Las primarias estadounidenses son un ejemplo que la Concertación debería seguir si quiere cambiar el escenario y tener alguna opción electoral. Pero resulta clave tener un proyecto país.

Estamos viviendo tiempos movidos: desde Aysén hasta Calama, desde La Polar al caso de los pollos, desde los movimientos ambientales al estudiantil. Y con ellos aparecen temáticas como la reforma tributaria, la descentralización y otras cosas que no estaban en la agenda del presidente cuando arribó con su pendrive a La Moneda. La ciudadanía está siendo capaz de mover las ideas, las instituciones, a las empresas y a las personas: están generando momentum.
Mientras tanto, la política pareciera estancada. No aparecen liderazgos atractivos, el cuoteo en los municipios sigue siendo un acuerdo entre algunos y la encuesta Adimark demuestra el rechazo que experimentan los dirigentes partidarios. Claramente, la capacidad de mover la tienen hoy día los movimientos sociales.
Aprovechar el momentum es algo fundamental en política. Bien lo sabe el ministro Goldborne que, luego del rescate de los 33, subió su aprobación y conocimiento de manera muy rápida. Bien lo sabe el ministro Allamand que, luego del accidente de Juan Fernández, subió en las encuestas como la espuma y aparece hoy día como uno de los mejor posicionados. El ex candidato presidencial y actual ministro de Desarrollo Social vivió algo similar con efecto contrario: producto de las marchas estudiantiles, su posición en las encuestas y su grado de aprobación cayeron considerablemente. Y cómo olvidar aquel momento en que la ex presidenta Bachelet, aun siendo ministra y sin claridad sobre su futuro, se subió a un tanque y entonces, junto con otros factores, pasó lo que todos sabemos.
Si los momentum políticos son importantes, ¿cómo poder crearlos y no esperar a que el azar los defina? Esa es una de las preguntas que deben estar haciéndose los candidatos presidenciales de la Concertación. La baja aceptación que muestra la coalición opositora obliga a sus líderes a generar cambios que movilicen a la ciudadanía y a los votantes… si es que desean volver al poder.
La celebración de primarias en que la gente se sienta parte de un proyecto es una buena manera de crear espacios de movilización. Un ejemplo son las primarias en Estados Unidos, donde los debates y las campañas buscan cautivar a los votantes y a la vez generar una plataforma para que el candidato electo cuente con un grado de apoyo relevante por parte de sus adherentes. La Concertación debiera entonces avanzar hacia una primaria abierta, en la que exista una fuerte campaña y los candidatos puedan mostrar sus proyectos. Para que esto no quede en buenas intenciones los candidatos tiene que salir a la calle y entusiasmar, cautivar y convencer. El proceso de encantamiento es lento y requiere de una co-creación, de volver a creer y de confiar en el otro. Para ello las ideas deben tener un sustento en la realidad local. En este sentido se hace riesgoso encerrarse en los think tanks, porque todavía no hay mejor forma de conversar y escuchar que reunir a las personas.
Algunos creen que se puede ganar momentum por el solo hecho de compartir las ideas a través de una plataforma web o de mensajes. Desgraciadamente, esto no es suficiente para crear un virus que inspire a las bases sociales.
Es aquí donde las primarias generan algo de complicación: existe el riesgo de que las candidaturas se polaricen y después sea muy difícil convencer a las bases de que el que fuera rival de tu candidato ahora es un personaje noble cuyas ideas son buenas. Por ello, además de hacer bien las primarias, los participantes deben ponerse de acuerdo en un marco común bajo el cual trabajar. Hoy en día se hace relevante y urgente dar solución a los problemas país y en esto la Concertación puede lograr ciertos acuerdos que unan a sus candidatos. Obviamente habrá ciertas diferencias, pero todos deben comprometerse en un marco general y luego velar por que aquél esté presente en el plan de gobierno.
Con las actuales candidaturas, al menos las de Orrego y Velasco, aparecen esperanzas de que se pueda trabajar en un marco común respecto de temas centrales como salud, educación, energía y desigualdad. Tener un plan de gobierno que esté por encima de las personas y que perdure en el tiempo es relevante en las políticas públicas. La primaria que ganó Obama hace algún tiempo (y que llevó posteriormente a su principal contendora a un lugar importante en el gobierno) puede ser un buen ejemplo no sólo del momentum político que generó el entonces aspirante demócrata sino de cómo uno también puede trabajar y construir con otros.