Juntarse en tertulias a hablar de la vida sirve como desconexión del día a día. Sin pautas ni temas definidos, sólo el placer de la charla.

  • 24 marzo, 2008


Juntarse en tertulias a hablar de la vida sirve como desconexión del día a día. Sin pautas ni temas definidos, sólo el placer de la charla.

 

Juntarse en tertulias a hablar de la vida sirve como desconexión del día a día. Sin pautas ni temas definidos, sólo el placer de la charla. Por Mauricio Contreras

Es gratis y se disfruta. Hablar por hablar, escuchar al otro, pasar de un tema al que viene sin filtro ni anestesia: de política a la televisión, el fútbol, el dólar, los viajes, los conocidos, repartir tarjetas, conocer gente. Tertuliar.

A pesar de que el término tertulia puede resultar antiguo y casi señorial, no es más que una formalidad para darle una cierta estructura a una reunión de amigos o profesionales dispuestos a aprender de otros temas. Algunos hoteles en Santiago, como el Sheraton y el Ritz-Carlton, organizan o arriendan sus salones para dar rienda suelta a los contertulios. Existen tertulias muy académicas, con el análisis de las últimas noticias para proyectar lo que viene, pero hay otras que no tienen ningún orden y por eso se disfrutan. Nadie sabe dónde parten y en qué terminan.

Son tertulias con presentaciones, informales, con sólo algunos datos: nombre, profesión y a quién conoce del grupo. Y vamos conversando, riendo, contando anécdotas y enriqueciendo la retórica. Pero para ser contertulio –o intentar serlo– hay que tener ánimo de charlar y entender que la conversación forma parte de la cultura del conocimiento y que no es un desperdicio hacerlo.

En Chile nos hemos acostumbrado a la idea –sobre todo en el ambiente laboral– de que conversar es perder el tiempo, sacar la vuelta, que el que conversa es flojo. En parte puede ser cierto, pero el ejercicio de exponer y escuchar al otro –clave de la moral tertuliana– no es algo habitual en todos nosotros. Nunca hemos sido reconocidos como un país orador o de grandes charlistas. Y para mejorar hay que practicar.

Cuánto mejoraría el nivel de debate en Chile si existiera un ramo en el colegio que atacara este punto. Nadie está hablando de llegar a los niveles de Aristóteles; pero sí, elevar nuestro rendimiento. También habría que verlo por el lado de la salud: si estas instancias se aplicaran como métodos laborales de desconexión, habría menos consultas al siquiatra. Seamos sinceros: a todos, y sin grandes excepciones, nos está pasando la cuenta llevarnos la oficina a la casa y seguir revisando el mail o chequeando mentalmente algún encargo laboral para el día siguiente.

Tenemos que imitar y sin ponernos colorados. Argentina, España y Francia han cultivado un estilo de disfrutar la vida, pasarlo bien y conversar incluso hasta que las velas no ardan. Estamos a tiempo de convertirnos en mejores charlistas. Sin impuestos, sin restricciones. No necesitamos un proyecto de ley. A conversar. Para tener una buena vida.