• 31 marzo, 2008

La expulsión del senador Adolfo Zaldívar y la posterior renuncia de los diputados colorines no implican, necesariamente, que los tiempos que corren ahora en la DC sean de calma y armonía.
Por una parte, hay quienes reprochan una insufi ciente comprensión del fallo por parte de los medios de comunicación. “Quedó la idea de que a Zaldívar se lo expulsó por votar distinto”, señala un DC. Y en ese sentido, el documento del Tribunal Supremo que redactó su presidente, el ex ministro Carlos Figueroa, fue en extremo cuidadoso: “no se puede exigir disciplina partidaria para cualquier conducta o proyecto, porque ello desnaturalizaría el valor que ella representa”, dice.
Pero más complejo es lo que ocurre con el resto de los colorines que integran el partido y que coexisten bajo variadas responsabilidades: alcaldes, concejales, miembros de la junta nacional, directivos de la JDC y militantes, algunos de los cuales buscaron defender “a combos y patadas” a su líder cuando se decidía su futuro en el Tribunal. De paso, al organismo se le viene encima otro caso polémico, cuando deba discutir el futuro partidario del ex presidente de EFE, Luis Ajenjo.
A ello se suma el reordenamiento de los chascones (ahora autodenominados Quinto Congreso), la corriente más “progre” del partido, dolida por el trato que recibió Belisario Velasco, uno de los suyos.