No es fácil llevar las riendas de un grupo de empresas familiares, menos cuando se está bajo la mirada de diez hermanos. Andrés Pérez Cruz hace ese trabajo sin dramas, como cabeza de un clan que se ha ganado reputación de austeridad. Grandes accionistas de empresas del área eléctrica e importantes empresarios en el rubro ganadero, filántropos y ahora dueños de una viña, los Pérez Cruz han implementado un modelo empresarial que se basa en la sangre, el orden y la confianza.

  • 27 julio, 2007

 

No es fácil llevar las riendas de un grupo de empresas familiares, menos cuando se está bajo la mirada de diez hermanos. Andrés Pérez Cruz hace ese trabajo sin dramas, como cabeza de un clan que se ha ganado reputación de austeridad. Grandes accionistas de empresas del área eléctrica e importantes empresarios en el rubro ganadero, filántropos y ahora dueños de una viña, los Pérez Cruz han implementado un modelo empresarial que se basa en la sangre, el orden y la confianza. Por Javiera Moraga; fotos, Verónica Ortiz.

 

Jueves 9:30 horas. Ya ha pasado la vorágine y el centro comienza a reponerse de la marea de autos y gente que lo invade todas las mañanas. Todos han comenzado sus labores. Andrés Pérez Cruz nos ha citado en su oficina de calle Estado. El edificio es antiguo y comparado con las modernas edificaciones de El Golf podría ser hasta menesteroso. Tiene unos doce pisos, pero no los aparenta. El ascensor es una reliquia y los pasillos tienen ese flexit antiguo que mezclaba el beige con el negro. La oficina 825 es realmente austera. Allí están los cuarteles operativos del family office de los Pérez Cruz. Los cuarteles generales de la viña familiar están a 45 minutos de Santiago, en la comuna de Paine. Esta no es ni una oficina inteligente ni hay mayores lujos en los muebles. Eso sí, es cálida y calza perfecto con el perfi l de austeridad familiar.

 

Andrés Pérez Cruz aparece en compañía de su cuñado, Rodrigo del Solar, con quien lleva las riendas de la viña junto a José Tomás Pérez Cruz. La entrevista es una experiencia casi inédita. Los Pérez Cruz tienen por regla no hablar con la prensa. Tal vez el que más figura es Matías, presidente de Gasco y Metrogas, porque el tema energético ha estado en la cresta de la ola en el último tiempo.

 

La historia de esta familia es casi increíble y podría dar para escribir una novela. Porque el patrimonio construido por Pablo Pérez Zañartu y heredado a sus 11 hijos –las estimaciones lo sitúan en varios cientos de millones de dólares– responde básicamente a dos factores: una gestión ordenada y un gobierno empresarial decidido.

 

Así es como han multiplicado el patrimonio con creces. Realmente con creces. Los Pérez Cruz están presentes hoy en diversos ámbitos del quehacer nacional. Sus inversiones más renombradas están radicadas en el área energética, a través de CGE y Gasco. Al mismo tiempo, se la han jugado por levantar una viña y por ampliar ganadera e inmobiliaria.

 

Actualmente, Andrés Pérez Cruz es quien preside el holding familiar. Hace casi ocho años que se encarga de estas responsabilidades, a las cuales accedió por votación mayoritaria entre los hermanos. Tiene 50 años, está casado con la artista Mónica Peric y tiene cinco hijos, dentro de los cuales destaca una hija de un año y medio que dice que lo tiene completamente rejuvenecido. Durante la entrevista hace un repaso por la historia familiar, por los negocios, por los planes de la Viña Pérez Cruz, una empresa que poco a poco ha ganado gran prestigio en el mundo del vino.

 

 

 

-Ustedes son reconocidos como una familia de grandes inversiones en el área energética… ¿Qué los motivó a apostar por el negocio vitivinícola?

-La propiedad donde está inserta la viña la compró mi padre en 1963. Desde el punto de vista agrícola este suelo era muy pobre y pedregoso por lo que estaba dedicado principalmente a la ganadería. Incluso, por ser malo el campo se libró de la reforma agraria.

 

 

-Tan malo no parece haber sido.

-Bueno, lo hemos trabajado y mucho e invertimos bastante. Yo estudié agronomía y mi hermano José Tomás egresó de la Escuela Agrícola de Paine como técnico agrícola. Como desde muy chicos mi papá nos llevaba a todos los hermanos al campo los fines de semana, eso nos creó una gran identidad con la tierra. Cuando murió en el 87, con mi hermano recogimos esa herencia y nos hicimos cargo del campo y empezamos a buscar alternativas. El 93 plantamos las primeras 27 hectáreas de viñedos, principalmente cabernet sauvignon y merlot, lo que coincidió con una época muy buena en el negocio vitivinícola. Poco a poco nos fuimos entusiasmando. El año 2000 completamos 140 hectáreas y hoy sumamos 142.

 

 

-¿Cuántas hectáreas tiene el campo?

-Tenemos 560 hectáreas a 45 minutos de Santiago, en la zona de Paine. Además contamos con una disponibilidad de agua como para llegar a 300 hectáreas de viñedos. Y nos hemos ido diversificando en materia de plantaciones. Tenemos alfalfa, 50 hectáreas de almendros y un bosque esclerófilo de boldos, peumos, quillayes, espinos, cactus y litres, entre otras especies. Todas están junto a la caja de un río y las mantenemos como un pulmón verde. Desde siempre hemos sido muy respetuosos con el medio ambiente. Las viñas están integradas con los árboles que siempre han existido en los terrenos.

 

 

-¿Qué tal ha sido la experiencia viñatera?

-Hasta ahora muy satisfactoria. Más allá de que teníamos este campo, debo reconocer que hubo otra motivación para que invirtiéramos en la viña. Si bien como empresa familiar tenemos inversiones en distintas cosas, no teníamos una empresa con chimenea, ni menos una marca. De alguna manera no teníamos identidad propia. Y creíamos que era demasiado importante dejar a las siguientes generaciones una suerte de sustancia, algo que las uniera en el futuro. Mi padre fue el fundador, nosotros somos la segunda generación, y ya la tercera generación son 51 sobrinos… la cosa ha ido creciendo. Fue por eso que comenzamos hacer nuestros propios vinos.

 

 

-¿Les complicó salir al mercado con la marca Pérez Cruz?

-No fue fácil. El Pérez Cruz era muy visceral y nosotros siempre hemos sido una familia de bajo perfil. El tema nos hizo bastante ruido porque era ventilar nuestro nombre y a todos nos carga la sobreexposición. Incluso algunas de mis hermanas se opusieron. Teníamos unas 20 marcas como alternativa, pero al final nuestro gerente general, José Ignacio Lazo, nos dijo que teníamos que poner la marca Pérez Cruz porque era lejos la mejor. A nivel mundial las marcas generalmente están relacionadas a las familias.

 

 

Aunque tienen varias otras inversiones, la viña fue el proyecto llamado a unificar la identidad familiar. “Creíamos que era demasiado importante dejar a las siguientes generaciones una suerte de sustancia, algo que las uniera en el futuro”.

 

 

 

De lujo

 

 

La viña de los Pérez Cruz tiene estándares fuera de serie. No se ha escatimado en nada para lograr la excelencia. Por ejemplo, la bodega fue diseñada por José Cruz, el famoso arquitecto responsable del stand de la Expo Sevilla 92 –el mismo donde se expuso el Iceberg– y del Hotel Explora en Torres del Paine. La bodega fue un tremendo desafío para Cruz porque jamás había incursionado en este tipo de proyectos.

 

-Que no se piense que José Cruz es pariente nuestro. En realidad es un distinguido arquitecto y lo invitamos a participar en un concurso para realizar nuestra bodega. De los tres proyectos que se presentaron el de Cruz fue el que más nos gustó -explica, Andrés Pérez Cruz.

 

El edificio está inspirado con el propósito de armonizar la estructura con la naturaleza. La obra en su totalidad está elaborada en pino radiata. Los arcos imitan las ramas de los árboles de la viña y permiten pasar el viento evocando el mismo proceso que se da naturalmente entre el viento y los árboles.

 

-Al principio estuvimos un poco temerosos porque la construcción era toda de madera, incluso hasta de madera doblada. Te asusta el precio. Pero felizmente en ese momento la celulosa estaba baja, si nos hubiéramos demorado un año más en tomar la decisión creo que el precio de nuestra bodega habría sido el doble –expresa el empresario.

 

Para los entendidos en materias vitivinícolas una de las mayores ventajas de la Viña Pérez Cruz, es que a pesar de que los suelos son pobres y pedregosos, permiten que las viñas se autorregulen a producciones relativamente bajas, algo así como siete mil kilos por hectárea. Además, existe un equilibrio entre la parte aérea y la parte de suelo de una manera muy natural.

 

La viña está enfocada particularmente a la producción de vinos tintos. La variedades cabernet sauvignon, merlot, carménère, syrah y petit verdot. Por cierto la cepa predominante es la cabernet sauvignon, con cien hectáreas de plantaciones. El equipo enológico está liderado por Germán Lyon, aunque los Pérez Cruz están metidos de la cabeza a los pies en su única empresa “con chimenea”, como la llaman.

 

-Apenas sacamos nuestros primeros vinos, mandamos a cinco concursos de categoría mundial botellas de nuestra producción, algo así como 16 muestras de los diferentes vinos. Y volvimos nada menos que con 15 medallas, la gran mayoría de oro -explica Pérez Cruz con un orgullo que se le nota en los ojos.

 

El impulso para seguir por esa senda lo dio el trofeo que obtuvieron el 2003 en el International Wine Challenge de Londres por la calidad de su syrah, considerado junto a otro de Nueva Zelanda como el mejor del mundo en esa ocasión, entre un total de15 mil muestras presentadas al concurso. Todo un acierto.

 

-Me llamaron de Londres para insistir que debía ir a la comida de premiación en septiembre. Llegué a una ceremonia que era como la entrega de los premios Oscar, todos de smoking. Jamás me había puesto uno y nunca había estado en algo así. El acto congregó a no menos 700 personas, todas elegantísimas. Pero lo más emocionante es que de repente ves en las mesas tus vinos, junto a otros de categoría mundial, como los del barón Philippe de Rothschild -señala.

 

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-¿A qué mercado apuntan?

-Esta es una viña que produce entre 65 mil cajas y 70 mil cajas. Se va a rentabilizar la inversión el año 2010 ó 2011. Teóricamente, ahí deberíamos llegar a números azules en la última línea. Hoy día estamos en números azules a nivel operacional. Hemos pasado por varias fases. El año 98 empezamos a vislumbrar que iba a producirse una depreciación en el precio de la uva. Y aun cuando nosotros estamos en un valle que tiene un gran plus en la calidad de las uvas, lo que significa que por la producción se suele pagar un poco más, vimos que las cosas se iban a poner difíciles. Así fue, pero nunca estuvo en juego la viabilidad de nuestro proyecto.

 

 

-¿A qué mercados están exportando?

-Estamos más o menos en 14 países. Te puedo decir que Canadá es nuestro principal mercado, luego Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, entre otros.

 

 

 

Apostando a Chile

 

 

-¿Cómo les ha afectado el tema del precio de la uva y el del dólar?

-El precio de la uva le afectó a la industria en general. Nosotros no compramos uva de terceros. Tampoco nos ha jugado en contra el hecho de vender uva a terceros, básicamente porque tenemos buenos contratos y porque nuestra uva siempre ha sido requerida y la han pagado a buenos precios. Aunque no sé si haber salido a vender todas las uvas del campo habría sido tan fácil. Al menos hemos mantenido precios razonables y rentables en nuestra operación agrícola. El precio del dólar indudable nos ha pegado fuerte. Al final del día tu exportación de vinos es en dólares y tener un dólar a $ 520 pesos te juega en contra. Pero todo indica que estas son las condiciones y vamos a tener que adaptarnos a ellas.

 

 

-¿Se puede ser competitivo con esa paridad cambiaria?

-Por cierto ahora es más difícil. Como industria y como país tenemos un desafío enorme. Para la media del mercado, Chile es un país desconocido desde el punto de vista vitivinícola. Distinta es la percepción de la gente que sabe de vinos y que ha probado variedades de distintos orígenes. Ellos sí saben qué es Chile y el tremendo potencial que tiene en esta materia. Pero todavía nos falta un montón. Es hasta vergonzoso ver lo poco que invertimos para ser conocidos fuera. Al final, nos van a ganar los argentinos y el día de mañana los peruanos. Hace falta una política de Estado y también dentro de la industria donde todos pongan plata de frentón. Hoy el esfuerzo exportador lo están haciendo individualmente todas las empresas y estamos perdiendo esa coyuntura de unirnos y trabajar en conjunto. La marca Chile algo se está tratando de crear. La campaña “Chile: all ways surprising”, se basa justamente en las sorpresas que puede traer un país como el nuestro.

 

 

-La campaña ha sido criticada en algunos círculos.

-Yo la encuentro buena porque tiene asidero. Perdimos la montaña porque los argentinos tienen tomada la Cordillera de Los Andes. Además tienen a Maradona, el tango, los glaciares del sur, el monte Fitz Roy. Y por el norte todo el sector de Tucumán. Tienen muchos más iconos representativos. Nosotros no podríamos tener como icono a los moais porque están mucho más identificados con la polinesia que con Chile. Es una cultura más isleña que continental. En algunos estudios con lo que más identificaban a Chile era con Pinochet. Pero obviamente nosotros no nos podríamos colgar de Pinochet para vender vinos.

 

 

-¿Qué piensa de Yellow Tail?

-Bueno, ahí está el caso de una campaña fantástica. Cuando los australianos se ponen como meta una cosa la cumplen. EnYellow Tail habrán gastado en marketing entre 100 y 150 millones de dólares, algo que nosotros no hemos gastado, ni tampoco gastaremos nunca en ninguna marca de desarrollo país.

 

 

-Las viñas grandes y más que nada las de boutique se han vuelto casi una nueva entretención empresarial. Parece estar inscrito en el ADN empresarial chileno que cuando alguien descubre algo nuevo, en un abrir y cerrar de ojos se convierta en tendencia, luego en moda y al final en boom. Ocurrió con el kiwi, los berries, las paltas. Eso hace que los mercados terminen saturándose. ¿No está pasando lo mismo con el vino?

-Las lógicas de mercado operan así. En Chile tenemos una deficiencia. Muchas veces la toma de decisiones pasa más por el olfato que por un tema de análisis cuantitativo del mercado. Operamos mucho sobre la base de tincadas e intuiciones. Nosotros no hicimos la viña de la noche a la mañana, ni porque los demás hacían esto. La viña tiene un valor agregado tremendamente importante para nuestra familia. Además creo que el mercado es súper sabio y se regula solo. Esos que entraron de forma intempestiva y que no tuvieron la capacidad para adaptarse van a ser los primeros en salir cuando el escenario se complique todavía más.

 

 

 

¡Achoclonados!

 

 

-¿Cuál es el legado que le dejó tu padre, Pablo Pérez?

-Lo del papá es difícil de emular y acercarse a lo que él era. Fue un hombre tremendamente trabajador, preocupado y estudioso, cariñoso y afectivo. Siempre nos trató de mantener a todos unidos.

 

 

-¿No debe haber sido fácil dado el tamaño de la familia?

-Por cierto. Tampoco fue fácil sacar adelante una familia tan numerosa siendo gran parte de su vida empleado público. A veces me pregunto realmente cómo lo hacía. Nunca nos faltó nada de lo básico. Ahora si me preguntas si de chico comí jamón, seguro que te contestaría que muy pocas veces. Y palta, debo haber comido cuando a los Aresti, nuestros vecinos, se les caían algunas en nuestro jardín. Además, no solo hay que contar 11 hijos sino a todos los amigos que llegaban a la casa. No era una cosa excepcional que en casa llegáramos hasta cincuenta personas.

 

 

– Una poblada…

-Yo creo que eso era lo más simpático. La Ema Villegas, la nana de la casa, tenía unos fondos gigantescos. Nosotros comíamos lentejas, charquicán, porotos, pantrucas. Los días jueves bistec de pana con ensalada rusa o el guiso de don Fausto.

 

 

-¿Cuál era ese?

-Repollo con cebolla. También había otro guiso que al papá le gustaba mucho que era el arroz con la carne molida. Jamás en mi vida recuerdo haber ido almorzar a un restaurant. Y con suerte alguna vez pasamos al Bavaria, que era el único restaurante que había en la zona, a comprar un poquito de jamón. Tal vez ni siquiera era jamón; perfectamente puede haber sido mortadela. El jamón era prohibitivo, un lujo. Tal vez ahí comí un sándwich fuera de mi casa.

 

 

Once hermanos, 51 sobrinos, un clan. En solo dos generaciones, los Pérez Cruz ya son un potente conglomerado empresarial.

 

 

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-¿Cómo partió su papá?

-Se me hace difícil explicarlo porque uno no sabe aquilatar lo que es tener una familia de 11 hijos. Además nosotros estudiamos en el Saint George y en el Villa María, en ese entonces también colegios caros. El papá era empleado de la Endesa, o sea empleado público, y aunque me imagino que el sueldo debe haber sido bueno, pero en ningún caso mejor que el de un gerente general de una compañía privada. La familia de mi padre tampoco era de fortuna. El toda la vida estudió, trabajó e incluso la Casa Dieciocho, que hoy es nuestro centro de eventos, era su casa de juventud la cual la compró junto a sus padres.

 

 

-Su padre fue hombre de espíritu público…

-Mi padre era de esas personas que tenían una fe tremenda en las empresas de servicio público. Siempre fue muy ordenado y ahorrativo. Y era también un visionario. Eso explica que por mucho tiempo fuera comprando acciones de la Compañía General de Electricidad (CGE). En los 70, cuando toda la gente se estaba arrancando de Chile, al papá lo echaron de la Endesa y se fue a trabajar a Bolivia. Pasaba un mes en Bolivia y un mes en Santiago. Trabajaba en la Ende, equivalente a la Endesa pero en Bolivia. Ahí reunió una buena cantidad de dólares los cuales invertía en diferentes cosas. Frente al mundo de los negocios, operaba con convicciones y máximas simples. Los países se desarrollan en base a los caminos y a la energía, nos decía, y ahí es donde hay que invertir.

 

 

-No se equivocaba en absoluto.

-Lo que él pensaba en materia de energía sigue estando plenamente vigente. La demanda por energía es cada vez mayor y crece un promedio de 8% anual. Eso significa que en ocho años tendrás que duplicar el parque generador que se ha producido en los últimos 60 y 70 años. Lo que se producía en 60 años ahora lo vas a tener que hacer en ocho o en diez años.

 

 

-¿Qué siente ante el complejo cuadro energético que enfrente al país?

-Tengo sensaciones muy encontradas. Por un lado, me da pena lo que estamos viendo. Fue mi padre quien tuvo la visión de traer el gas desde Argentina a Chile. El primer acuerdo se firmó a principios de los 80. Es una lástima que un acuerdo de complementación que demoró años en llevarse a cabo, que costó mucho sacar adelante, haya muerto por la voluntad de una de las partes, básicamente por efecto de malas políticas públicas en materia de precios e inversión en el sector. Pero no es mucho lo que se puede hacer contra la miopía de un pueblo y de un presidente. Es importante buscar nuevas oportunidades. Está el tema del gas licuado a presión (GLP), cuyas plantas deberían estar operativas el 2009 o el 2010, aunque las estamos necesitando ya. El país va a tener que reflexionar en serio sobre las condiciones existentes para el desarrollo del mercado energético porque hoy el cúmulo de regulaciones medioambientales nos está jugando en contra. No podemos estar preguntándonos a cada rato y respecto de cada fase de los proyectos qué hay que hacer con la lagartija que tomaba sol en una roca eventualmente afectada. Por cierto tenemos que ser cuidadosos con el medio ambiente, pero no más papistas que el papa.

 

 

 

Asuntos de familia

 

La familia Pérez Cruz es bien particular. A la muerte del patriarca, don Pablo Pérez Zañartu –parte de esa generación de ingenieros que estuvo en la creación de Endesa en los 50 y ministro de Obras Públicas de Jorge Alessandri- sus 11 hijos optaron por no desperdigarse y decidieron mantener la unidad del patrimonio familiar.

Todo comenzó en los 90, tres años después de la muerte de don Pablo. Desde entonces ya pasado un buen tiempo y en el intertanto los Pérez Cruz se han consolidado como un grupo empresarial potente en el país. Poco a poco la familia -ultra celosa de su bajo perfil- ha ido saliendo del anonimato y tomando un rol más protagónico en algunos temas del quehacer nacional.

Si hay algo que caracteriza a este clan es ser “ultra mateo”. Por eso, desde los 90 partieron con los cursos de cátedras familiares del profesor Jon Martínez. El además los ayudó a conformar sus consejos familiares y a realizar los protocolos de familia. -Nuestro protocolo es como nuestra constitución, y está basado principalmente en valores -explica Andrés Pérez Cruz-. Sin embargo, también detalla lo que se espera para las futuras generaciones y estipula las condiciones para el ingreso y la salida de los miembros de la familia. Ahí también se establece que cuando cumplamos 65 años debemos dar paso al recambio generacional -insiste.

El grupo funciona con dos comités. El primero es el consejo familiar, el cual hoy se encuentra presidido por Bernardita Pérez Cruz. En esta instancia se ven los temas filantrópicos, se adoptan los resguardos para el cuidado de la salud de la mamá y se decide la organización de las pascuas y eventos varios. Y también los encuentros donde la familia acoge a sus miembros en el club empresarial una vez que cumplen los 15 años.

-Los diez hermanos que quedamos vivos hacemos una especie de reunión de iniciación a quienes cumplen 15 años. El año pasado fue genial porque fueron ocho los nuevos miembros que entraron. Era la primera vez que entraban tantos, y todos hombres -cuenta Andrés Pérez Cruz. La finalidad de esta asamblea es informar y contar a la familia sobre las empresas y darles algunas visiones.

Y existe también el directorio de las empresas, que es por así decirlo el consejo familiar más empresarial y que sesiona una vez al mes. Actualmente, Andrés Pérez Cruz es el presidente del holding. En esta instancia se discuten todas las políticas empresariales de la familia y los futuros negocios.

 

 

 

Diversificados

 

Las inversiones de los Pérez Cruz han ido creciendo a pasos agigantados. Han apostado por áreas nuevas, y quien sabe qué cartita se traerán próximamente bajo el brazo. Inversiones Agrícolas: no solo la viña se ha transformado en una buena inversión para los Pérez Cruz. Esta familia ha expandido sus 50 hectáreas de almendras que van netamente para la exportación.

Inversiones Pecuarias: Tiene un fundo en el Lago Ranco, en la comuna de Paillaco dedicado a la recría de ganado. Es decir, compran terneros de 200 kilos y los engordan hasta 380 kilos. Luego los llevan a un feedblock donde se terminan de engordar produciendo un novillo de 490 kilos el que se vende al mercado. Este año la producción alcanzó a los 3 mil novillos. Este es un negocio ha ido creciendo y la familia está estudiando integrarse verticalmente en toda la línea.

Area de eventos: La Casa Dieciocho fue construída por el gran arquitecto Josué Smith Solar a principios de siglo. Allí se realiza todo tipo de eventos. Desde matrimonios hasta conferencias.

Inversiones inmobiliarias: Es un área que están explorando. Tienen un terreno de 18 hectáreas en Puente Alto, específicamente en las Vizcachas. Aún no saben si vender o desarrollar el terreno.

CGE: En la Compañía General de Electricidad don Pablo Pérez Zañartu llegó a tener el 2,7%. Sin embargo, el grupo familiar hoy ha crecido y tienen cerca de un 11%. Un gran patrimonio si se piensa que la capitalización bursátil es de 2.900 millones de dólares. Gasco: En esta compañía los Pérez Cruz tienen participación por dos lados.

Primero, a través de CGE, que tiene un 54% de la empresa. Y luego como grupo de inversionistas individuales con un porcentaje cercano al 11%.

 

 

 

 

En esencia

 

Los Pérez Cruz son filántropos por convicción y prefieren casi no hablar del tema. De hecho, tienen una fundación a nombre de sus abuelos Osvaldo Pérez Valdés y María Luisa Zañartu de Pérez, que otorga el premio “Pablo Pérez Zañartu”.

El galardón está dotado de unos 40 millones de pesos y por su cuantía es el mayor que otorga una institución benéfica en Chile.

El objetivo principal era ayudar a una persona natural que hubiera destacado en el quehacer nacional. En esa línea estaba por ejemplo, Reinaldo Harnecker el hombre que inició el plan de electrificación en Chile. Sin embargo, con los años la familia Pérez Cruz optó por dividirlo en un aporte país y en un aporte espiritual. De esta forma, se ha premiado a instituciones como la Corporación de la Madera (Corma), Paz Ciudadana o a personas como el doctor Fernando Monckeberg por sus investigaciones en materia de desnutrición infantil en el plano público, y a las monjitas de Curicó o al padre Raúl Hasbún en el plano espiritual.