leer en el Documento Conclusivo del la V Conferencia General del Episcopado de América latina y el Caribe, realizado en Aparecida este año y que presidiera el Sr. Cardenal Arzobispo de Santiago Francisco Javier Errázuriz.

 

Estoy cierto de que a muchos de los que en una fría entrevista con un encuestador manifestaron poca o nula adherencia a la Iglesia, los encontraremos en ella a la hora en que sólo Dios es capaz de responder.

 

Sin embargo, hay que darse cuenta de que un estudio sociológico jamás llegará a captar en la profundidad que merece la experiencia religiosa y la adhesión a la Iglesia Católica en su cabalidad. Por ejemplo, dentro de una encuesta, la categoría “no van a misa” tiene matices fundamentales. Si bien es cierto que quienes allí se incluyen no han llegado a la madurez cristiana, a la hora de las grandes interrogantes de sus vidas muchísimos de ellos recurren a la Iglesia, así como a la hora de enfrentarse a situaciones relevantes ya sea fruto del nacimiento de un hijo, matrimonio, acompañamiento espiritual en una enfermedad o situaciones de conflictos familiares, y para qué decir a la hora del fallecimiento propio o de un familiar. Aquellos que “no van a misa” sí recurren a la Iglesia en los momentos cruciales de sus vidas, y con fuerza la abrazan y reconocen el don de la fe. Creo que sería interesante hacer esta encuesta con la asesoría de sacerdotes, teólogos, rectores de santuarios marianos, párrocos. Estoy cierto de que a muchos de los que en una fría entrevista con un encuestador manifestaron poca o nula adherencia a la Iglesia, los encontraremos en ella a la hora en qué sólo Dios es capaz de responder.

 

Naturalmente desearíamos que un mayor número de las personas que se declaran católicas fueran siempre a misa dominical, pero no porque no lo hagan vamos a desconocer el altísimo valor que tiene la religiosidad para ellos. Muchos que explícitamente pudiesen declararse fríos en relación a Dios y a la Iglesia Católica, en la hora de las decisiones importantes saben que cuentan con ella. Una joven profesional llegó a conversar conmigo en virtud de las inmensas dudas que tenía respecto de la fe católica. La escuché, conversamos largamente. Al final, después de un diálogo fraterno y sincero le dije: En virtud del gran respeto que tengo por la libertad de las personas, si por esas cosas de la vida te mueres y tu familia me solicita por ti una misa en tu funeral, ¿qué les contesto? “Por favor, sí –me contestó– no me imagino sin una misa en el día de mi funeral”…

 

Termino diciendo que no es casualidad lo bien evaluada que está la Iglesia en la sociedad chilena y de modo especial los párrocos, servidores abnegados de creyentes y no creyentes en los sectores que se les ha encomendado.