Profesor de derecho de la Universidad de Los Andes, su firma ha sido una revelación en las columnas de El Mercurio. Directo, contingente y en las antípodas de lo “políticamente correcto”, sus ideas ponen la nota disonante por estos días. Por M. Angélica Zegers Por genes no se queda. Es hijo del destacado investigador y […]

  • 23 marzo, 2007

Profesor de derecho de la Universidad de Los Andes, su firma ha sido una revelación en las columnas de El Mercurio. Directo, contingente y en las antípodas de lo “políticamente correcto”, sus ideas ponen la nota disonante por estos días.
Por M. Angélica Zegers

Por genes no se queda. Es hijo del destacado investigador y médico Fernando Orrego Vicuña y sobrino del fallecido político y parlamentario Claudio Orrego, figura insigne de la Democracia Cristiana. Cristóbal Orrego (41 años) es una buena síntesis de ambos. Heredó de su padre el gusto por el aislamiento, el rigor en el trabajo, y la austeridad –vivida a diario en una familia de once hermanos sustentada en el sueldo de un profesor universitario– y se parece a su tío en la pasión que lo conecta a los temas públicos.

Desde chico le gustó opinar, aunque no salió a la luz hasta hace menos de un año. Sus columnas en el cuerpo de Reportajes del diario El Mercurio encienden de tanto en tanto la mecha de la polémica, más todavía cuando se hace el contrapunto con Carlos Peña, que tiene su espacio justo arriba de él. Este abogado de la Universidad Católica, profesor de la Universidad de Los Andes y numerario del Opus Dei, vive en carne propia la paradoja de que el planteamiento conservador termina convirtiéndose en rupturista y así va navegando en medio de polémicas provocadas por temas como el aborto, la píldora del día después, las uniones homosexuales o la eventual responsabilidad política “si acaso no moral o penal” que pueden tener Ricardo Lagos o Michelle Bachelet en la corrupción política y el relajo ético que Orrego observa como el lastre del Chile actual.

Con epítetos fuertes algunas veces y notas de humor en otras, sus columnas eso sí reflejan que por conocimientos él no se queda. Es doctor en derecho de la Universidad de Navarra y post doctorado en las universidades de Munich y Münster (Alemania), además de investigador visitante de la universidad de Cambridge. Fue en Alemania donde creó su blog, Bajo la lupa, hace dos años, porque quería dar a conocer sus ideas y recibir el impacto –relativo, por cierto– que generaban. De ahí a entusiasmarse con entregas semanales en la prensa había un paso bastante corto, aunque no por eso menos público y arriesgado.

SALIR DEL AULA

-¿Por qué y a quiénes quieres influir?
-Creo que hay bastantes temas de política y ética que he estudiado más que otros y mantener ese conocimiento aislado o solo a nivel de alumnos universitarios me parece poco. Creo que es una responsabilidad de quienes tienen dedos para el piano tratar de llegar más allá con su conocimiento y una de las maneras de influir es la prensa, sobre todo la escrita, porque los profesores de humanidades escribimos. Uno puede plantear este asunto de dos maneras que están clarísimas en los Diálogos de Platón. La primera es mantener una discusión desde una posición de poder, donde no importa tanto la verdad ni tener la razón, como conseguir que a uno le otorguen esa razón. Yo no me siento cómodo con ese planteamiento pragmático, sino con el platónico propiamente tal, que indica que no hay que buscar ganar en una discusión, sino dar a conocer una idea que se considera verdadera. Ojalá pueda influir a todo el mundo, pero no es un objetivo en sí mismo.

-¿Nunca tuviste dudas sobre lo que significaba salir del anonimato?

-Yo tenía algunas dudas sobre si este oficio era compatible con un nivel académico serio. Pero un profesor de filosofía amigo me dijo que se trataba de un criterio pasado de moda y que había un sentido de responsabilidad envuelto en la tarea de dar a conocer ideas que ayudaran a la gente a formarse un juicio sobre las cosas. Además, con las columnas y el blog uno se puede dar licencias de temas y lenguajes que no están permitidos en el ámbito académico, cuyas publicaciones muchas veces son un buen remedio para el insomnio. Yo espero hasta el día límite para escribir las columnas, de manera que sean lo más actuales posible, defino el tema y me lanzo a escribir. Nunca me demoro más de dos horas. Y como tampoco las repaso demasiado, esto me da bastante libertad.

-¿Qué tipo de comentarios recibes por las columnas?

-Hay de todo, desde gente que se ríe, hasta otros que encuentran que se me pasa la mano. De hecho, en las pocas ocasiones en que he usado palabras un poco más fuertes o malsonantes, a mi padre no le ha gustado nada. La gente que está alineada muy políticamente también me critica, incluso de la derecha, cuando un par de veces he criticado a la Alianza. Mi posición política está bastante clara, pero no es partidista y no implica que me tenga que inhibir de criticar o poner el acento en cosas que considero que están mal. Yo no soy neutral, pero tampoco soy un abanderado de los partidos a los que, por lo demás, encuentro demasiado contingentes. Por otro lado, la crítica política se puede ejercer perfectamente en contra de quienes uno considera más aptos para gobernar, como yo creo que es la Alianza, porque uno cumple la función de ayudar a ver las cosas con una distancia que los políticos no tienen.

-¿Tienes alguna relación con Carlos Peña?
-Me ha convidado a hablar a la Universidad Diego Portales, hemos estado muchas veces juntos y nos llevamos bastante bien. Uno puede estar muy en desacuerdo con una persona en algunos temas y estar de acuerdo en otros. El tiene ideas muy claras sobre la excelencia universitaria, una idea correcta sobre lo que es el trabajo bien hecho y sobre los estándares de calidad académica. En esto nos identificamos completamente.

-¿Con cuánta libertad puedes opinar siendo miembro activo de una comunidad religiosa, el Opus Dei, que puede verse influida por lo que dices?
-Yo no creo que los numerarios del Opus Dei deban ser reservados o tengan que aislarse de lo público. A los numerarios les pasa lo mismo que a la mayoría de la gente, que no se sienten capacitados para escribir o no les interesa. De hecho, me gustaría que fueran muchos más los numerarios que se sintieran cómodos escribiendo en la prensa o apareciendo en la televisión y la radio, pero cuesta exhibirse. Porque eso significa también exponerse a la crítica y hay que tener una vocación especial para hacerlo.
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PLURALISMO Y UNIVERSIDAD

-¿Qué entiendes por libertad, pensamiento crítico y universidad?
-Me supera la pregunta, (se ríe)… Si hay un ámbito donde se cultiva la libertad para pensar es la universidad y es esta institución la que por antonomasia busca la verdad sobre las distintas materias. Yo no veo que haya que contraponer la libertad para pensar con la verdad sobre esos temas. Es más, yo no tendría ningún problema con la posibilidad de estudiar a Nietzsche, por ejemplo. Pero también hay que ver en qué ámbito se estudia cada cosa, porque no estoy tampoco de acuerdo con el concepto de que en una universidad todas las ideas y posturas son igualmente valiosas. Esta universidad tiene una identidad católica y si se estudia a Nietzsche o Marx lo hará desde una perspectiva crítica. Además, también hay que preguntar si en una universidad agnóstica están las obras completas de Juan Pablo II, tal vez estén clásicos como San Agustín, pero el enfoque principal no está en los textos católicos.

-¿La idea no es enseñar a pensar más que a cómo pensar?
-Un profesor que tuve en la universidad de Edimburgo, que está vivo, fue quien consiguió que esa universidad comprara las obras completas de santo Tomás de Aquino, porque no podía entender que hubieran pasado tantos siglos sin tenerlo. ¿Era eso censura?, creo que no, simplemente no les interesaba santo Tomás y llegó él, que era agnóstico, a subsidiar el vacío. Esta universidad tiene un pensamiento crítico, y porque somos críticos podemos decidir que ciertos autores se apoyan más que otros. Eso no significa un desmedro para la sociedad, porque en todas partes se pueden encontrar textos de los distintos autores. Yo sigo en esto al pensador Alistair MacIntyre, quien dice que más que tener un tipo de universidad, todas liberales y donde todo vale, es bueno que haya distintos tipos y con proyectos de investigación contrapuestos. En ese planteamiento cabe perfectamente que no se pase a ciertos autores, que se enseñen de una manera crítica o solamente en ciertas carreras.

-¿Se puede encontrar la verdad recibiendo una sola verdad, o se llega a la verdad después de haber analizado todos los pensamientos?
-El objetivo es encontrar la verdad. Y entre encontrarla después de haber pasado por todo o encontrarla antes, mejor que sea antes. La universidad que dice que todo puede ser verdad, también tiene su verdad, que es que no hay una verdad. No nos saquemos la suerte entre gitanos, porque un buen porcentaje de chiquillos que entran a estudiar derecho a la universidad Diego Portales pierde la fe en tercer año y a mí nadie me puede decir que ahí no hay una postura clara.

-¿Es muy feble la fe de esos alumnos o me dices que la propaganda es extrema?

-Hay muchos profesores que son agnósticos militantes y no solo ahí, sino también en la Universidad de Chile y otras. El otro día un alumno me comentaba que un amigo suyo, que era evangélico convencido, estaba ahora absolutamente agnóstico por la influencia de la universidad. La razón de eso es que cuando se tiene una fe o un pensamiento de cualquier tipo, no solo en asuntos religiosos, a nivel de niño de ocho años, y se encuentra con personas híper preparadas, se lo terminan comiendo y no se trata de una cuestión conspirativa o de lavados de cerebro, sino de una cosa natural. En las conversaciones entre el cardenal Ratzinger y Habermas los dos son capaces de encontrar puntos de acuerdo y nadie termina olvidando sus principios, porque se trata de dos intelectuales que han cultivado su visión al mismo nivel.

-¿Es pluralista la universidad de Los Andes?
-No, es una universidad con identidad católica, lo que no implica que no pueda entrar gente de distintas creencias. Incluso, a veces pienso que es muy bueno que entren a esta universidad agnósticos o ateos que solo han recibido ese pensamiento, para que puedan conocer el otro lado, porque leyendo la prensa o viendo televisión solo van a tener la visión agnóstica de la realidad.

{mospagebreak}LA AVANZADA LIBERAL

-¿Sientes que los católicos están replegados?
-La mayoría de los centros de influencia intelectuales y culturales, la prensa y el aparato estatal tienen una matriz liberal y todo lo que tiene una identidad católica está sumergido. Esto es parte del proceso de secularización que se vive en el mundo, donde el ámbito de lo público se convierte en algo agnóstico y liberal y donde los criterios religiosos se repliegan al ámbito de lo privado, aunque las personas religiosas sean incluso la población mayoritaria. Como hay separación entre Iglesia y Estado, incluso los católicos que tienen algún cargo de representación popular o que están en el gobierno asumen que no pueden llevar sus creencias al ámbito público. Parlamentarios, jueces, periodistas o profesores cuya identidad católica, a diferencia de los liberales, marque una diferencia, son muy pocos. Incluso se podría decir que en estos ámbitos los agnósticos o ateos están sobre representados con respecto a los católicos.

-La pregunta, entonces, es por qué los católicos se replegaron… ¿Abandonó la Iglesia su papel educador?
-Parte de la explicación es que muchas instituciones católicas perdieron el norte, dejaron de luchar por la cuestión moral y religiosa y se enfocaron en temas como el cambio de las estructuras económicas, pensando que primero había que dar la lucha por el bienestar material y postergar para después la espiritualidad. La Iglesia también ha vivido sus crisis y eso influye en la sociedad. La formación de los propios colegios católicos ha cambiado profundamente. Hoy es todo mucho más liviano. Dudo, por ejemplo, que un discípulo del padre Hurtado haya perdido la fe en la universidad por encontrarse con cuatro o cinco profesores agnósticos.

-¿Cuál es la realidad de Europa en estos temas?
-Yo no creo en las explicaciones deterministas y pienso que los procesos siempre pueden avanzar más para bien o para mal. En Europa hay efectivamente una fuerte demanda de espiritualidad, lo que explica el auge de las corrientes orientalistas, por ejemplo, pero en el ámbito público la secularización es extrema. Si en Chile todavía se puede encontrar sacerdotes que escriban en los diarios o hablen en televisión, allá están excluidos, salvo que se trate de medios expresamente confesionales.

-¿Sentiste en la universidad de Münster o Cambridge, que son en la práctica laicas, ese acoso liberal que denuncias como una realidad chilena?
-En general en Europa las personas son más respetuosas con las creencias ajenas, aunque creo que los jóvenes católicos sufren más que aquí para defender su identidad, porque sus convicciones están bajo un ataque continuo. En una universidad inglesa expulsaron a la asociación católica de estudiantes de la federación de estudiantes acusándolos de homofóbicos, simplemente porque promovían programas de educación en la castidad que excluían las prácticas homosexuales, lo que es de toda lógica desde el punto de vista católico. En la práctica, los profesores no se van a referir al tema católico, no van a decir nada que sea ofensivo para ninguna religión, porque el tema está muy sensible. Ellos están más hostilizados por el ambiente público, por ciertas verdades que se instalaron como las políticamente correctas, que por sus profesores, que no son tan militantes como los agnósticos de aquí. En Chile, estas personas son más viscerales y se molestan porque todavía hay muchas instituciones públicas que tienen identidad cristiana.

-¿No sientes que los temas que permanentemente tocas en las columnas avivan la idea de que los católicos centran su atención exclusivamente en los temas de moral sexual?
-Yo lo veo al revés. Si no hubiera gente tratando de legalizar el aborto, de masificar la píldora del día después o las uniones homosexuales, nosotros no estaríamos hablando de eso y somos nosotros, no los liberales, los que menos interés tenemos en priorizar estos temas. Nosotros no estamos para nada enfocados en la moral sexual. De hecho hay temas de moral mucho más importantes que estos, pero no son temas públicos. De partida, es mucho más importante el tema de Dios, el reconocimiento de su existencia y la importancia que tiene en la sociedad, pero eso no está en el debate.

-¿Entonces ustedes solo reaccionan y no pueden poner temas en el debate?
-Sí lo hacemos, pero precisamente porque esos temas no son tan controvertidos no llegan a los medios. La presentación del libro que lanzó la universidad sobre la homosexualidad apareció en toda la prensa, mientras que otras cosas, a mí juicio mucho más importantes, ni siquiera se mencionan. Es absurdo decir que a nosotros nos interesa solo el tema sexual. La ética social nos interesa mucho más y se están haciendo muchas cosas en este frente, pero como no generan debate, simplemente pasan inadvertidas.

-¿Cuáles son los temas que más te preocupan hoy?
-Me preocupa bastante el permisivismo moral, que va de la mano de autoridades que piensan que lo único que se puede hacer es permitir. Otro tema, vinculado al anterior, es la corrupción pública. Se sabe que en todos los países donde ha habido regímenes socialistas existe corrupción. Siendo así, no tenemos por qué sorprendernos de que también exista en Chile.

-Tal como las dictaduras militares de los 70 en países como Argentina o Uruguay fueron absolutamente corruptas… ¿Se puede establecer una relación de causa efecto entre gobiernos socialistas y corrupción?
-Bueno la corrupción tiene causas muy variadas, pero efectivamente hay una relación de causa efecto directa entre socialismo y corrupción. Son gobiernos que promueven el uso de dineros públicos que al final nunca son suficientes para sus objetivos. El socialismo es una ideología materialista y si se piensa que uno está en esta vida para disfrutar de los bienes materiales, no veo dónde se pueden contener. Cuando vino a Chile Felipe González les dijo a los políticos de la Concertación que tenían que cuidarse de la corrupción, que era lo que había hundido al gobierno socialista español.

-¿Eres pesimista del futuro del país?
-Si no hay un cambio político, no creo que vengan cosas muy buenas para Chile. Es perfectamente posible que se mantengan los parámetros que permitan un cierto progreso y estabilidad económica y si no somos desarrollados el 2010, bueno, será el 2020. Habría que hacer todo muy mal para que no pudiéramos avanzar algo, pero eso es muy compatible con el abuso de poder, con que no se haga nada por frenar la decadencia moral o para que se produzca el fenómeno del PRI mexicano, que fue creando tantos lazos con el poder, que al final era imposible sacarlos y ahí estuvieron llevándose la plata para la casa por 70 años. Soy pesimista en la ética pública. Por lo mismo, creo que vendría muy bien que se aireara el ambiente y viniera gente nueva.