En 2015, el dueño de una empresa que procesa pagos con tarjetas de crédito en Seattle, Dan Price, instauró un salario mínimo de 70 mil dólares al año para sus 120 trabajadores. Su sueldo de 1 millón y medio de dólares lo redujo a eso. Cinco años más tarde, reconoce que la apuesta valió la pena. De eso habla en el libro “Worth it”, que lanzará próximamente, justo cuando en Chile la idea de que altos ejecutivos y funcionarios de gobierno bajen sus remuneraciones toma relevancia.

  • 27 marzo, 2020

Dan Price tiene 36 años, usa el pelo largo y ríe mientras habla. Cuenta que es fanático de las caminatas por las montañas y que de ahí viene el nombre con el que bautizó Gravity Payments, firma especializada en cobranza de tarjetas de crédito y que anualmente genera 10 billones de dólares en ganancias. No para él. Para sus clientes, aclara.

Una excursión que hizo en 2015 junto con su amiga Valerie por las montañas Cascade, cerca de la ciudad de Seattle –panorama que prometía desestresarlos– se transformó para el joven en toda una revelación. Y el punto de partida de un cambio radical en su vida y en la de sus 120 empleados.

En medio de la caminata, Valerie –oriunda de Texas y miembro del ejército estadounidense por más de 11 años– le confesó que su realidad era un desastre. Sin previo aviso, le habían subido 200 dólares (unos $173.00 pesos) el arriendo mensual de su casa, por lo que veía insostenible su situación financiera a partir de ese momento. Price paró en seco. “Ella había servido por años a nuestro país, dos veces en Irak y una larga temporada en Alemania, y ahora trabajaba 50 horas a la semana en dos empleos para llegar a fin de mes. No podía ser posible”, relata Price desde Seattle. Los 38 mil dólares que ganaba al año –cerca de 3 millones de pesos al mes– no eran suficientes para vivir en Estados Unidos.

Él, incómodamente, le contó que en ese momento ganaba 1,1 millones de dólares al año. “Me di cuenta de que un tercio de mis empleados ganaba incluso menos que ella”, confiesa. “Fue ahí cuando quise dar un giro a mi vida”.

El empresario de entonces 31 años se percató de las desigualdades que se daban en su propia compañía y el lunes siguiente se reunió con su equipo. Sacó cálculos y decidió que aumentaría significativamente el sueldo mínimo de sus trabajadores. “Cualquier funcionario que recibiera menos de 70 mil dólares al año –aproximadamente 5 millones al mes– empezaría inmediatamente a hacerlo”. La filantrópica idea significó para la compañía un desembolso de 2 millones de dólares al año y un des- prendimiento personal de su propia fortuna. “Revisamos los números y nos dimos cuenta de que no nos daba, y fue por esta razón que decidí igualar mis condiciones con las del resto de la compañía”. El CEO de Gravity Payments redujo su sueldo en un 90%.

La banda, el café y el emprendimiento

Price nació en Idaho, estado del norte de EE.UU. famoso por sus paisajes montañosos, ideales para la recreación al aire libre, pero no creció precisamente en ese entorno.

Antes de cumplir los 5 años se trasladó junto con sus cinco hermanos a vivir a un terreno ubicado a pocos metros de un gran depósito de basura, lejos de la ciudad, prácticamente sin vecinos y con lo justo para subsistir. Sus padres, al extremo católicos, optaron por el homeschooling. No querían que sus hijos aprendieran la teoría evolutiva de Darwin y querían asegurarse de que su educación fuera ciento por ciento religiosa. Todos los días en la mañana –en familia y en voz alta–, los Price se reunían a leer la Biblia por una hora. El joven Dan, a modo personal, lo hacía por otra hora más.

Recién a los 12 años tuvo contacto con otros niños, cuando entró a séptimo básico al colegio. Junto con dos compañeros fundaron Straight Forward, una banda de rock que rápidamente se transformó en el hit del colegio. “Nos fue muy bien, tocábamos en festivales escolares y en conciertos locales, pero sobre todo lo hacíamos en Maxi Lava, una pequeña cafetería del barrio”. Fue ahí donde conoció a su dueña, Heather Hempel, con quien formó una estrecha relación.

“Un día, Heather me contó que estaba muy molesta con la empresa que le procesaba los pagos que sus clientes hacían con tarjetas de crédito. Se quejaba del monto que le cobraban a ella como dueña del negocio”, relata Price. El joven le ofreció ayuda. Al investigar más a fondo el procedimiento y prácticas de estas compañías, se dio cuenta de que podía entregar una solución más eficiente y con un mejor soporte. Y lo mejor de todo: a un costo mucho menor. Heather les contó a sus amigos –la mayoría dueños de locales comerciales– lo que Dan había hecho por ella y empezaron a contactarlo para pedirle asesoría. Sin saberlo, la mujer se transformó en el puntapié para que, a sus 16 años, emprendiera y más tarde creara el negocio que lo haría millonario.

Durante 3 años se dedicó a detectar y eliminar abusos y tarifas ocultas en el procesamiento de tarjetas de crédito, a cambio de un fee que no superaba los 100 dólares. Esto le permitió en 2004 abrir su propia empresa: Gravity Payments.

El CEO de la compañía es enfático en aclarar que su emprendimiento es distinto al de la mayoría. “El financiamiento para crear mi empresa vino 100% de mis ahorros y no gracias a inversionistas externos, como lo hicieron la mayoría de los grandes. Los pequeños locatarios que ayudé invirtieron depositando su confianza en mí. Gracias ellos me metí en esto”.

-¿Los grandes te refieres a Amazon, Facebook, etc.?

-Sí, me refiero a Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, por ejemplo. La diferencia es que ellos siempre se han preocupado de hacer más ricos a sus inversionistas y a ellos mismos, y lo único que les interesa es tener el monopolio de todo y se aprovechan de la gente común.

En lo concreto, Gravity Payments se diferencia de sus competidores –Master y Visa, por ejemplo– en el porcentaje que pide a sus clientes. “Las grandes empresas le cargan al dueño del negocio entre 2% y 5% por transacción y otras un poco más pequeñas entre 0,7% y hasta 1%. Nosotros cobramos como máximo entre 0,3% y 0,5%, esto es, menos de la mitad”, aclara Price.

Con 16 años de experiencia, tiene más de 20 mil clientes en Estados Unidos y Canadá, atiende 24/7 en inglés y español y su gasto operativo como empresa es bajo (menos de 50 millones de dólares al año). La ganancia anual –que por política no comparten–, afirma, es aún más baja.

El anuncio

-¿Cuánto cambió tu vida?
-Reconozco que al principio fue duro. Había comprado mi casa sin crédito hipotecario y lo primero que hice fue hipotecarla y ponerla en arriendo en Airbnb. Vendí mi auto y me fui a vivir al sillón de la casa de un amigo.

Acostumbrado a viajar en jets privados, descorchar botellas de mil dólares y practicar heliskiing en Alaska –esquí con helicópteros–, Dan Price por años tuvo la clásica vida de “yupi boy”. Hoy es un convencido de que haber renunciado a ese estilo de vida valió la pena. De hecho, el 13 de abril lanzará su libro Worth it (Vale la pena), en el que relata su experiencia. “Ahí me refiero a esos momentos donde me creía feliz arriba de un yate, pero no lo era, y explico por qué creo que mi vida es más feliz que la de Zuckerberg o Bezos”.

-¿Jeff Bezos y Mark Zuckerberg no son felices?

-No creo que sean tan felices como yo. Comprobé que soy mucho más feliz ahora, que si hubiera seguido sus pasos. Antes sentía un vacío, ahora no. Tengo relaciones humanas genuinas y no basadas en el interés.

Después de cinco años de haber implementado la tarifa salarial, el norteamericano afirma que su modelo de negocio funciona. El número de empleados se duplicó y el valor de las transacciones pasó de US$3.800 millones anuales en 2015 a US$10.200 millones en 2019. Otros datos lo hacen sentirse aún más orgulloso: “Antes de adoptar esta medida, en nuestro equipo nacían entre cero y dos bebés al año, y desde el anuncio ya han nacido más de 40”, explica Price. Otro ejemplo: más del 10% del personal ha podido comprar su casa propia. Antes, la cifra no superaba el 1%. Y el 70% de su equipo le ha confesado que ha pagado sus deudas. Tal ha sido el cambio en sus vidas, que en 2016 ellos le regalaron en agradecimiento el auto de sus sueños: un Tesla Modelo S, que coincidentemente costaba 70 mil dólares. “No sé si alguna vez lo voy a poder vender, lo amo”, confiesa.

-¿Te sientes una inspiración para otros?

-He comprobado que no lo he sido. Y tengo claro que si una persona lee esta historia no va a cambiar. Te aseguro que 1 de cada 100 personas quiere ser como yo y 99 de 100 como Bezos (ríe). La verdad es que mi único deseo es impedir los abusos, con cambios legislativos que protejan a las pymes.

Pese a los resultados y que fue catalogado como “el mejor jefe de Estados Unidos” por revistas especializadas, las críticas no se demoraron en llegar. Le reprocharon la intención política que habría detrás de sus decisiones, llegando a tildarlo de comunista. Además, dentro de la compañía también tuvo de- tractores, que no estuvieron de acuerdo que de un día para otro se les aumentara el sueldo a personas sin argumento: se perdería competitividad y se pondrían “flojos”.

-¿Existe detrás una declaración política?

-Ninguna. Y, aunque no lo creas, las estadísticas demuestran que tanto Donald Trump como Barack Obama han sido los presidentes que más han beneficiado a los grupos más ricos. No juzgo sus intenciones, pero si ves las ganancias, han sido exponenciales.

-Entonces, en las próximas elecciones, ¿por quién te vas a decidir?

-Creo que Bernie Sanders y Elizabeth Warren podrían ser una esperanza para la gente común.

Su último proyecto fue abrir la segunda sede de Gravity Payments en la ciudad de Boise, en Idaho, bajo las mismas condiciones que la sede central de Seattle.

A partir del año 2013 su foco ha estado en crear softwares y tecnología como pago a través de dispositivos móviles (POS), que permitan a las pymes man- tenerse como tal y no ser absorbidas por las grandes cadenas. “El café de Heather, por ejemplo, podrá seguir compitiendo con Starbucks sin tener que gastar millones de dólares en tecnología”, comenta orgulloso el estadounidense.