• 24 agosto, 2010


Si nuestras universidades se empiezan a medir como las más grandes, avanzarán en la dirección correcta. De ahí sólo puede emerger desarrollo para el país.


Las ideas mueven la historia y definen finalmente las características de la civilización. Las ideas, a pesar de ser absolutamente inmateriales, tienen una fuerza sorprendente. Además, ya sabemos, se pueden “materializar”; es decir, se pueden transformar en objetos hasta llegar a la tecnología misma. Curiosamente, no sabemos qué son exactamente las ideas. Es como el amor: no sabemos qué es, pero sabemos reconocerlo cuando se presenta. Las ideas las reconocemos de inmediato y, efectivamente, no sabemos exactamente qué son.

Las ideas, por cierto, tienen muchas vertientes. Las hay de tipos espiritual, científico, literario, poético, social, estético y otras. Todas, en conjunto, dan vida a la sociedad moderna y al concepto de la civilización. La civilización actual está dominada por la tecnología, que es una especie de “inteligencia empaquetada”; es la inteligencia manifestada en ideas y éstas, transformadas en máquinas que, de esa manera, se suman a las inteligencias humanas en el hacer. De ahí el prodigioso avance material de la humanidad desde la revolución industrial: hombres más máquinas.

Si lo anterior es efectivo –que las ideas son el eje de la historia– una de las grandes claves de los países será organizarse para que éstas se produzcan, sean de calidad, se difundan y se distribuyan adecuadamente. De hecho, son la mayor riqueza posible, porque son capaces de generar riqueza.

Esa es, precisamente, la esencia del sistema educacional de un país, cuyo gran tronco son las universidades o la llamada “educación superior”. Yo prefiero llamarla avanzada, porque no creo que haya ninguna forma de educación inferior o menor. En fin…

En efecto, en los últimos 400 años han sido las universidades y los centros de investigación quienes han tenido la gran responsabilidad de ser los mayores difusores y generadores de las ideas. Es obvio para nuestro país el rol que han tenido las universidades en el desarrollo desde su gestación inicial.

En el siglo 20 se acoplaron al movimiento de las ideas los medios de comunicación y las empresas privadas. Estas últimas han acumulado grandes capacidades científicas y tecnológicas, que son elocuentes en el mundo moderno. En el siglo 21 se nos vienen, entre otras cosas, la inteligencia artificial, un fenómeno poderoso de redes y otras cosas que cambiarán la forma en que se multiplican y transmiten las ideas. Pero aún por muchas décadas más, las universidades seguirán siendo el eje principal. Más aún, de ellas mismas proviene el camino que tomará esta nueva civilización.

Por ello, lo que los países logren hacer en su educación avanzada determinará por ahora el destino que lograrán. El más poderoso sistema educacional del mundo está en Estados Unidos. Tiene literalmente miles de centros de educación superior, de los cuales sólo unos 100 son realmente conocidos internacionalmente. Es una poderosa pirámide de conocimiento y oportunidades para la juventud y un sistema muy dinámico, ya que en una década se crean decenas de éstos y también desaparecen otros. Su producción en ideas, publicaciones y premios Nobel es simplemente genial. ¿Cómo lo hacen? Esa es una de las tareas que debemos aprender. El primer paso para ello es lograr que nuestras universidades se acrediten en ese país y partan
por aprender cómo se gestionan las grandes del mundo.

Por eso es tan importante lo que ha hecho la Universidad Mayor al lograr la acreditación, por 5 años, por parte de una de las agencias más prestigiosas de ese país. Es decir, ha decidido aplicar los estándares de gestión de las más grandes, que es el camino que hizo grandes a esas universidades, las que a su vez hicieron grande a su país.

La OCDE, a la que se ha acoplado Chile, lo ha establecido como una práctica necesaria. Curiosamente, esta acreditación la ha obtenido en primer lugar una universidad privada y no una estatal. Esto demuestra la importancia que tienen estas nuevas universidades para el país y cómo empiezan a mostrar liderazgos que otras deberán imitar. Si nuestras universidades se empiezan a medir como las más grandes, avanzarán en la dirección correcta. De ahí sólo puede emerger desarrollo para el país.

Los países, en definitiva, no pueden nunca superar la altura de lo que sus personas son capaces de pensar e imaginar. Esa tarea está hoy en Chile delegada a las universidades. La Universidad Mayor ha dado un paso mayor para Chile.