La cercanía de Semana Santa es una buena excusa para repasar diez de las obras sacras más importantes de la historia de la música. Una lista que obliga a dejar fuera a algunos clásicos, pero que ofrece un atractivo panorama de la evolución del género.

  • 1 abril, 2009

 

La cercanía de Semana Santa es una buena excusa para repasar diez de las obras sacras más importantes de la historia de la música. Una lista que obliga a dejar fuera a algunos clásicos, pero que ofrece un atractivo panorama de la evolución del género. Por Joel Poblete.

Advertencia: al leer el presente listado, más de alguien quedará defraudado. O sea, ¿no incluimos el oratorio La creación de Haydn, la Misa Solemnis de Beethoven, el Requiem de Berlioz, o el Te Deum de Bruckner? La tarea de escoger diez de las obras más importantes de la historia de la música sacra occidental, aprovechando la cercanía de la Semana Santa, puede ser ingrata. Mal que mal, el espectro cronológico y estilístico del género es enorme, y nos puede llevar desde el canto gregoriano y la monodia (una sola línea melódica para los distintos instrumentos), pasando por piezas fundacionales como la Misa Notre Dame de Guillaume de Machaut (siglo XIV) o la Misa del Papa Marcello, de Palestrina (siglo XVI), hasta los trabajos contemporáneos de compositores que siguen en activo, como el estonio Arvo Pärt (1935) y el británico John Tavener (1944), responsable de piezas como El velo protector y El velo del templo, quien incluso ha colaborado con la islandesa Björk.

Fue doloroso dejar fuera obras del último medio siglo, como los delicados Salmos de Chichester de Leonard Bernstein, o las de un músico tan asociado a lo religioso y espiritual como Messiaen, autor de trabajos fundamentales como La ascensión, Veinte miradas sobre el niño Jesús, La transfiguración de nuestro señor Jesucristo y la ópera San Francisco de Asís. Por sobre todas las cosas, la idea fue proponer un puñado de títulos que al menos deje satisfecho a los más expertos, pero además ofrezca a los neófitos un panorama de lo que ha sido la música sacra a lo largo de los siglos, de cómo ésta evolucionó desde el Renacimiento y el Barroco hasta las décadas recientes. Las grabaciones recomendadas también correspondieron a un criterio absolutamente personal, y todas están disponibles en tiendas especializadas o se pueden encargar por Internet.

CLAUDIO MONTEVERDI, Vespro della Beata Vergine (1610)


El camino de lo que con el tiempo se transformó en la música sacra lo sembraron antes autores como Palestrina, Machaut y Des Prez, pero quien en verdad alcanzó una de las primeras cumbres de la música religiosa fue Monteverdi, con esta obra inconfundible, hermosa y que de inmediato remite a su época, pero a la vez sirve de bisagra entre el estilo antiguo de composición polifónica y lo que vendría en el futuro.

Grabación recomendada: His Majesty’s Sagbutts and Cornetts, English Baroque Soloists, Coro Monteverdi, dirigidos por John Eliot Gardiner. Archiv.

JOHANN SEBASTIAN BACH, La Pasión según San Mateo (1729)


Para muchos Bach no sólo fue el mayor compositor barroco, sino además el más importante autor de la historia de la música, cuya carrera estuvo casi enteramente consagrada a las partituras sacras. Por eso era ineludible incluir un trabajo suyo. Si dejamos de lado creaciones tan importantes como la Misa en si menor, el Magnificat, el Oratorio de Navidad y muchas cantatas, fue simplemente porque esta Pasión, monumental por su extensa duración y por el arco musical que despliega, sigue siendo una composición insuperable, de demoledora belleza y espiritualidad.

Grabación recomendada: Concentus Musicus Wien, dirigidos por Nikolaus Harnoncourt. Teldec.

GEOG FRIEDRICH HANDEL, El Mesias (1742)


Teniendo en cuenta el amplio catálogo de obras sacras del autor –que incluye espléndidos oratorios como Saúl, Salomón e Israel en Egipto–, más de alguien pensará que acá primó estrictamente la popularidad de una de las composiciones doctas más conocidas por todo el mundo. ¿Quién no ha escuchado el Aleluya? Sin embargo la elegimos, sobre todo, por su mezcla de arias y coros que transita del sereno dolor y recogimiento a la escritura vocal virtuosa y al exultante regocijo.

Grabación recomendada: The Academy of Ancient Music, dirigida por Christopher Hogwood. L’Oiseau-Lyre (Decca).

WOLFGANG AMADEUS MOZART, Requiem (1791)


Usada hasta el hartazgo por la publicidad televisiva –la introducción incluso aparecía en un spot de zapatillas– y con la sublime Lacrimosa como sinónimo fílmico de tristeza y congoja ante la muerte, esta partitura inmensa no sólo maravilla por ser una pieza que absorbió al autor en sus días finales y por el misterio que rodeó su composición, sino porque es simplemente una obra maestra… y punto.

Grabación recomendada: Filarmónica de Viena, dirigida por Karl Böhm. Deutsche Grammophon.

JOHANNES BRAHMS , Un Requiem Aleman (1868)


No es una liturgia tradicional –los textos que lo inspiran no son los de la tradicional misa en latín, sino los de la Biblia de Lutero–, y además fue creado por un agnóstico, pero de todos modos este Requiem es una joya llena de humanidad, más serena y me nos teatral. Inspirado en buena medida por los sentimientos tras la muerte de su madre, el músico alemán emociona sutilmente con la espléndida mezcla de los coros y la orquesta, invocando la renuncia, pero también la resignación y esperanza para quienes siguen en la tierra.

Grabación recomendada:
Filarmónica de Viena, dirigida por Herbert von Karajan (la primera, porque hay otra posterior con la misma orquesta). Deutsche Grammophon.

GIUSEPPE VERDI, Requiem (1874)


El veterano compositor italiano, que era agnóstico, ya había estrenado Aída, y aún le quedaban las que para muchos son sus dos obras maestras en el campo de la lírica (Otello y Falstaff), cuando estrenó esta misa. La pieza logra una comunión perfecta entre el dramatismo y la teatralidad –como en su célebre, rotundo y tremendo Dies Irae- y el recogimiento, la dulzura y la serenidad de otros fragmentos. Desde la tenue y delicada introducción hasta el final, con la soprano y el coro susurrando lentamente Libera me, la idea de la muerte como algo inexorable y que pone a prueba nuestras emociones alcanza aquí una expresión soberbia.

Grabación recomendada:
Orquesta y Coros Philharmonia, dirigidos por Carlo Maria Giulini. EMI.

ANTONIN DVORAK, Requiem (1890)


Injustamente relegado a un segundo plano frente a otros requiem, este es uno de los mejores trabajos del compositor checo, creado precisamente al inicio del que quizás fue su período más notable y maduro. Aunque está notoriamente influenciado por la tradición romántica, ya permite vislumbrar en ciertos fragmentos el rumbo que tomaría la música sacra en el siglo XX. Una pieza de seductora belleza, armonía y lirismo, que merece ser más conocida por el público.

Grabación recomendada:
Orquesta Filarmónica Checa, dirigida por Karel Ancerl. Deutsche Grammophon.

LEOS JANACEK, Misa Gl agolitica (1926)


No todas las obras sacras son sinónimo de placidez y calma, y este es uno de los mejores ejemplos. Janacek también era agnóstico, pero de todos modos estrenó, dos años antes de su muerte, esta obra poderosa e impactante, que evoca la tradición religiosa eslava. Definitivamente no es para todos los gustos –aunque los más tradicionalistas tampoco tienen que asustarse; no es atonal ni mucho menos–, pero estremece logrando una fuerza que pocas composiciones sacras tienen.

Grabación recomendada:
Orquesta y Coro de la Danish National Radio Symphony, dirigidos por Charles Mackerras. Chandos.

IGOR STRAVINSKY, Sinfonia de los Salmos (1930)


En la época de la composición de esta breve pero reveladora obra –sobre textos en latín del Antiguo Testamento–, el artista ruso había dejado atrás el desafiante impacto sonoro y armónico de trabajos como La consagración de la primavera para volcarse, en cambio, en un sorprendente e inspirado neoclasicismo que unía el pasado con el presente: por un lado en su nexo entre el coro y los instrumentos, esta música arcana y misteriosa evoca a Bach y al mismo tiempo se vincula con la religiosidad ortodoxa de sus raíces. En otros momentos, sin embargo, adelanta las sonoridades de músicos como Britten e incluso permite intuir el serialismo al que Stravinsky consagraría sus últimas composiciones.

Grabación recomendada: London Symphony Orchestra, dirigida por Michael Tilson Thomas. Sony.

BENJAMIN BRITTEN, Requiem de Guerra (1962)


Esta obra maciza y conmovedora tampoco corresponde a una liturgia tradicional: mezclando textos de la misa en latín con poemas sobre la guerra escritos por Wilfred Owen, el músico inglés la compuso como un encargo para la consagración y reapertura de la catedral de Coventry, seriamente dañada en la Segunda Guerra Mundial. Britten era un pacifista, y por lo mismo acá luce uno de los rasgos que más lo caracterizaron como autor: la notable simbiosis entre música y texto. La forma en que la partitura distribuye los tres grupos orquestales para ilustrar los textos genera una atmósfera extraña y por momentos inquietante, que se convierte en una reflexión sobre los devastadores efectos de la guerra que hoy, casi medio siglo después, sigue más vigente que nunca.

Grabación recomendada:
London Symphony Orchestra, dirigida por el compositor. Decca.

 

Piezas sacras en vivo
A lo largo del país, las distintas iglesias, institutos culturales y universidades tienen atractivos programas de conciertos para Semana Santa. En la capital, entre lo más destacado para los próximos días de recogimiento figuran:

-Tres valiosas alternativas para el martes 7: a las 19:30 horas, la Universidad de los Andes iniciará su temporada de música en el edificio de su biblioteca, con la Misa en si menor de Bach, interpretada por destacados solistas (Andrea Aguilar y los cada vez más activos Evelyn Ramírez, Iván Rodríguez y Patricio Sabaté), con un ensamble instrumental dirigido por Víctor Alarcón. Ese mismo día, a las 20:00 horas, en el Campus Casona Las Condes de la Universidad Andrés Bello, el coro de ese plantel, dirigido por Pablo Carrasco, interpretará fragmentos de obras sacras de autores como Mozart y Bruckner, en un programa que repetirá al día siguiente en el Campus Los Castaños de Viña del Mar. En ambas ocasiones, con entrada liberada. Por su parte, en la Iglesia María Madre de Misericordia de Lo Barnechea y a continuación de la misa, la Corporación Cultural de esa comuna (Coba) programó el Requiem de Mozart a las 20:30 horas, con solistas y la Orquesta de Cámara de la Universidad Andrés Bello, dirigida por Santiago Meza, acompañado por proyecciones de imágenes e iconografía de la Pasión.

-Destaca especialmente el VI Encuentro de Música Sacra del Instituto de Música de la Universidad Católica, que tuvo una partida de lujo con el estreno latinoamericano de La Pasión según San Marcos de Bach. Las presentaciones son gratuitas, cada jueves, en el Campus Oriente de dicha casa de estudios, y finalizarán el 30 de este mes con La Pasión según San Mateo, con la Orquesta de Cámara UC dirigida por Victor Alarcón; antes, el Jueves Santo, ofrecerán el Te Deum de Arvo Pärt, y el estreno en Chile del Agnus Dei de Alfred Schnittke, interpretados por la Orquesta de la Universidad Mayor, dirigida por Luis José Recart.