• 5 octubre, 2010


¿Es posible que la DC chilena vire hacia la derecha? ¿Hay cabida para la identidad DC dentro de la Concertación? Es inviable que la DC chilena vire a la derecha, pero es un muy posible que el país vire de la DC si ésta no es capaz de renovarse.


ebo reconocer que una de mis opciones personales, a la que más horas de explicaciones he dedicado en mi vida, es la de ser demócrata cristiano. Durante estos últimos años flaqueaba bastante la actualidad del argumento testimonial e intelectual que la justificaban, pues la DC parecía impedida de evolucionar.

Con la elección de la nueva directiva del PDC de Ignacio Walker el camino daba luces de despejarse. Parece que por primera vez, más que devorar a nuestros líderes, les dábamos la posibilidad de enmendar el rumbo e iniciar un proceso de renovación institucional. La nueva directiva DC expelía un aroma a modernidad que hacía tiempo no se sentía.

El camino no sería fácil y, rápidamente, el senador Hosaín Sabag se encargó de demostrarlo. Golpeó donde más duele: en la capacidad de alinear a las huestes y lo hizo criticando el nivel de sumisión que sentía desde la bancada DC por parte de senadores como Girardi o Letelier. Varios –en silencio– compartieron el diagnóstico, pero no la actitud ni el tema elegido por Sabag para disentir.

Este hecho reabrió el apetito de algunas hábiles plumas de la centroderecha que sueñan con un acuerdo con la DC. Se esfuerzan por encontrar argumentos para justificar este giro “natural hacia la derecha”, revisitando la historia, citando casos internacionales y arguyendo las “profundas” diferencias valóricas entre democristianos y socialistas. Subyace en este análisis el candor adolescente de quien mira de reojo a la vecina sin percatarse de que ella está más preocupada de arreglarse y dejarse querer que interesada en iniciar una nueva relación. No son suficientes los maltratos de algunos de sus socios actuales, ni los coqueteos fugaces de algunos miembros de la derecha, para provocar el amor. Estos errores de algunos son producto de la embriaguez que provoca el perfume del poder y el símbolo de agotamiento del ego ante el manoseo –de unos pocos aliados– a su identidad. Pero no responden al ethos DC, que hoy es una cultura afincada y emparentada con la socialdemocracia. Desde sus inicios y hasta su final.

¿Es posible que la DC chilena vire hacia la derecha? ¿Hay cabida para la identidad DC dentro de la Concertación? ¿Es posible la renovación en un partido de la vieja escuela?

A estas alturas no hay cambio posible, dado el partido que conocemos. Ignacio Walker respondió a algunas de estas preguntas al asumir el mando, dando un claro mensaje a sus socios de la concertación: “la DC sola no puede y sin la DC no se puede”.

Claramente, la opción de la DC fue cambiar las cosas por dentro. Sin matar al padre y sin grandes revoluciones. Colocó a su cargo a una generación con un profundo ADN concertacionista. En su directiva están Orrego y Walker haciendo una arriesgada apuesta sobre sus liderazgos. Asumieron su rol opositor y una política de alianzas. Pero saben que esto es insuficiente para su supervivencia. Debe fortalecer su identidad y correr riesgos para recuperar más de medio millón de votos.

Sin riesgos, es muy posible que el pragmatismo de la derecha o de la izquierda que horquilla a la DC la terminen devorando. Su misión está en capitalizar la modernidad hacia su visión de sociedad: comunitaria y libertaria. Debe volver a mostrarse exitosa, permitir el ingreso de líderes externos y arriesgar en lo político. El eje del poder del país viró. La intención de la DC debe ser recuperar los votos de centro y clase media que emigraron tentados por la eficacia del mensaje de la derecha. Siendo oposición se puede perfilar una identidad, pero un gran opositor te permite ser “el mejor opositor” y no te lleva a ser alternativa de gobierno.

Eso pasa por entender que en política el tiempo de los viudos y de los “ex” es demasiado corto y que los de la Concertación ya deben transformarse sólo en nobles consejeros. La tarea es construir una nueva obra con nuevos actores. A la Concertación le urge salir del viejo clivaje del Sí y el No que tanto éxito le trajo. El riesgo es seguir anclado. Debe encontrar un nuevo eje y acuerdo de poder. Es decir, un nuevo No o un nuevo relato. Su oportunidad está en volver a ser representante de la diversidad y adalid de la modernidad, no del pasado.

Es inviable que la DC chilena vire a la derecha, pero es un muy posible que el país vire de la DC si ésta no es capaz de renovarse. Tiene la oportunidad política y, al parecer, el coraje para hacerlo. Hoy me resulta más simple mostrar los rostros de renovación de la DC y me tardo menos en explicar mi opción. Espero que pronto sea más simple convencer de que es posible volver a ser gobierno.