El miércoles 18 de marzo el Costanera Center cerró sus puertas por decisión municipal. Solo está permitido que abran las farmacias y el supermercado en su interior. Un día después, recorrimos el centro comercial prácticamente vacío, a media luz y algo frío. Pero donde la música nunca dejó de sonar.

  • 27 marzo, 2020

Jueves 19 de marzo. 10:00 AM.

Las puertas del mall Costanera Center, ubicado en la comuna de Providencia, están abiertas. En su interior, en cambio, las casi 330 tiendas que alberga el centro comercial de Cencosud, empresa controlada por Horst Paulmann, están cerradas. Hay excepciones, claro, el supermercado Jumbo, las farmacias, el Laboratorio Clínico UC y los cajeros automáticos para realizar operaciones bancarias básicas. Así lo dispuso la autoridad municipal dos días antes: la tarde del martes 17 de marzo, la alcaldesa Evelyn Matthei comunicó a la ciudadanía que el Concejo de esa comuna había aprobado un artículo transitorio que regula el horario y cierre del comercio debido a la emergencia sanitaria por el coronavirus. Convirtiéndose así en el primer gran mall en salir de funcionamiento.

En las cuatro entradas que vimos abiertas hay guardias repartiendo alcohol gel para que los escasos visitantes que circulan –a esa hora son cerca de 50– por el centro comercial más grande de Latinoamérica –268.000 metros cuadrados construidos– se limpien las manos. Ellos no usan guantes ni mascarillas, así lo ha dispuesto la empresa a cargo de la seguridad del recinto, pero sí mantienen una distancia prudente cuando la gente se acerca a preguntar algo.

Uno de ellos, responsable a esa hora del acceso de Andrés Bello, asegura que no tiene miedo y plantea su hipótesis sobre la situación: “Esto es toda una conspiración inventada para acallar las manifestaciones sociales en distintas partes del mundo, incluido, por supuesto, Chile. Esta enfermedad es como muchas otras influenzas, solo que le pusieron un nombre distinto. No tengo miedo”, dice el joven de no más de 25 años mientras ofrece desinfectante a los transeúntes.

La banda del Titanic

El 12 de junio de 2012 fue inaugurado el Costanera Center; su construcción había comenzado en marzo de 2006 y la inversión superó los US$ 1.000 millones. Horst Paulmann cumplía así uno de sus sueños: construir la torre más alta de Latinoamérica, con 62 pisos y 400 metros de alto, todo un ícono de un Santiago que se desarrollaba rápidamente. Hoy, la torre de oficinas sigue abierta, aunque son pocos los que llegan hasta ella. Sin embargo, la emblemática cascada de 8 metros de ancho y 12 metros de alto del mall, ubicado en el barrio conocido como Sanhattan, no está andando y el tradicional sonido de sus gotas –que forman textos e imágenes– se extraña al oído mientras se avanza por pasillos prácticamente vacíos y a media luz. Pero no es todo silencio: por los parlantes se escucha música, se trata de un pop femenino anglo, que casi como la banda del Titanic, acompaña a los pocos valientes que por esas horas circulan en un mall que estaba acostumbrado a recibir entre 3,1 y 3,9 millones de visitas mensuales, según datos de GeoResearch.

Hoy, en cambio, solo se ve gente dedicada a la limpieza, guardias, trabajadores de los establecimientos que tienen permitido estar abiertos y algunos clientes, los que, según concuerdan todos los consultados, han bajado considerablemente en comparación con la semana anterior, cuando a ratos cundió el pánico entre los santiaguinos y llenaron los supermercados y farmacias para abastecerse (y en algunos casos, sobreabastecerse). El llamado de las autoridades y de las propias cadenas de supermercados a comprar con moderación ha funciona- do y el temor a la extinción de productos ha menguado.

El recorrido comienza por la planta baja (PB), destinada a los servicios que hoy brillan por su ausencia, salvo por las farmacias. Tanto Salcobrand como Ahumada, ambas ubicadas en ese piso del subsuelo, abren sus puertas a partir de las 10:00 de la mañana, hora- rio en el cual tradicionalmente comenzaba a operar el centro comercial para el público general. Su cierre, en cambio, se adelantó desde las 22.00 horas a las 6 de la tarde. Las medidas de seguridad en esos establecimientos son claras: se ingresa por número de llegada y solo puede haber dos clientes a la vez al interior de las tiendas. Sus vendedores utilizan máscaras y guantes, y para pagar se debe mantener una distancia establecida de poco más de un metro. En la planta baja también funcionan los cajeros automáticos, pero definitivamente no se ve a nadie usándolos durante la mañana.

Para subir al primer piso todavía funciona la escalera mecánica. Una escalera casi fantasma, porque en una hora completa solo la usó una persona. Los ascensores, en cambio, no se utilizan o, por lo menos, durante esta mañana nadie quiso subirse en uno. En el piso 1 el panorama es un poco más movido. Allí funciona el Jumbo, cuyo horario comienza a las 8:00 AM y termina también a las 18:00 horas. El movimiento es lento, pero permanente: los clientes ingresan en su mayoría con mascarillas y guantes y un guardia los espera en la entrada para dispensarles alcohol gel, incluso a aquellos que llevan guantes en sus manos. “Se absorbe rápido, no se preocupe”, advierte el guardia del supermercado –que sí lleva puesta una mascarilla– a aquellos que lo miran extrañados.

La gente está tranquila y los carros no lucen abarrotados. En los mesones de atención, como el de fiambrería y carnicería, el público espera con distancia prudente entre unos y otros, y todo el personal utiliza una vestimenta que la crisis sanitaria requiere. Las góndolas están bien abastecidas y los reponedores del local dicen que hay mercadería asegurada. Las cajas están bien organizadas y la espera para pagar no es mucha, al menos durante la mañana. Las cajeras usan guantes, algunas también mascarillas. Lo mismo sucede con aquellos que ayudan a empacar. A la salida, vuelta a recibir alcohol gel, incluso sobre los guantes.

Frente al supermercado funciona la farmacia Cruz Verde. Dada su ubicación privilegiada, es probablemente la que más recibe público de las tres que operan en el Costanera Center. Son cuatro los dependientes que atienden hoy ahí, cerca de las 11:00 AM. Una de ellos es Verónica, quien viaja todos los días desde Cerro Navia al mall de Providencia. “Desde que la cosa empeoró y la gente ha decidido quedarse en su casa, demoro cerca de una hora en llegar al centro comercial, antes el trayecto en micro y metro duraba más de 1 hora y 30 minutos. Ahora la locomoción viene mucho más vacía. Lo mismo pasa en el mall, vemos muchísima menos gente de la habitual, diría que estamos recibiendo entre el 20% y el 30% del público de un día normal”, dice la mujer, quien usa su mascarilla, guantes y es muy estricta en que no traspasemos la línea amarilla que ha dispuesto el local para que se paren los clientes, los cuales ingresan por turnos.

No hay estrenos en el mall

La escalera mecánica sigue funcionando hacia el segundo piso. Usualmente esta planta concentra el 20% del público habitual que va al Costanera Center. Allí están, en su mayoría, las tiendas de mujer, las que representan el mayor número de visitantes a ese mall. Hoy está casi vacío, solo un par de personas revolotean cerca de la entrada desde Vitacura, única puerta que da directamente a ese nivel desde la calle: algunos trabaja- dores, otros guardias, también curiosos, casi todos con mascarillas y caminatas rápidas. Una foto o dos con sus celulares y, luego, la retirada.

Desde allí hacia arriba no hay más escaleras mecánicas funcionando. Asimismo, barreras de seguridad impiden

seguir subiendo. Me escabullo de la mirada de los guardias y logro llegar al quinto nivel, allí se encuentra el patio de comidas, el piso más popular del centro comercial en un día normal y donde hoy penan las ánimas. Los restoranes están cerrados, la luz es bajísima y, aunque afuera la temperatura ronda los 25o a esta hora, aquí se siente frío. Solo la música, otra vez una voz femenina cantando en inglés, acompaña la caminata. En el sexto piso, las 14 salas de cine también están cerradas: hasta nuevo aviso no hay más estrenos en el Costanera Center.

Antes de partir, una visita a los estacionamientos. Acostumbrados a ver abarrotados los cinco niveles de aparcamientos, hoy solo está disponible para el público el primer subsuelo, aquel pintado de verde manzana. Apenas están ocupados aquellos espacios cercanos a la entrada que lleva al supermercado. El resto, vacío.

Durante octubre pasado, el Costanera Center debió cerrar sus puertas durante 12 días tras el estallido social. En sus paredes exteriores aún se observan las planchas de acero para proteger sus estructuras. Las ventas durante ese mes cayeron entre el 50% y el 70%. Incluso, luego de que se abrieron sus puertas en noviembre, la merma de público fue de aproximadamente un 35%. Aunque en ese momento, el cierre fue total.

Desde Cencosud –empresa controladora de Costanera Center– reconocen que no existen estimaciones de la magnitud de la pérdida durante este cierre, sobre todo porque no hay ninguna claridad de cuánto podría durar la resolución de las autoridades y menos de la extensión de la crisis sanitaria. Por mientras, están evaluando las medidas para implementar con los arrendatarios de los locales, en términos de cobros y permanencia de los contratos.

Son las 12:30 PM del jueves 19 de marzo. Sigue la luz baja en el mall y las escaleras mecánicas andando a ritmo lento. A paso lento también camina la poca gente que circula aquí adentro. Y la música sigue, sigue sin parar.