Treinta años a todo vapor, con crecimientos sobre 10%… y el mundo pide más. Sin embargo, China está más madura, con menos pulsaciones y más pausadas y con crecimientos menos pomposos, que pretenden dar paso a un modelo de desarrollo que, bajo la atenta mirada de sus autoridades, consolide cambios cualitativos. Revisitamos China y pudimos apreciar cómo está mutando este gigante que en cosa de tres años pretende arrebatar a EEUU el título de campeón mundial. Por Roberto Sapag

 

  • 8 mayo, 2012

Treinta años a todo vapor, con crecimientos sobre 10%… y el mundo pide más. Sin embargo, China está más madura, con menos pulsaciones y más pausadas y con crecimientos menos pomposos, que pretenden dar paso a un modelo de desarrollo que, bajo la atenta mirada de sus autoridades, consolide cambios cualitativos. Revisitamos China y pudimos apreciar cómo está mutando este gigante que en cosa de tres años pretende arrebatar a EEUU el título de campeón mundial. Por Roberto Sapag

 

 

Suele ocurrir con China que los números, increíbles en su mayoría, sorprenden menos de lo que debieran. Como que de la segunda economía mundial se espera, como mínimo, que demuela a palos todos los records conocidos. Y como es eso justamente lo que ha estado haciendo por décadas, pareciera que ya nadie repara en lo descomunal de sus logros.

Tras la definición histórica de Deng Xiaoping de que lo importante es que el gato cace ratones, el país lleva 30 años creciendo sobre 10% promedio anual, ha sacado a más de 500 millones personas de la extrema pobreza y se apresta, en menos de un lustro, a ocupar nuevamente el puesto que alguna vez ostentara como la mayor economía del mundo.

 

 

 

 

Y aunque todo deslumbra y promete, detrás de los datos habidos y por haber se perfila un proceso histórico complejo que, al igual como ocurre con una curva estadística, se está acercando a su punto de inflexión. Dentro y fuera de China se reconoce que lograr tasas de crecimiento de dos dígitos es cada vez más cuesta arriba y que el proceso político interno promete ser más exigente, algo que hace unas semanas reconoció públicamente el propio Wen Jiabao. Todo eso obligará a los líderes de esta nación a tener más “muñeca” y al mundo entero, más resiliencia para seguir adelante en tiempos, de suyo, complejos a nivel global.

Hace unas semanas revisitamos China (luego de un primer viaje exploratorio en 2008) en el contexto de la Misión Comercial a ese país que Capital impulsó en conjunto con HSBC y que nos permitió, junto a un grupo de empresarios, conocer en vivo y en directo lo que se vive y siente en sus calles y empresas y cómo están calibrando estos procesos muchos chilenos que llevan algunos años aclimatándose a ese país de la mano de compañías nacionales que se han atrevido a poner fichas allá.

Proyecto crecedor

Tras recorrer Shanghai, Beijing y Hong Kong, urbes las dos primeras con cerca de 20 millones de habitantes en sus perímetros ampliados y de más de 7 millones la tercera, queda la sensación de que en estas distintas realidades de China todo se está diseñando y construyendo con la vista puesta a varios años plazo.

Eso queda absolutamente claro al recorrer la densa trama de caminos hoy poco transitados de la isla ecológica de Chongming, a las afueras de Shanghai en el delta del Yangtsé. Esta, la tercera isla más grande de China que está siendo expandida a fuerza de voluntad, está diseñada con miras al año 2020 en un proyecto que ensambla áreas agrícolas, residenciales, centros de negocios, hoteles y una zona protegida para aves de 54 hectáreas. Allí las energías solar y eólica están a la orden del día, y se prevé que en régimen un 80% de su superficie corresponda a áreas verdes.

Esta impresionante dinámica planificadora de Chongming también queda en evidencia al visitar Tianjin. Este, el cuarto puerto a nivel mundial según nos cuentan al recorrer sus instalaciones, también ha sido proyectado hacia el año 2020. Hoy, a medida que nos adentramos en sus instalaciones centrales, un enjambre de camiones corretea no con containers, sino que con rellenos y maquinarias que trabajan febrilmente para seguir robándole espacio a las viejas piscinas decantadoras de sal y al mar, de modo de cumplir puntualmente con el programa de avance de sus obras.

Las maquetas digital y física de Tianjin dan cuenta de un lugar que aspira, en pocos años, a hacer convivir el ajetreo de un puerto con la pausa de clubes de yates, instalaciones turísticas y zonas de embarque y desembarco de cruceros de lujo. Por de pronto, el lugar está en ebullición en sus bordes y funciona con relativa calma en sus instalaciones centrales, las que nos dicen aún están operando a una fracción de su capacidad.

También es sintomático del proceso actual que vive China lo que se aprecia en el horizonte desde las ventanas de sus trenes bala. Ciudades que emergen cada cierta cantidad de kilómetros y que a todas luces están en construcción o a la espera de ser habitadas. La prensa internacional ha acuñado el nombre de “ciudades fantasmas” y hasta ha estimado que los departamentos terminados y sin ocupar suman 64 millones, otra vez a la expectativa de lo que vendrá.

Como sea, en los lugares descritos es donde está palpitando más febrilmente la actividad económica del coloso asiático, que en 2011 creció 9,2%, un año después de abrochar con una expansión promedio anual de 11,2% el periodo 2006-2010, para el cual el undécimo plan quinquenal había pronosticado un crecimiento de 7,5%. Nos quedó la sensación de que no son las grandes ciudades las que llevan la batuta, sino que es en sus bordes urbanos, o derechamente al interior del país, donde las cosas están pasando en el afán de crecer al ritmo necesario para mantener los complejos equilibrios económicos, políticos y sociales del país.

Según un reciente análisis de Vittorio Corbo titulado La problemática china publicado en El Mercurio, “ahora que China ha alcanzado un ingreso de 5.000 dólares per cápita (7.500 en paridad de poder de compra) y que la tasa de crecimiento del empleo y de la productividad del trabajo se reducen, la tasa de crecimiento potencial se comienza a reducir”. Se trata de un tema no menor, que tiene a las autoridades enfocadas en graduar el proceso, evitando traumas.

En eso no hay dos opiniones y, de hecho, los expertos con los que conversamos nos dijeron que el 12º plan quinquenal en vigencia ha reconocido esta nueva realidad y que por ello las autoridades han remarcado que el plan actual buscará impulsar un cambio cualitativo, para lograr un crecimiento sustentable, que tenga menores emisiones de carbono, una amplia base de energías renovables, un énfasis en la internacionalización, con reformas estructurales y financieras bajo el brazo.

Con quienes hablamos, la mayoría concuerda en que en China hay conciencia de la magnitud del desafío y que, matices más o menos al interior del aparato gobernante, las palabras que pronunció a mediados de marzo el primer ministro Wen Jiabao son más que elocuentes. Dijo Jiabao: “la reforma ha llegado a una etapa crítica. Sin el éxito de la reforma política, no se podrán realizar las reformas económicas… Los resultados que hemos alcanzado podrían perderse”. Y no conforme con lo anterior agregó que sin dichas reformas “una tragedia histórica como la Revolución Cultural podría suceder nuevamente”.

Y es que China ha vivido, vive y seguirá viviendo un proceso de transformaciones inédito y fulminante, que tiene al resto del mundo atónito mirando desde la vereda.

 

 

 

 

Metamorfosis y más

El embajador de Chile en China, Luis Schmidt, recibió a la delegación Capital-HSBC en la sede diplomática de Biejing y allí nos aportó abundante información que da cuenta del ciclo de transformaciones que vive ese país asiático. Dice con convicción que China será la primera economía del mundo en cosa de tres o cuatro años; que nadie puede quedar indiferente a su peso relativo a nivel global, con un volumen de comercio exterior ascendente a 3.642.000 millones de dólares (10.710 veces más que el de 1949); que su clase media ya suma más de 350 millones de personas y que la sociedad como un todo está cambiando cualitativamente a pasos agigantados. De muestra, un botón: el consumo de productos de lujo está creciendo a tasas anuales del 25%.

Sus palabras fueron refrendadas por la observación empírica. El ciudadano chino no es el consumidor masivo que asiste a los mercados de copias. Son turistas extranjeros los que regatean en una batalla que siempre se pierde en mercados como el Silk Market.

Lo mismo perciben los chilenos que se están aventurando a abrir senderos comerciales en China. Nos dicen en reuniones organizadas por ProChile, que el consumidor local quiere calidad; que experiencias como la de la melanina en la leche ha hecho especialmente quisquilloso al comprador y que ahí Chile tiene mucho por hacer.

En alimentos, vinos y agroindustria, confidencian que hay enormes oportunidades que, si no se toman con decisión y a tiempo, se pueden perder. Al consumidor chino hay que hacerle ver que el vino, la uva, la leche y los salmones chilenos son de reconocida calidad a nivel mundial, ya que de lo contrario, es decir sin esa información provista por agentes públicos y privados de Chile, en su pragmatismo optará por los productores ícono. Es decir, comprará vino francés, salmones de Noruega, leche de Nueva Zelanda y así.

Schmidt, con alma de agricultor, no puede estar más de acuerdo con el diagnóstico, agregando datos duros, como los fuertes índices de crecimiento en las ventas de supermercados, el consumo en restaurantes y la demanda de productos de más alto estándar a todo nivel.

Pero no sólo la demanda de bienes se está sofisticando. También lo ha estado haciendo la oferta, que progresa decididamente hacia nuevas fronteras en materia de calidad. Así se comprueba en visitas realizadas a las instalaciones del gigante tecnológico Huawei y del fabricante de automóviles Great Wall.

Con unas pulcrísimas oficinas que se despliegan generosamente a lo largo de siete simétricos edificios, en Huawei nos cuentan que la empresa tiene ambiciosos planes de expansión, que dispone de un capital humano abundante y de calidad (140.000 trabajadores) y un nivel de investigación y desarrollo hambriento que no para de explorar en sus 23 centros destinados a ese fin.
Great Wall, que también ostenta una amplia relación comercial con Chile, no se queda atrás. Para nada. En sus más de diez años de relación con Chile, dicen estar en condiciones de seguir fortaleciendo lazos comerciales, al igual que lo quieren hacer con los otros 100 países a los que venden sus productos. Sus instalaciones, está demás decirlo, son también descomunales. La compañía (privada y listada en la bolsa de Hong Kong) tiene 45.000 trabajadores, en 2011 vendió 487.000 vehículos (22% de alza) y cuenta con una capacidad de producción de 800.000 unidades.

 

 

 

 

 

 

Números más, números menos

China, lo mencionamos, ha estado antes en la cima del mundo. En el artículo ya citado de Vittorio Corbo, el economista recuerda que en 1700 el PIB de este país representaba el 22,3% del producto mundial; que en 1900 había bajado a 11% y que en 1978 (año de la famosa frase del gato cazador de ratones de Deng) había bajado a 4,9% del PIB mundial. Desde entonces las cosas han cambiado y mucho: hoy China ya es el 13,6% del PIB mundial.

No obstante, en la senda al podio planetario no está exenta de desafíos, entre los que sobresale uno que recientemente han hecho ver en sendos análisis The Economist y el South China Morning Post: la demografía.

Lo que ocurre es que esta nación que suma 1.341 millones de habitantes (menos de los que contemplaba el plan quinquenal, que anticipó a esta fecha 1.360 millones; o sea, un Chile y fracción menos) está envejeciendo más rápido de lo que los modelos dicen que es económicamente saludable.

En efecto, China es hoy la segunda nación del mundo que más rápido envejece (después de Japón) y su tasa de fecundidad ha caído violentamente desde 2,6 hijos por mujer hace 30 años a 1,5 en la actualidad. Eso está poniendo y promete poner presión en varios flancos. Hacia 2050, dice The Economist, su población habrá caído a 1.300 millones de habitantes, con una composición etaria que estresará al sistema de pensiones y por cierto la disponibilidad de mano de obra, variable crítica en su competitividad internacional. El informe citado señala que la fuerza laboral se reducirá hacia el año 2050 en 11 puntos porcentuales. En jerga técnica, la tasa de natalidad está en China un 30% por debajo del nivel de reemplazo.

Así las cosas, todo indica que hacia 2030 el país estará importando trabajadores, lo que le permitirá seguir adelante, pero con un talón de Aquiles que no tendrá consecuencias fatales, pero que sí le hará cojear, concluye The Economist.

 

 

 

Tres cuentos chinos

Con su particular modelo de desarrollo, China no es sólo una enorme fábrica de bienes que abastece el mundo, sino que además es una de las más activas productoras de hombres y mujeres de negocios. El último ranking de millonarios de Forbes registra que ese país tiene 115 “billonarios”; es decir, empresarios y ejecutivos que han amasado fortunas personales que superan los mil millones de dólares.

Sus historias son todas increíbles. Escogimos tres perfiles para dejar registro de un fenómeno de profundas implicancias y significado. Historias que extractamos del informe China’s Tycoons que difundió Week in China, una publicación exclusiva para los clientes corporativos e institucionales de HSBC.

Qian Jinbo, de Red Dragonfly. Nacido en 1964, tras ejercer como carpintero derivó a la venta de productos de cuero, lo que le permitió levantar capital y, tan importante como aquello, contactos. En 1995 puso en operaciones su negocio propio en Wenzhou, desarrollo que combinó con un show televisivo que creó en la televisión local llamado Journey of Red Dragonfly, lo que le dio un enorme impulso a su actividad.

Qian ha cultivado una imagen vanguardista en la industria del vestuario, con un instituto de investigación y un museo del calzado, un diccionario cultural de los zapatos chinos. Su estrategia y carisma están proyectando hoy a su empresa como una marca global y, de hecho, en 2009 participó de la Feria Internacional del Calzado de Milán.

Zong Qinghou, de Wahaha Group. Si el nombre de su compañía le resulta gracioso, mejor hágase ver porque bajo el paraguas de Wahaha es que Qinghou ha forjado la que hoy es la mayor fortuna china. Nacido en 1945, este empresario trabajó por 42 años como vendedor, hasta en un día junto a dos colegas reunió un capital de 21.300 dólares con los que se lanzó al negocio de vender bebidas saludables para niños. En 1991 hizo una oferta de compra por una empresa mayor, con la cual comenzó a expandir sus operaciones, pasando por una relación no exenta de tensiones con Danone, con quienes llegó a un acuerdo en 2009.

Zong y Wahaha son quienes disputan el mercado chino de las bebidas cola a las más reconocidas marcas mundiales, y hoy tiene en carpeta expandirse con fuerza en el negocio retail, con la apertura de unas 100 tiendas por departamentos.

Robin Li, de Baidu. Li Yanhong (Robin en inglés) nació en 1968 y, según registran varias publicaciones, es conocido como el CEO más apuesto de la historia. Sin pronunciar juicio al respecto, este hombre de negocios graduado en administración en informática de la universidad de Pekín complementó su preparación con un máster en Estados Unidos. Mientras trabajaba en Dow Jones y desarrollaba programas para el Wall Street Journal, Li hizo desarrollos en motores de búsqueda con “análisis de hiperlink”, idea que patentó en 1996 y que pocos años después lo llevó a emprender con Baidu, diseñado para ocupar en el mercado chino el espacio de Google y Yahoo. La apuesta funcionó, llegando a alcanzar un 73% de participación de mercado en el negocio de los buscadores en 2010.

 

 

 

 

 

Opinión

Una excelente noticia

 

Alimentar a un gigante como China es una tarea colosal que brinda a Chile y a sus empresarios una enorme oportunidad.


Luis Schmidt, embajador de Chile en China

 

Conocí este país en 1992, sin imaginar las gigantescas transformaciones que luego sucedieron y siguen desarrollándose en los ámbitos social, económico y cultural en la China de hoy; y menos, que algún día sería embajador en esta gran nación.
El tiempo que me ha tocado servir como embajador ha sido lo más apasionante de mi ya larga vida profesional. China es hoy un referente mundial. Es la segunda economía del planeta, y según destacados economistas será la primera entre 2015 y 2017 desplazando a EEUU muy pronto y no en 2030, como se creía hace sólo diez años.

China se ha desarrollado en los últimos 30 años con crecimientos de 10% anual que no tienen parangón, sacando a más de 500 millones de personas de la extrema pobreza y creando una gran clase media que comienza a consumir productos que antes nunca soñó.

Sin embargo, los desafíos son enormes, abarcando los ámbitos político, educacional, social y cultural. Tal como lo señalara hace poco el primer ministro Wen Jiabao, de no hacerse estas transformaciones China difícilmente continuará con sus éxitos, “ya que muchas cosas fundamentales no han sido resueltas y tragedias históricas como la Revolución Cultural podrían ocurrir de nuevo”.

El cambio en el modelo productivo, enfatizado; la creación de un sistema de pensiones universal; la convertibilidad de su moneda y la internalización de sus empresas, sumados a los graves problemas de inflación, una posible burbuja inmobiliaria y la disminución en el valor de sus exportaciones, hacen mirar el futuro con una gran duda que hasta aquí China ha sabido resolver, entre otras cosas, con alto crecimiento (9,3% en 2011 y entre 7,5% y 8% este año).

Después de la firma del TLC en 2005, la relación comercial entre nuestro país y China se ha disparado, transformándose en nuestro primer socio comercial, con más de 31.500 millones de dólares en 2011, casi doblando a nuestro segundo y tradicional socio, EEUU.

China recibe ya más de un 25% de nuestras exportaciones, con más de un 50% de nuestro cobre y porcentajes no menores de celulosa, productos de la madera y harina de pescado. Pero poco a poco también comenzamos a abrirnos paso en el tema de los alimentos, donde aún nuestras exportaciones son pequeñas, aunque el potencial es enorme.

Alimentar a más de 1.350 millones de chinos cada día no es fácil, lo que se suma a que el ingreso de la población está creciendo fuerte y con ello la demanda de alimentos sanos, de calidad y a precios competitivos, en lo que nuestro país tiene grandes ventajas.

China cuenta hoy con más del 20% de la población mundial y sólo 8% del área cultivable, lo que la obliga a importar enormes cantidades de alimentos. Por otro lado, Chile exporta al mundo más de 3.200 productos, pero a China sólo 356, lo que nos abre un gran espacio de crecimiento; en especial, en ese plano.

China ha basado su crecimiento en sus exportaciones y en una fuerte inversión extranjera, las cuales obviamente se resentirán por la crisis económica. Por ello, el país comenzó una política de incentivo al consumo interno (para reemplazar la menor demanda por exportaciones) y confía en que en el caso de la menor inversión extranjera, la capacidad de ahorro del pueblo chino la suplirá.

El enorme y sostenido crecimiento de las siete provincias de la costa, con menos de un tercio de la población y con menos de un 10% del territorio (que incluye ciudades como Beijing, Quindao, Shangai, Guangzhou y Hong Kong), ha creado un gran desbalance en la calidad de vida de la población, lo que ha sido reconocido por las autoridades, las que buscan priorizar el desarrollo de 272 ciudades del interior para el mejoramiento de su infraestructura, conectividad, construcción de caminos, puertos, aeropuertos, líneas férreas, etc.

Estas son excelentes noticias para Chile, pues la demanda por cobre mantendrá el precio alto y porque la demanda por alimentos seguirá creciendo fuerte, siendo una gran oportunidad para nuestra fruta, vino, carne, salmones y productos del mar.
Capturar esas oportunidades requiere de un mayor trabajo en imagen país y promoción, exige que los empresarios viajen y visiten China y fortalecer los lazos de amistad y cooperación, lo cual es una tarea público-privada que no debemos dejar de afrontar si no queremos perder esta gran oportunidad y el camino recorrido.

Por eso es que acá hemos impulsado acciones como instalar el Pabellón Chilenos de la Expo-Shanghai en la Granja Agrícola Chileno-China de Beijing donde, junto a un recién inaugurado hotel 5 estrellas, seguirán siendo un polo de presencia y desarrollo de nuestra imagen en este país.