Joseph Pearce es un caso singular: pasó de una juventud furiosa, racista y hasta con vínculos terroristas, a una madurez católica y misionera. Lo suyo es estudiar y descubrir a los autores conversos y su última publicación lo confirma: Pearce está convencido que Shakespeare era católico.

  • 12 junio, 2008

 

Joseph Pearce es un caso singular: pasó de una juventud furiosa, racista y hasta con vínculos terroristas, a una madurez católica y misionera. Lo suyo es estudiar y descubrir a los autores conversos y su última publicación lo confirma: Pearce está convencido que Shakespeare era católico.

 

Joseph Pearce es sencillo y amable. Cuesta imaginarlo cuando habla de su juventud furiosa. En sus propias palabras, era profundamente anticatólico y racista y tuvo relación con organizaciones terroristas en Irlanda del Norte. Preso, cayó en sus manos un texto de G.K. Chesterton. “Él me obligó, a través de sus libros, a desafiarme a mí mismo, a mis creencias y prejuicios”, confiesa.

Se convirtió al catolicismo y ahora es conocido por sus biografías de autores católicos o que pasaron por un proceso similar, entre los que fi guran J.R.R Tolkien, C.S. Lewis, el mismo G.K Chesterton, Hilaire Belloc y Oscar Wilde. También es conocido su libro Escritores conversos y, el más reciente, también best seller, llamado The Quest for Shakespeare, en el que busca demostrar que el famoso escritor inglés era católico.

Pearce estuvo en Chile a fines de mayo para participar en una serie de encuentros y charlas en el marco del Programa de Artes y Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral.

-¿Cuál de los libros que ha escrito es su favorito?

-Los criterios son diferentes. Creo que el más importante es Escritores conversos. Era un libro que había que escribir y nadie lo había hecho, así que decidí hacerlo yo mismo. Muestra la historia del renacimiento literario católico en Inglaterra, desde su comienzo hasta los 60. Este renacimiento incluye a algunos de los escritores más importantes de la era moderna, como J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, Oscar Wilde, G.K. Chesterton, Graham Greene, T.S. Eliot y Evelyn Waugh. Algunos de los escritores más importantes de la lengua inglesa en el siglo XX fueron parte de este renacimiento cultural católico y en muchos casos se convirtieron al catolicismo, con uno o dos conversos al anglicanismo.

-¿Hay algo que explique tantas conversiones en un período de tiempo tan breve?

-Hay varias. La Ilustración llevó a la separación de la fe y la razón y la razón se convirtió en un fin en sí mismo. El movimiento romántico reaccionó contra ese racionalismo; básicamente, planteando que el corazón era más importante que la cabeza. Entonces, primero tuvimos esta idolatría de la cabeza seguida por la idolatría del corazón y ambos están equivocados, porque lo que se necesita es una sínfisis de cabeza y corazón, de fe y razón. Los primeros románticos, como los poetas William Wordsworth y Samuel Coleridge, regresaron al cristianismo y este fue el comienzo del renacimiento cultural cristiano. Luego, con la conversión de John Henry Newman en 1845, todo el movimiento se hizo más católico y despegó. Para 1890, la mayoría de las figuras líderes en el movimiento decadente se convirtió al catolicismo. Oscar Wilde es el más famoso, pero hay muchos otros. Y en el siglo XX se hizo una marejada, cuando -en cierto momento- todos parecían estar haciéndose católicos. Otro factor es que el marxismo iba en alza y los marxistas básicamente decían que sólo se podía elegir entre capitalismo y marxismo. Muchos de estos intelectuales empezaron a buscar otra manera de ver las cosas, y la Iglesia Católica en los años 20 y 30 parecía la alternativa al materialismo hedonista o al marxismo nihilista. Así que muchos se hicieron católicos porque la Iglesia era la via media de sensatez entre estos extremos.

-¿Es posible que veamos otra marejada de conversiones?

-Hoy vemos de nuevo una desintegración de la sociedad humana, donde nuestras nociones de verdad son socavadas. Creo que esta desintegración sólo puede llegar a cierto punto antes de que haya una reacción en su contra. Vivimos una era filosófica, teológica, política y económicamente insostenible, donde nadie hace siquiera las preguntas. La consecuencia de no plantear las preguntas es una aceleración hacia un colapso serio. En ese punto, o antes, habrá una reacción. Creo que habrá un renacimiento católico en el siglo XXI y que estamos empezando a verlo.

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-Entonces las personas comenzarán a buscar respuestas porque la sociedad está perdiendo valores, pero, ¿qué lo hace pensar que optarán por la Iglesia Católica?

-También irán en otras direcciones, pero la Iglesia Católica ha estado pensando por 2.000 años y ha sintetizado filosofía y teología. También ha estado amando por 2.000 años y enseñando el amor desinteresado como el centro de la realidad. Hoy vemos la inversión del amor, con un concepto autogratificante, narcisista: amo lo que necesito. No es sobre el otro, sino sobre mí. La Iglesia Católica está en una posición única en términos de pensamiento y enseñanza para ser un faro de luz, intelectual y espiritualmente, para una generación de buscadores. No quiero decir que todos los que busquen encontrarán su respuesta, pero creo que allí es donde está la respuesta, y la Iglesia tiene un cuerpo de creencias arraigado en fe y razón unidas, sin caer en el error de otros credos de enfatizar la fe sobre la razón o enfatizar la razón sobre la fe.

-¿Cree que los libros cambian la vida de las personas?

-Mi respuesta es subjetiva, porque los libros cambiaron mi vida. En mi juventud fui radicalmente anticatólico, radicalmente racista, me involucré con organizaciones terroristas en Irlanda del Norte. Fui un joven lleno de ira. Me crucé con los libros de G.K. Chesterton y él me obligó, a través de sus libros, a desafiarme a mí mismo, a mis creencias y prejuicios. Y a través de Chesterton conocí otros autores, como Newman y Hilaire Belloc, C.S. Lewis… En otras palabras, mi conversión fue resultado de la lectura. Por supuesto, es bajo gracia, no está separado de la gracia de Dios. Colabora querer saber la verdad, y leer me llevó más cerca de Cristo. En mi caso puedo decir que soy una prueba viviente de que los libros pueden cambiar una vida.

-Recientemente se ha discutido el impacto que puede tener en jóvenes leer libros relacionados con magia o mundos fantásticos, como los de Philip Pullman o Harry Potter. ¿Corremos el riesgo de echar a El Señor de los Anillos en el mismo saco?

-Confundir esos libros sería un error grotesco. Tolkien dijo que El Señor de los Anillos es una obra de arte fundamentalmente católica. No soy parte del grupo que cree que los niños no deben leer Harry Potter, pero fue escrito por una cristiana protestante moderna, que comete errores fundamentales, como plantear que está bien usar medios inmorales para conseguir un fi n moral. Como cristianos no podemos hacerlo, es la lección de Tolkien. Si comenzamos a usar el anillo que nos hace invisibles para los buenos a nuestro alrededor, si usamos la maldad como medio, nos convertimos en malvados. Philip Pullman, en cambio, tiene una agenda subversiva anticristiana, en especial anticatólica. Los libros de Pullman son, y él lo ha dicho, una respuesta anticristiana deliberada a Tolkien y Lewis. No estoy por la quema de libros y, por ejemplo, si los jóvenes toman a Harry Potter, es mejor que lean un libro a que pasen toda la tarde ante el computador. Una vez que las personas adquieren el hábito de la lectura, comienzan a leer otras cosas.


-Mencionó antes que nuestra sociedad se desintegra, ¿se explica por esta visión hedonista del mundo, la búsqueda de lo que me hace feliz?

-Ambas cosas están conectadas. Si uno ya no cree que la verdad existe, si hay una visión secular relativista que dice que la verdad no existe, que es una cosa de opinión, tu verdad y mi verdad, sin creer que hay una verdad objetiva más allá de nosotros, entonces la consecuencia de eso es creer que soy el centro del universo, porque mi verdad es tan buena como la de cualquier otro y por lo tanto complacerme a mí mismo se convierte en la totalidad de la vida. Y está el hedonismo individualista, creando caos social, moral y ambientalmente, y ayudado por la tecnología, acelerando el proceso de desintegración. El camino en que está la sociedad humana es insostenible, es cuestión de tiempo para que colapse.

-¿Cómo se convive con los demás si uno está tan seguro de que su verdad es superior?

-Creo que un secularista radical diría que todas las verdades son irrelevantes, que se puede tolerar algo porque nada es importante. Eso es básicamente indiferencia. Si lo que buscamos es la autogratificación, podemos tolerar a quien sea siempre que no limite nuestra capacidad de autosatisfacción. Pero los fundamentos del secularismo son intolerantes; básicamente odian, y es la palabra correcta: de la herencia de la sociedad occidental, odian al cristianismo.

-Entonces, ¿cómo se vive la tolerancia?

-El cristianismo nos dice que hay que amar al vecino y, más difícil aún, al enemigo. Para vivir como cristianos, tenemos no sólo que tolerar a nuestros enemigos, hay que amarlos. Y eso se dice (o predica) más fácilmente que lo que se hace, pero como cristianos a eso es a lo que estamos llamados y el modo en que debemos conducir nuestras vidas. No tenemos la opción de destruir a nuestros enemigos. Los nazis destruyeron a sus enemigos, los comunistas destruyeron a sus enemigos, los cristianos no tienen esa opción. Si un cristiano se comporta de esa manera, su comportamiento es pecador. Y corre el riesgo de ir al infierno.

-¿Contribuye el capitalismo a la desintegración de la sociedad?

-Capitalismo es una palabra llamativa. Para algunos es todo lo que es bueno y para otros, todo lo malo. G.K. Chesterton dijo que si el capitalismo es el uso de capital, todos son capitalistas. Yo prefiero hablar de materialismo en dos formas, el filosófico: no hay Dios, esto es todo lo que hay; y el materialismo económico: la creencia de que todos serán más felices a medida que se hagan más ricos. Creo que eso es una mentira. En la medida en que llamemos capitalismo al materialismo económico, entonces creo que se contribuye al problema. Para mí, la importancia de la vida económica es asegurar una sociedad saludable donde la familia esté en el centro, porque una familia saludable está en el centro de una sociedad saludable. Cualquier cosa, económica o política, que dañe la integridad de la familia, es dañina. Juzgo el bien o mal en la economía según sea bueno o malo para la familia.

 

 

 

En busca de Shakespeare
El último libro de Joseph Pearce, The Quest for Shakespeare, se publicó en abril. Saber que el bardo era católico, asegura, abre una manera totalmente nueva de leer sus obras.hablar por un buen rato.

-Las analogías son conocidas en el caso de Las Crónicas de Narnia, pero ¿en qué parte de la obra de Shakespeare hay catolicismo?

-Cuando me dijeron que Shakespeare era católico, no lo creí. Consideré que no había suficiente evidencia. Para mí era importante
saber cómo era Shakespeare como persona, porque eso nos permitiría leerlo mejor. Si no sabemos, leemos las obras de una manera
subjetiva, narcisista, esperando que reflejen sobre nosotros lo que creemos que está ahí. Pero hay pruebas duras: documentos,
testamentos, transacciones de propiedades, a quién le dejó dinero como herencia… hechos duros. Me convencí de que fue un católico
creyente durante toda su vida y de que podíamos probarlo.

En esa época, en Inglaterra era ilegal ser católico y los sacerdotes católicos eran condenados a muerte. Si sabemos que era un católico creyente en una época en la que era ilegal ser católico, eso lo hace algo así como un disidente en un régimen autoritario que
trataba de presentar sus creencias a través de sus obras sin terminar en prisión, y eso nos da una nueva manera de leer a Shakespeare.

-¿Ha encontrado ya algún simbolismo?

-Mi próximo libro también será sobre Shakespeare, un seguimiento. Para eso estoy analizando en detalle Hamlet, Machbeth, El Rey Lear y El Mercader de Venecia. Shakespeare no podía plantear abiertamente una moral católica porque el catolicismo era ilegal. Pero veamos, por ejemplo, en El Rey Lear, la elección del comienzo y sobre la que se desarrolla la obra. El rey le pide a sus tres hijas
que le digan que lo aman por sobre todas las cosas. Dos de ellas lo hacen, pero no la menor, Cordelia. Sólo puedo amarlo como a un
padre, dice, si me caso, tengo que darle a mi marido el amor que le corresponde. Así que, aunque lo quiere más que sus hermanas,
rechaza decirle a su padre que lo ama sobre todas las cosas. Esa es la posición exacta en que se encontraban los católicos en Inglaterra en esa época. Tras la decisión de Enrique VIII, todos los ingleses debían hacer un juramento de fidelidad al rey o a la reina,
parte del cual era aceptarlos como jefes de la iglesia. Es decir, no sólo jefe de asuntos políticos y terrenales, sino también de asuntos
espirituales. Los católicos eran forzados a elegir entre firmarlo o no y Cordelia optó por no hacerlo, lo que la llevó al exilio. Muchos
católicos eran exiliados. A lo largo de la obra hay muchos otros detalles, ese es sólo un ejemplo.

-¿Cuál fue la decisión de Shakespeare?

-Los católicos en Inglaterra caían en tres categorías. Una, los conformistas, católicos a los que no les gustaba el cambio pero que asistían a la iglesia anglicana porque eran multados si no lo hacían. En una generación o dos, perdieron su fe católica. Otros vivían una doble vida: iban a la iglesia anglicana para evitar ser multados pero también iban a misa y se confesaban cuando había
un sacerdote disponible.

El tercer grupo son los recusantes, que rechazaban ir a la iglesia anglicana y pagaban las multas. Eran los creyentes más devotos,
las Cordelias que pagaron las consecuencias por vivir según su fe. Sabemos que el padre de Shakespeare fue multado como
recusante, sabemos que su madre era miembro de la familia Arden, una de las más reconocidamente católicas en Inglaterra, varios
de los primos de Shakespeare fueron ejecutados por participar en conspiraciones contra la reina. Sabemos que creció en una
familia profundamente católica. Su hija Susana fue multada por su catolicismo. No hay documentación de que Shakespeare haya
sido un recusante. Pero durante el tiempo que vivió en Londres nunca asistió a la iglesia anglicana local. Muchos han llegado a la
conclusión de que Shakespeare era agnóstico y no iba a la iglesia. Pero si su padre y su hija fueron multados por no ir a la iglesia anglicana como católicos que en conciencia no lo consideraban correcto, lo lógico es que Shakespeare no haya ido a esa iglesia por
la misma razón. Otros investigadores de Shakespeare creen que era un católico que mantenía sus creencias en secreto. Yo, no. El
compositor de la corte William Byrd y su esposa fueron multados por recusación. Pero en algún momento el abogado de la reina
pidió a las autoridades anglicanas que los dejaran tranquilos. La reina sabía que eran católicos, pero decidió que mientras ella
considerara que no eran una amenaza o fueran abiertamente revolucionarios, los dejarían tranquilos. Yo creo que el catolicismo
de Shakespeare era conocido y que la reina Isabel tenía la misma posición hacia Shakespeare que hacia Byrd.