Al principio, la verdad, creía que no era una opción que la COP se cancelara, no había ninguna posibilidad que eso ocurriera, pero estaba informado de que se estaba barajando la idea.
Foto: Rodolfo Jara

  • 20 febrero, 2020

No participé directamente de la reunión donde se tomó la decisión final, que fue ese mismo miércoles 30 de octubre en la mañana, pero apenas terminó, la ministra Carolina Schmidt me informó lo que pasaría.

Me fui directo desde La Moneda a Cerrillos –lugar donde se realizaría la COP25– y en el camino preparé un WhatsApp para todo el equipo porque me preocupaba mucho ser yo quien les informara directamente, y la ventana de tiempo que tenía antes de que hablara el presidente era muy corta. En el lugar había unas 15 personas de mi equipo y cerca de 200 de la productora. Alcancé a llegar antes del anuncio oficial y contarle a mi equipo más cercano. A las once de la mañana escuchamos al presidente todos juntos y fue imposible no quebrarse, fue un momento de frustración e impotencia.

Hay mil cosas que pudimos haber hecho mejor, lamentablemente. Mucha gente quería participar y quizás, en el vértigo del día a día, no les abrimos la puerta a todos los que querían estar, a todos los que tenían algo que aportar, y debimos haber –o debí– de alguna manera haber buscado la fórmula para dar quizás más espacio. Pero la velocidad a la que íbamos lo complicaba mucho.

Una vez en España, la ceremonia de apertura fue súper fuerte. Fue ahí cuando volví a sentir la COP como nuestra, ahí me cambió un poco la sensación amarga que todavía arrastraba por no haberla podido hacer acá, después de todo lo que habíamos preparado, todo el esfuerzo. Pero España, el gobierno, el presidente y la ministra española Teresa Ribera se portaron extraordinariamente bien. Su speach era uno solo: ‘Esta es la COP de Chile, ustedes deciden’.

Estuve a dos metros de Greta, pero no conversé con ella nunca. Me dio la sensación de que estaba en una parada mucho menos agresiva que la que tuvo en Nueva York. Yo no fui a esa cumbre en Estados Unidos, pero por lo que me contaba la gente del equipo que sí fue y por lo que leí en la prensa, allá estaba muy agresiva.

Hubo que lidiar con muchas personas y tantos temas. El ministro de Medioambiente de Brasil, Ricardo Salles, por ejemplo, subió una foto que hizo noticia. Fue a un restorán en Madrid –una vez terminada la COP– y publicó una imagen con un brontosaurio gigante y escribió: ‘Para compensar nuestras emisiones en la COP, ¡un almuerzo vegetariano!’. Con ese tipo yo tenía que negociar… entonces, era una misión muy complicada.

Fue duro recibir las críticas sobre el Acuerdo de París. El desafío era muy grande y que te critiquen tan fuerte, obviamente genera tristeza, porque no pudieron ver o no conocían realmente todo el esfuerzo que había detrás y al final, y sobre todo aquí en Chile, lamentablemente parte de ese negativismo es transversal en la sociedad, por todo lo que estamos viviendo.

Chile tiene enormes fortalezas para enfrentar el cambio climático y yo creo que eso es una de las grandes cosas que tenemos que aprovechar. La radiación solar aquí es de las más altas del mundo, los vientos para energía eólica son enormes, hay un potencial de geotermia muy importante. Somos muy ricos en energía renovable, y eso es una oportunidad.

Actualmente, estoy en el proceso de cierre de la COP25. Hay todo un tema que es el no haberla organizado en Chile, lo que significa rendición de los fondos públicos, término anticipado de contratos, entre otras cosas. Y obviamente eso es lo que hoy nos tiene ocupados, porque no queremos perjudicar a nadie en este proceso y cerrar de la mejor manera.

No sé qué voy a hacer en el futuro. Por ahora no tengo ninguna decisión tomada, pero de una u otra forma, me mantendré ligado a la acción climática. Yo diría que es algo que todos tenemos que incorporar en nuestras actividades cotidianas y profesionales. Pero me gustaría buscar algo que de alguna manera pueda generar un impacto en ese sentido”.