• 3 abril, 2008

¿Puede repetirse un escenario similar este año? Perfectamente podría ocurrir, y no me sorprendería que rozara el valor del metal rojo los US$ 2,20/libra, e incluso bajara de ese rango por uno o dos días a comienzos del próximo año por las turbulencias que se observan. No obstante, mi impresión es que el precio promedio del año va a ser muy parecido al de 2007, en que vamos a finalizar entre US$ 3,20 y US$ 3,40 la libra. Por Marcelo Awad
¿Puede repetirse un escenario similar este año? Perfectamente podría ocurrir, y no me sorprendería que rozara el valor del metal rojo los US$ 2,20/libra, e incluso bajara de ese rango por uno o dos días a comienzos del próximo año por las turbulencias que se observan. No obstante, mi impresión es que el precio promedio del año va a ser muy parecido al de 2007, en que vamos a finalizar entre US$ 3,20 y US$ 3,40 la libra. Por Marcelo Awad

Hay algo que nadie puede desconocer: el cobre, como la industria de los commodities en general, está presentando un ajuste a la baja producto del enfriamiento de la economía de Estados Unidos. Aunque este mercado ya no tiene la misma importancia del pasado –porque tenemos a Europa y Asia, con mayor impacto en la economía mundial–, una desaceleración norteamericana sigue teniendo efectos en el comercio internacional.
En todo caso, esta situación de ajuste es muy similar a la vivida a fines de 2006, cuando el precio comenzó a bajar y siguió cayendo hasta febrero de este año, bordeando los US$2,37 la libra.
¿Puede repetirse un escenario similar este año?
Perfectamente podría ocurrir, y no me sorprendería que el valor del metal rojo rozara los US$2,20/libra, e incluso bajara de ese rango por uno o dos días a comienzos del próximo año. No obstante, mi impresión es que el precio promedio del año va a ser muy parecido al de 2007, en que vamos a finalizar entre US$ 3,20 y US$ 3,40 la libra.
Y baso mi confianza en que la demanda –si bien se ha resentido, enfriándose levemente– sigue creciendo. Pero lo que es más importante: la oferta está viviendo una serie de “eventos” que la han ido restringiendo.
En primer lugar, existen situaciones técnicas, como fallas en las operaciones, que han dejado fuera de producción a un par de yacimientos. En el aspecto técnico de la operación también se ha retrasado la entrega de equipos y piezas necesarias para operar una mina, debido a la gran demanda gatillada por los actuales precios del cobre y después de seis o siete años en que no hubo inversión en esta industria.
También se han producido desastres naturales, como inundaciones, en Zambia, República del Congo y Sudáfrica, lo que ha mermado la producción.
A estas dos situaciones se le suman una serie de conflictos laborales que han surgido en varios países productores, Chile entre ellos, y que han dejado fuera de funciones a varias empresas por determinados lapsos de tiempo.
Para rematar, en el 2007 hubo inviernos extremadamente duros en lugares como Canadá, otro gran productor de cobre, lo que ha afectado sus volúmenes de producción.
Y si bien este tipo de situaciones –sobre todo los desastres provocados por la naturaleza– son relativamente habituales en esta industria, este año la sumatoria de este tipo de dificultades y los conflictos sindicales hicieron caer la oferta. Si para el 2007 se proyectaba un incremento de 7% en los volúmenes producidos, la variación real con que vamos a terminar el año no supera el 3%, lo que deja fuera del mercado cerca de 500 mil toneladas.
Los costos y tiempos
Pero no todo es auge y retornos jugosos en esta industria.
También ha habido un progresivo encarecimiento de los proyectos. Para tener una idea, si hace cinco años echar a andar un yacimiento –como Esperanza (de Antofagasta Minerals), con 200 mil toneladas de cobre/año proyectadas– costaba US$ 1.100 millones, hoy esa cifra ronda los US$ 1.500 millones, a raíz del encarecimiento en los equipamientos y la mano de obra.
Eso sin contar que los permisos ambientales y sectoriales son cada vez más demorosos de obtener, a lo que se suma el riesgo de judicialización por diversos intereses, lo que termina muchas veces entrampando las iniciativas. Lo que deberíamos compartir Estado y privados es que haya proyectos que sean sustentables y que sirvan tanto a la gente como a la economía del país.
Otro factor que hace menos competitiva a esta industriales el progresivo aumento de los costos asociados a la mano de obra, los que están creciendo exponencialmente en el último tiempo.
Como industria existe preocupación por el importante incremento de los salarios, ya que se trata de tendencias irreversibles.
Es decir, una empresa nunca va a bajar costos por la vía de la reducción de sueldos. En esos casos, la única probabilidad son los despidos, de alto costo social para todo el país. Es ahí donde advertimos como preocupante esta espiral al alza, ya que si bien los retornos están asegurados para los próximos tres años, es imposible predecir qué sucederá en la segunda década del 2000.
Otro elemento –igualmente inquietante– es el precio del petróleo y la energía, que hoy está en 15 centavos de dólar por kilowatt (KW), es decir, ha aumentado en tres veces su valor en los últimos cuatro años.
Existe un cambio estructural en la curva de costos que se está volviendo imposible de revertir: los precios de los insumos caen en épocas de precios bajos, pero nunca vuelven a los niveles en que estuvieron históricamente. Por eso ya no tendremos energía a tres centavos de dólar/KW, ni tendremos un barril de petróleo a US$ 25 o US$ 30. ¿La razón? La demanda mundial total ha aumentado y por mucho que caiga, nunca volverá a los niveles del pasado. Así, lo que es una buena noticia para los commodities, por ejemplo, no lo es para los insumos que este sector utiliza.
La pregunta del millón
Todo esto está generando preocupación en nuestra industria.
Porque si bien estamos en medio de un ciclo de precios altos –que permite amortiguar el alza en los costos laborales ymedioambientales– esta racha no durará siempre y la gran interrogante que muchos se hacen en el sector es qué ocurrirá cuando vuelva un ciclo de precios bajos, como los que teníamos recién hace cuatro años.
Obviamente, la pregunta del millón –que muy pocos se atreven a responder– es cuánto durará la bonanza. Mi impresión personal es que al menos el 2008, 2009 y también el 2010 continuarán estos niveles de precios, pero más allá de esa fecha es difícil aventurar un pronóstico. Todos los proyectos que hoy están en la cartera mundial no son suficientes para satisfacer el crecimiento de la demanda, que supera el 3% anual. La única “sorpresa” sería que algunas minas ubicadas en Estados Unidos –que cerraron con un escenario de precios bajos– pudieran reabrir sus operaciones, lo que sería tardío, dado que la actual bonanza ya alcanza los 24 meses de duración.
Lo que está claro es que China e India seguirán siendo los motores de la demanda, países a los que en los próximos años debiera sumarse Rusia, que cada día se aleja más de su condición de exportador de cobre.
Y si China aumentó en un 10% la demanda por cobre en 2007 –y se prevé que su consumo no caerá desde un incremento de 8% en 2008– es India el mercado que en 20 años más se convertirá en “la nueva China”, una vez que aumente sus condiciones de vida y mejore su infraestructura.
En cuanto a los sectores de utilización, el rubro eléctrico (incluida la industria automotriz) sigue siendo el más demandante (50%), seguido por el de tubos y cañerías (30%), mientras que el resto se divide en varios sectores.
Por ello, y aunque algunos digan que después de cinco años de alza (que se cumplen en 2009) vienen otros cinco de caídas en los precios, lo cierto es que dudo que volvamos a precios de US$ 1,50 la libra de cobre en el mediano plazo. Más bien, veo un mercado estacionándose en torno a los US$ 2 o US$ 2,20 por libra, lo que permite darle sustentabilidad y proyección a la industria chilena del cobre.
Pronósticos
En resumen, mi pronóstico para el 2008 es un ejercicio bastante parecido al año que termina: con un inicio de año con precios bajos y una tendencia creciente hasta llegar a los niveles del año en curso. En Chile, por ejemplo, se produjo 5,6 millones de toneladas de cobre, mientras que el próximo año esta cifra podría subir a los 5,8 millones de toneladas, por la puesta en régimen del proyecto Spence de BHP-Billiton, lo que importa una variación muy poco significativa en la oferta chilena.
En todo caso, todo este análisis se verificará siempre y cuando el enfriamiento en Estados Unidos no se transforme en –derechamente– una recesión, lo que implicaría un nivel de contagio importante en los mercados asiáticos, donde está ubicado el consumo futuro de esta industria. En un escenario de una crisis más acentuada en el mercado estadounidense, estimo que el valor de este metal podría caer hasta US$ 2,50 por libra, lo que sigue haciendo rentables la mayoría de las operaciones en Chile, siempre y cuando no baje de los US$ 2/lb. Insisto en que la probabilidad de un cobre transándose a menos de US$ 2 y más cerca de US$ 1,50 sería el síntoma de una verdadera debacle en los mercados internacionales, con países como China y Japón arrastrados por una recesión más severa en Estados Unidos. O sea, una crisis mundial, algo que yo no percibo, aunque ello no signifique que no hay que estar preparados para unos seis meses de menor crecimiento a nivel global.
Por lo pronto, recemos para que la crisis en EE.UU. sea sólo un resfrío pasajero y poco contagioso y no se convierta en una gripe con síntomas de epidemia.
Marcelo Awad es presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals.