¿Alguna vez buscaste un botón de cancelar para eliminar una suscripción o un spam y luchaste para encontrarlo? Los “patrones oscuros” pueden ser los culpables.
Por Madhumita Murgia, Financial Times

  • 10 mayo, 2019

Probablemente todos hemos tenido esa sensación de irritación cuando nos damos cuenta de que nos registramos en algo online que nunca quisimos. Tal vez fue un avalancha de marketing de spam que aceptaste al no marcar una pequeña casilla que nunca viste. O tal vez llegaste al último paso de un proceso de compra en un sitio, solo para descubrir cargos adicionales.

Estos pequeños trucos de diseño tienen un nombre: patrones oscuros. Son las tácticas sutiles que muchas compañías digitales utilizan para manipularnos a hacer algo, o revelar información personal o financiera.

A menudo, los diseñadores explotan esas lagunas de la psicología humana. Por ejemplo, usan de manera intercambiable colores como el rojo y el verde para forzarte a cometer errores indeseados, o hacen que la opción “cancel” sea menos visible al mostrarla en gris o más pequeña dentro de una página web.

Harry Brignull, un consultor de experiencia de usuario, creó un sitio web que alerta sobre once tipos de patrones oscuros a los que hay que tener cuidado. La “trampa para cucarachas”, por ejemplo, hace alusión a cuando el diseño simplifica el registro pero luego es difícil cancelarlo (por ejemplo, una suscripción). Otro tipo son los “anuncios disfrazados” que se enmascaran como contenido; y la “privacidad Zuckering”, que lleva el nombre del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, es el truco para hacer que uno comparta sus datos sin quererlo.

El sitio de Brignull tiene un Salón de la Vergüenza lleno de ejemplos de trucos utilizados en la web. Entre ellos, cuando en 2016 Microsoft recomendó a los usuarios de versiones anteriores de Windows que se actualizaran a Windows 10. Al hacer clic en el botón “x”, que generalmente cierra el cuadro de diálogo, en realidad se descargaba el software: un clásico “cebo” en la taxonomía de Brignull.

El mes pasado, el sitio de periodismo de investigación ProPublica desenterró otro ejemplo. Reveló cómo Intuit, una compañía de software de contabilidad, en efecto engaña a los estadounidenses para que paguen sus impuestos cada año, a pesar de que califican para el servicio gratuito.

Estas prácticas engañosas sirven para aumentar los ingresos de estas empresas: miles de suscripciones difíciles de cancelar generan muchos ingresos. Pero el objetivo último es dejar cautivos a sus usuarios.

“Las empresas tecnológicas reconocen el lado irracional de la psicología humana y lo explotan, diseñando persuasivamente para su propio fin: la atención”, dice James Williams, investigador de la Universidad de Oxford que anteriormente trabajó para Google y ahora estudia las interrogantes del libre albedrío en la era digital. “Al final del día, ese es su modelo de negocio”, dice.

Para los consumidores, compañías como YouTube, Google y Twitter brindan un servicio, ya sea entretenimiento o información. Pero, como señala Williams, la publicidad es lo que realmente venden. Por lo tanto, existe un incentivo para recurrir a la manipulación, incluidos los patrones oscuros, para aumentar la participación de su audiencia y, a través de eso, la cantidad que pagarán sus anunciantes para llegar a todos esos globos oculares. “Hay sitios web completos que están diseñados de acuerdo con esas estructuras de incentivos y la lógica de la publicidad”, dice Williams.

Ningún segmento de la audiencia está exento de esta lógica. El año pasado, se le pidió a Jack Poulson, un científico computacional, que trabajara en un proyecto para mejorar las recomendaciones de YouTube basadas en consultas. El equipo sabía que los adultos generalmente usan palabras clave en sus búsquedas que los computadores entienden, pero que en cambio los niños utilizan un lenguaje natural. Así, el equipo recibió un conjunto de datos de búsquedas realizadas por niños para de esa manera entrenar un modelo de recomendación para ellos.

“El objetivo de modelar mejor a los niños era manipularlos mejor a través de la publicidad”, dice Poulson. “¿Estoy de acuerdo con que niños sean manipulados para propósitos de algún negocio irresponsable? Hay muchos tipos de anuncios fraudulentos de Google con los que hace mucho dinero”, dice el científico, quien decidió dejar la compañía en agosto pasado en forma de protesta.

Entonces, la próxima vez que descubra cargos inesperados en su tarjeta para una “prueba gratuita” que pensó que había cancelado, o haga clic en una noticia que realmente sea un anuncio, trate de no culparse. Nuestros cerebros humanos son falibles, y las empresas de tecnología son muy conscientes de sus peculiaridades. Aún así, ser sabios y conocer sus trucos y motivos es la primera línea de defensa.

 

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