Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter. Ilustraciones: Ignacio Schiefelbein Castores canadienses Corría 1946 cuando unas 25 parejas de castores aterrizaron junto al lago Fagnano, en el lado argentino de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Venían desde Canadá para ser utilizados en la industria peletera. “Fueron traídos por el Gobierno argentino con la intención, […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter.
Ilustraciones: Ignacio Schiefelbein

Castores canadienses

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Corría 1946 cuando unas 25 parejas de castores aterrizaron junto al lago Fagnano, en el lado argentino de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Venían desde Canadá para ser utilizados en la industria peletera. “Fueron traídos por el Gobierno argentino con la intención, aparentemente, de generar una oportunidad de negocios en la Patagonia”, cuenta Charif Tala, jefe de Conservación de Especies del Ministerio del Medio Ambiente. El negocio fracasó, los ejemplares cruzaron a Chile y hoy no sólo hay población en esa isla, sino que también registro de ejemplares cazados más al norte, en Puerto Natales. No tienen enemigos naturales (en Chile no hay osos y escasean los pumas), por lo que han inundado bosques nativos con sus represas. Hace una década su población se estimaba en 60 mil, sólo en Tierra del Fuego.

Chaquetas amarillas

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Entraron ocultas en cajas de embalaje que arribaron en la década de 1970 y, una vez en Chile, comenzaron un crecimiento acelerado. Hoy, no hay certeza de cuál es su población en el país. Se trata de las chaquetas amarillas, que se extendieron rápidamente por el país, atacando, entre otras especies, a las colmenas de abejas locales. Hay indicios de que podrían estar depredando nidos de picaflor en el archipiélago de Juan Fernández, donde, se estima, están presentes desde el 2000. En el archipiélago se está desarrollando un plan de control biológico de esta especie invasora, a través de cebos.

Cotorras argentinas

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Una antena de radio de una casa de avenida Francisco Bilbao, próxima al Country Club de La Reina, fue el lugar elegido por una colonia de cotorras argentinas, que posiblemente llegaron como mascotas, para iniciar su expansión por el país. Ese primer registro, de la década de 1980, fue seguido por numerosas observaciones en la década siguiente, en diferentes comunas de Santiago, dando cuenta de una de las principales características de estas aves en Chile: prefieren la vida en la ciudad. Un catastro realizado en el 2000 por la Unión de Ornitólogos de Chile daba cuenta de su presencia libre, fuera de Santiago, en Iquique, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Viña del Mar, Rancagua, Talca y los alrededores de Concepción y Puerto Montt. No hay estimaciones de cuál es su población total en el país.

Jabalíes

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El profesor asociado de la U. de Concepción, Óscar Skewes, cuenta que el jabalí “llega a Chile por dos vías: una importación directa de Alemania para cotos de caza y posterior liberación en 1952 en el Parque Nacional Villarrica, y luego por ejemplares que por sus propios medios pasan desde Argentina a partir de 1958”. Hoy hay una industria formal de crianza de esta especie, pero también numerosos ejemplares que circulan libremente, en un número no precisado, entre las regiones VIII y XI. “También hay algunas poblaciones que están dirigiéndose por la cordillera de la Costa hacia el sur, en el Maule y O’Higgins”, recalca. Dado que son omnívoros y dañan las superficies al hozar los terrenos, han afectado tanto a la flora como a la fauna local. Se han constituido en una presa reciente de pumas, sobre todo los ejemplares más jóvenes.

Visones

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Las pieles de visón prometían ser un buen negocio a principios del siglo XX. En la revista de Anales Instituto Patagonia, los profesores Ricardo Rozzi y Margaret Sherriffs publicaron en 2003 los comienzos de esta industria, hoy desaparecida. “Los visones fueron introducidos a Chile por primera vez entre 1934 y 1936 y en Punta Arenas por el señor Edmundo Pisano, quien los importó desde los Estados Unidos y mantuvo un criadero hasta 1950, fecha en que cerró debido a su baja rentabilidad. Parte del plantel fue sacrificado para la venta de pieles, mientras que otra fue vendida a un nuevo criadero”, cuentan. Hoy son una amenaza. El académico Óscar Skewes afirma que son una especie más peligrosa para la diversidad que los jabalíes, ya que “son grandes depredadores y muy versátiles, y se acomodan a ambientes acuáticos y terrestres”. Están distribuidos entre Temuco y la isla Navarino, además de los canales patagónicos. En Chile se alimentan de aves e incluso de pequeños corderos. También se han observado ejemplares en la Región de Los Ríos y se han registrado ataques a cisnes de cuello negro.

Perros asilvestrados

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El caso más controversial del listado oficial de Especies Exóticas Invasoras lo constituye el del perro asilvestrado. El 31 de enero de este año, el Ministerio de Agricultura publicó en el Diario Oficial una modificación al Reglamento de Ley de Cazas, autorizando la cacería de esta especie en zonas rurales. Menos de un mes después echó pie atrás y anunció una mesa de trabajo para escuchar las opiniones de diversos actores sociales. El jefe de Conservación de Especies de Medio Ambiente, Charif Tala, afirma que el fenómeno puede dividirse en dos. Por un lado, están los perros abandonados de sectores rurales que pueden vagar hasta 20 kilómetros en búsqueda de alimento y que han atacado ganado. Por otra parte, existe una situación “extrema” de canes que han perdido contacto con los humanos y que “se dedican a cazar fauna silvestre” como guanacos, principalmente en el norte. Por otra parte, en el sur de Chile, “la causa más importante por la cual están llegando pudúes heridos a los centros de rehabilitación son los perros”, recalca Tala. •••