Por Vivian Berdicheski S. Fotos: Alejandro Barruel O. Ya perdió la cuenta de cuántas veces ha dado la vuelta al mundo, y la cantidad de millas que acumula visitando viñedos en diferentes puntos del globo y haciendo negocios en torno al vino. Sobre sus hombros carga el nombre de una dinastía, la dinastía que su […]

  • 2 mayo, 2014

Por Vivian Berdicheski S.
Fotos: Alejandro Barruel O.

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Ya perdió la cuenta de cuántas veces ha dado la vuelta al mundo, y la cantidad de millas que acumula visitando viñedos en diferentes puntos del globo y haciendo negocios en torno al vino. Sobre sus hombros carga el nombre de una dinastía, la dinastía que su tatarabuelo inauguró en 1870 y que hoy, cinco generaciones más tarde, tiene a la familia Torres como uno de los clanes más famosos del planeta vitivinícola.

Miguel Torres Maczassek es amable y simpático y sabe cómo responder cada pregunta relacionada con el vino, pero cuando se trata de entrar en una esfera más personal se siente incómodo. Le pregunto por su identificación política y dice: “Ya seas de derecha o izquierda, a todos les gusta el vino, incluso a los dictadores (risas). El vino tiene un lenguaje universal. En política no me meto”.

La viña se ha convertido en un consorcio multinacional –una marca conocida en los cinco continentes que produce vino en Chile, España y Estados Unidos, además de un famoso brandy y hasta un pisco de Limarí–, sin perder su carácter familiar. Elabora más de 60 etiquetas distintas, vende 12 millones y medio de cajas a 150 países y trabajan en ella miles de personas. “Tres mil familias dependen de nuestra compañía”, prefiere decir él.
Miguel Torres M. no es un recién aparecido en Chile, pero ésta es la primera vez que da una entrevista como director general de la firma. Según un rígido protocolo, la sucesión de la empresa está en sus manos desde que su padre cumplió 70 años. Aunque el patriarca goza de buena salud, debió abdicar para ceder el mandato a su hijo.

Miguel vivió en Curicó durante tres años y dos de sus hijos son chilenos. A fines del 2009, llegó a la gerencia general de la bodega chilena para poner en marcha planes de crecimiento. Sin embargo, producto del terremoto, cambiaron las prioridades. Entre otras cosas, la empresa debió construir casas para sus trabajadores, varias de ellas en el sector vecino de Piriguin, poblado donde conoció de cerca la realidad del campesinado que subsiste precariamente trabajando en la vitivinicultura artesanal. Producto de esta experiencia es que Torres aplicó primero a sus vinos Santa Digna el sello de Comercio Justo o Fair Trade, que entre otras cosas promueve un pago adecuado al pequeño productor por su uva, buscando que logre un beneficio económico que le permita perdurar, además de establecer criterios de sustentabilidad y medidas de apoyo a la comunidad (como arreglar una escuela o entregar bicicletas a los trabajadores).

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De hecho, uno de sus grandes legados fue redescubrir la cepa país, la más vieja y olvidada de las variedades nacionales, que trajeron los españoles durante la Conquista. Pagando tres veces más por la uva a pequeños viñateros, creó un espumante rosado, que llamó Estelado. Varias veces ha sido elegido como el mejor en su categoría por el Annual Wines of Chile Awards.

También lanzó Reserva de Pueblo, un tinto ligero y refrescante elaborado 100% con uva país. Pero no sólo produjo vinos en Chile: “Me hice de grandes amigos a punta de asados y varias botellas”, bromea. Hablamos con él durante un viaje flash que realizó a Curicó, por menos de 48 horas, sólo para asistir a la fiesta de la vendimia del valle y coronar a la reina del evento. Una tradición que impuso su familia hace 28 años y que hoy Miguel Torres M. perpetúa, como buen heredero.

-¿Está enterado de la reforma tributaria que se piensa hacer en Chile y que establece un nuevo impuesto para el vino?
-Pienso que será muy negativo para el sector. Es un impuesto que perjudicará a miles de familias en Chile dedicadas a la viña y disminuirá el consumo per cápita que ya es uno de los más bajos entre los países productores. Es injusto que se grave un alimento que, bebido con moderación, ha demostrado que tiene propiedades beneficiosas para la salud. El vino es parte de la imagen país de Chile, por ello en lugar de penalizarlo se debería dar una protección especial a este sector.

-Lleva un año y medio a la cabeza de la compañía, ¿cómo evalúa este período?
-Ha sido muy bonito que yo como quinta generación siga en esto, recibiendo el mando de mi padre, como a su vez lo hizo él de su padre. Tenemos un muy buen nivel de entendimiento en la familia, lo que nos permite combinar la juventud y la energía de querer hacer cosas con la experiencia de las antiguas generaciones. En términos concretos, he llegado a entender con mayor profundidad la dinámica de las cosas en la compañía. Creo que mi mano se verá pronto, ya que he elaborado unos planes que darán sus frutos durante el año.

-¿Es una presión muy grande manejar una compañía de estas dimensiones?
-Pienso que tu responsabilidad es trabajar el día a día y hacer bien tu labor. Es la única manera de poder cumplir con tus objetivos. Si te obsesionas trabajando, fácilmente pierdes el objetivo en sí mismo, ya que seguramente sentirás demasiada presión. Yo voy al día a día.

-¿Qué significa llamarse Miguel Torres? ¿Se rebeló alguna vez a la idea de ser viñatero?
-No sé si rebelarme, pero tenía claro que antes de entrar a la empresa familiar quería hacer otras cosas, quería ver un poco de mundo, entender por dónde iría. Estuve trabajando en distintas empresas, como Danone y Carolina Herrera, ambas fueron de buen aprendizaje y me la pasé muy bien, pero llegó un día en que la viña me llamaba, y yo también tenía ganas de empezar a trabajar en la bodega.

-¿Recuerda a qué edad le dieron de probar la primera copa de vino?
-Desde pequeño me daban una merienda para niños típica de Cataluña, que consiste en pan con vino y azúcar. Muy sabroso. Así que la primera vez que bebí no recuerdo. A mis dos hijos menores también les doy, y a la mayor, de 5 años, le dejo que huela el vino, pero no probarlo aún.

-¿Con tanto vino alrededor… alguna vez se pasó de copas?
-Sí, era muy jovencito y lo recuerdo bien. Mi padre me invitó a degustar vinos de los tanques, ese vino estaba fermentando y tenía bastante azúcar. Mi padre iba catando con otra persona y ellos escupían. A mí me pareció que eso de escupir era horroroso, que estaba tan dulce y bueno el vino que lo debía tragar. Y claro, tomé muchos vinos hasta que me emborraché. Mi padre se dio cuenta, yo me sentí muy ridículo y con un gran dolor de cabeza. Aprendí que el vino hay que respetarlo y que la mejor forma de tomar es con moderación.

-¿Tiene alguna cepa preferida?
-Me gustan tanto los blancos como los tintos y es difícil decir cuál cepa es mejor que otra, porque todo depende de las situaciones al momento de beber. Ahora, sí puedo decir que tengo un cariño especial por la cepa país, porque ha sido un proyecto de recuperación de una variedad chilena que llegó hace 500 años y que estaba botada. Poco a poco hemos ido consiguiendo que se revalorizara y que la gente apostara fuerte por ella. Es muy emocionante cuando descubres una cepa por la que nadie daba nada y de repente de ésta sale el mejor espumante de Chile.

-¿El proyecto de rescate de la cepa país tiene también una vertiente social, de apoyo a los pequeños productores?
-Totalmente. Con el equipo fuimos los primeros que pusimos a esta variedad en el mapa y, además, decidimos certificar todos estos vinos como comercio justo para intentar ayudar a la gente de campo que, históricamente, había quedado relegada a un segundo plano.

-Ahora que ha vuelto a vivir en España, ¿cómo ve la crisis allá? ¿Están saliendo del túnel?
-Creo que estamos saliendo, las empresas están mejor. Pero todavía no podemos ver buenos resultados. Los índices de empleo y de consumo están muy bajos. Una lástima.

-¿Cómo afectó la recesión a la casa matriz de la compañía?
-No hicimos despidos generalizados, pero algunas personas que estaban a punto de jubilarlas, las jubilamos anticipadamente. Nuestra gran suerte es que para esa época ya estábamos exportando el 70% de la producción. A pesar de que en España la crisis fue fuerte, tenemos mercados como Asia, Rusia, aparte de Sudamérica, que están andando muy bien, y por ahí compensamos.

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EXPLORANDO EL VALLE
Miguel A. Torres, su padre, había escuchado de Chile y de las buenas condiciones fitosanitarias de sus tierras, protegidas por esas verdaderas murallas naturales que son la cordillera de los Andes y el mar, el desierto del norte y los hielos del sur. Buscando un destino para ampliar las fronteras de la empresa, siguió los consejos de su amigo y compañero de estudios en Dijon, Alejandro Parot, quien le recomendó el valle central chileno. En 1979, compró un viñedo de cien hectáreas y una pequeña bodega próxima a Curicó.

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La llegada del empresario español marcó un antes y un después en la industria. Introdujo la tecnología moderna a la vitivinicultura nacional, incorporando la fermentación del vino en cubas de acero inoxidable y el envejecimiento en barricas de roble francés. En 30 años, la empresa fue adquiriendo distintos terrenos (Empedrado, Maquehua, San Francisco) hasta sumar 450 hectáreas de viñedos. La última adquisición fueron 230 hectáreas en el sureño valle de Itata.

-¿Por qué eligió Itata como nuevo destino?
-Por la capacidad de agua que tendremos en un futuro.

-¿Sólo eso?
-Lo que estamos viendo es el incremento de las temperaturas, en los últimos 20 o 25 años subió un grado, cosa que puede parecer poco, pero para un viñedo es muy importante para la elaboración de vinos de calidad. Es más, en el último informe del panel intergubernamental de cambio climático, que reúne a los 600 expertos más importantes del mundo, se indicó que para el 2100 la temperatura puede subir unos cuatro grados. Y estamos viendo que en todos los lugares se va a expresar de manera diferente. Por ejemplo, aquí en Chile el gran problema es el agua, los valles centrales cada vez tienen menos agua y eso es preocupante, porque la agricultura aquí se basa en el recurso hídrico.

-¿Cuál es el potencial de este valle, que últimamente estaba destinado a la producción de vinos masivos, de pipeños y garrafas?
-Tiene ríos con gran caudal, lo que nos permite un gran acceso al agua. Además, es uno de los valles más antiguos de vino en Chile, con un patrimonio histórico impresionante. Y nosotros estamos comprometidos a recuperar esta tradición chilena de 300 años de vitivinicultura antes de la llegada de las cepas francesas como Cabernet Sauvignon y Merlot. Allí están las parras más viejas de país, moscatel, cinsault. Queremos hablar acerca de esos vinos.

-¿Un español que viene a revalidar la historia antigua de los vinos de Chile?
-Lo que pasa es que viniendo de afuera es más fácil entender los tesoros que tiene Chile. A veces estamos tan acostumbrados a beber una cepa como la país, en vinos sencillos del día a día, que no le damos la importancia que merece. Y esa vitivinicultura artesanal de las pequeñas familias haciendo el vino es muy bonita y se tiene que mantener.

-¿Esa sensibilidad es propia de la familia Torres?
-Esa sensibilidad la tienen algunas familias europeas. Para poder mirar al futuro necesariamente tienes que observar el pasado. Nuestro futuro es rescatar variedades antiguas, como son los moscateles o la cepa país.

-¿Tienen programado hacer en Itata un proyecto de ecoturismo?
-El plan está aún muy verde, pero tenemos un campo precioso que está al lado del río Ñuble donde se podrían ubicar caballerizas y realizar actividades propias de campo, además de degustar los vinos que hacemos ahí.

-Con 39 años y en lo más alto de la empresa, ¿a qué aspira?
-La verdad es que quiero hacer mejores vinos, ver crecer esta compañía y que de alguna forma podamos ayudar a la gente que trabaja con nosotros y en nuestro entorno. Y si algún día alguien de la sexta generación se interesa por el vino y quiere sumarse a Bodegas Miguel Torres, pueda dejar la empresa mejor de lo que yo la encontré. Y eso es decir mucho. •••