Bernardo Larraín Matte, presidente de Colbún y exponente de uno de los conglomerados empresariales familiares más emblemáticos del país, aboga en la entrevista de portada de la presente edición de Capital por liderazgos políticos con convicciones. Un tipo de liderazgo que, si bien para él puede tener nombre y apellido, es relevante porque es capaz […]

  • 22 febrero, 2013

Bernardo Larraín Matte, presidente de Colbún y exponente de uno de los conglomerados empresariales familiares más emblemáticos del país, aboga en la entrevista de portada de la presente edición de Capital por liderazgos políticos con convicciones. Un tipo de liderazgo que, si bien para él puede tener nombre y apellido, es relevante porque es capaz de plantearse con posiciones claras en momentos en que la atmósfera electoral está algo enrarecida y atrapada en una dinámica de visiones extraordinariamente desencontradas.

De acuerdo, aunque también se podría decir que el país requiere hoy más que antes de un liderazgo capaz de superar la narcosis de las cifras económicas, uno que vea que detrás de las altas tasas de crecimiento, de los elevados niveles de empleo subsisten pasivos que podrían lastrar el avance del país y que delante de los mismos datos hay activos subyacentes que bien gestionados pueden realizar las opciones de futuro adquiridas durante las últimas décadas de disciplinado crecimiento.

Hace unos días la Ocde destacó al país por su capacidad de acortar la distancia con sus pares más desarrollados, cuestión que nadie discute, que reconoce ciertamente lo bien que se han hecho las cosas, pero que también tiene otra cara menos amable. Y no lo decimos porque esa menor brecha podría explicarse por lo mal que han estado estos años esos pares “más desarrollados”, sino porque la entidad internacional recuerda que aún el país no se ha hecho cargo de temas que por años se han debatido sin avances.

Un mercado laboral relativamente poco flexible, con un sistema ineficiente de protección del desempleo, con bajas tasas de participación femenina, con retos importantes en materia de sistemas de capacitación de trabajadores, son algunos de los pasivos mencionados por la organización que reúne a 34 naciones, a los que sumó otros de sobra conocidos, en educación, claro está, y en libre competencia.

Pero cuidado, que la lista excede dicha enumeración. O acaso ¿se podría refutar que hay no pocos asuntos pendientes en infraestructura, en donde el aeropuerto es tal vez el ejemplo perfecto de cómo cuando el Estado camina y la economía corre se terminan creando cuellos de botella que son no sólo onerosos para la actividad, sino que también un tanto vergonzosos? ¿O en energía, en donde se podría escribir un verdadero tratado de las cosas que se han hecho mal o no se han hecho y que hoy no sólo golpean la competitividad de la economía, sino que virtualmente la están hipotecando a mediano y largo plazo?

Como visualiza Bernardo Larraín Matte este año será de definiciones claves y por lo mismo, más allá de las preferencias personales de cada cual, lo que se espera de quienes aspiran a liderar el país, es que tomen posiciones, asuman compromisos y sobre todo ejecuten lo que hace falta para alcanzar el desarrollo. •••