Es cierto que las causas de las movilizaciones de las semanas pasadas fueron más bien difusas, pero sin duda deben haberse planificado con antelación y no de un día para otro. Y sin embargo nadie previó su magnitud. Desde que la sociedad civil, las organizaciones y movimientos sociales emergieron, ningún actor público, partido y […]

  • 18 abril, 2013

 

Es cierto que las causas de las movilizaciones de las semanas pasadas fueron más bien difusas, pero sin duda deben haberse planificado con antelación y no de un día para otro. Y sin embargo nadie previó su magnitud. Desde que la sociedad civil, las organizaciones y movimientos sociales emergieron, ningún actor público, partido y menos un medio de comunicación han sido capaces de anticipar, de tomar en cuenta, o bien, de liderar causas de estos grupos supuestamente carentes de poder, pero con alta sintonía con el resto del país.

Craso error de cálculo de las estructuras de poder. Cada vez que aparece una nueva movilización que agita calles, pueblos o regiones, la incredulidad de los políticos, los medios y la elite se asemeja a los mayas mirando a Cortés acercarse a la costa. Premoniciones, pero nadie ha sido capaz de anticipar, como si se tratara de ver para creer.

Todos sabían que la fe de los estudiantes secundarios en el éxito individual terminaría por ceder ante los nulos progresos en los resultados de la PSU. Todos sabían que sería imposible pagar las deudas de los egresados de las universidades privadas si nadie estaba dispuesto a contratarlos. Pero ni Bachelet ni Piñera lo anticiparon. No estuvieron en los progamas electorales, hasta que las movilizaciones estudiantiles los dejaron en la ingobernabilidad.

Todos sabían que en las redes sociales había una enorme campaña contra Barrancones. Pero nunca los medios y las autoridades la tomaron en cuenta, hasta que miles se tomaron el centro y en menos de 24 horas Piñera tuvo que revertir la decisión.

Todos sabían que la cartera de La Polar estaba inflada y que reventaría en cualquier momento, y nadie dijo nada, hasta que sorpresivamente un grupo de clientes se unió y dijo ante el Sernac lo que nadie se había atrevido.

¿Omisión, negación, soberbia, conflicto de interés?

Lo que ha ocurrido es un acto de negación de una realidad del porte de una catedral. La convicción consuetudinaria de que el poder está donde siempre, y que lo que mueve la realidad son las estructuras tradicionales. Pero es evidente que eso ya no es así: ante la asimetría del poder, éste se desplazó. Desde Santiago a las regiones; desde el Ejecutivo al Judicial (judicialización de proyectos de inversión mediante); desde los programas de gobierno a las encuestas; y desde los partidos a las asambleas ciudadanas.

El poder ha cambiado de forma: antes se articulaba en una rígida y jerárquica pirámide, con rostros ampliamente reconocibles. Hoy se ensambla en una creativa y dinámica red con rostros desconocidos y cambiantes. Y ante ello la elite no ha sabido adaptarse. Sigue mirando desde las alturas y no encuentra salida. Ha pasado desde la negación a la perplejidad pero no a la acción. No logra constituir espacios de deliberación, consensos y menos de solución.

Entre la elite, las que han logrado algún espacio de deliberación son algunas empresas que se han visto impelidas a actuar. Así, el clásico Congreso de Marketing de este año trata de que “el poder lo tienen las personas” y ahí surge la necesidad de jugar un nuevo partido con los consumidores y ciudadanos (conciudadanos).

En cambio, para los medios, los movimientos sociales son noticia cuando revientan y tienen una dimensión nacional, y suficientes barricadas. Confunden divulgación con análisis, lo que muchas veces no sólo beneficia a los eventuales “abusadores”, sino también a “los oportunistas”.

Los que están definitivamente petrificados son los dos grandes conglomerados políticos. No reaccionan. Como si vivieran en Keops. No logran vincularse con los emergentes movimientos sociales e impiden que miembros o movimientos políticos cercanos sirvan de puentes con esos grupos.

Dos casos emblemáticos. En la Concertación, al movimiento Revolución Democrática de Giorgio Jackson le condicionan su incorporación al pacto parlamentario a cambio de que asegure incondicionalidad a la candidatura presidencial. O sea, no interesan las ideas, sino la incondicionalidad. En la Alianza, algo similar ocurre con Felipe Kast y Evolución Política: intentó armar un frente de independientes para “oxigenar” a la coalición, pero no ha logrado convencer que su tarea no es denostar a su sector, sino sumar fuerzas.

¡Como si no necesitaran ayuda para conectarse con la sociedad civil y sus manifestaciones de poder! Los de la Concertación cuasi escondidos; los de la Alianza mirando con vértigo el destino de sus primarias. Pero siguen sentados en la pirámide; y no menos perplejos. La Bachelet descolocando a todos con su aterrizaje en El Bosque, abriendo una vía libre con los movimientos. Y personajes tan talentosos como Velasco, pero elíticos en exceso, preguntándose a quién cresta represento. Crisis de representación pura. Es tiempo de tomar en serio a la sociedad civil y sus manifestaciones de malestar. •••