Dicen que Benjamin Graham (1894-1976) se propuso hacer cada día “algo alocado, algo creativo y algo generoso”. Probablemente estas tres categorías se cumplen en su libro El inversor inteligente, considerado un título esencial sobre la materia y que hoy, mientras las bolsas caen presas del pánico, cobra una actualidad y una vigencia impresionantes. El inversor […]

  • 17 octubre, 2008

Dicen que Benjamin Graham (1894-1976) se propuso hacer cada día “algo alocado, algo creativo y algo generoso”. Probablemente estas tres categorías se cumplen en su libro El inversor inteligente, considerado un título esencial sobre la materia y que hoy, mientras las bolsas caen presas del pánico, cobra una actualidad y una vigencia impresionantes.

El inversor inteligente tiene “algo alocado”, porque su mirada nunca es previsible y siempre original, si no desafiante; es un texto “creativo”, escrito con gracia y sin desdeñar las referencias literarias y por supuesto se trata de un libro increíblemente “generoso”, donde el autor entrega los secretos que lo convirtieron en “el Decano de Wall Street”.

Entre las principales conclusiones de Graham están la de hacer caso omiso a las modas y desoír los consejos de los agentes de bolsa que pronostican períodos de auge ilimitados; comprar siempre basados en información sobre el precio real de una empresa y no en perspectivas infladas y sin fundamento; tener paciencia y no dejarse llevar por el interés genuino de ganar dinero a costa de vaivenes pasajeros; y sobre todo, diversificar el portafolio de inversiones y nunca pagar precios excesivos, para disminuir en lo posible el riesgo de pérdidas.

En una frase, sus consejos podrían resumirse así: vender a los optimistas y comprar a los pesimistas. Y nunca especular.

Graham despreciaba a los apostadores bursátiles, no obstante que él mismo hizo una fortuna gracias a lo que él llamaba “un golpe de suerte”, cuando en 1948 compró el 50 por ciento de una empresa desconocida, que 25 años después alcanzó una cotización más de 200 veces mayor que el precio pagado. Como sea, su opción por comprar dichas acciones se basó en una interpretación sobre el valor real de la compañía y no en un índice momentáneo del mercado.

Con excelentes comentarios de Jason Zweig, quien actualiza cada capítulo de la obra publicada por primera vez en 1949 y revisada  por el autor en 1973, El inversor inteligente es un libro recomendable no sólo para estudiantes y hombres de negocios, sino para cualquier lector interesado en conocer cómo funciona el Sr. Mercado, que a veces se comporta como el bipolar Dr. Jeckyll de Stevenson. A todas luces, un clásico.