Su día empieza a las 7.30 am. Su cabeza funciona las 24 horas del día, craneando proyectos, buscando terrenos, imaginando edificios con su sello en las distintas regiones. De jubilarse, ni hablar. Al llamado “rey del metro cuadrado” le quedan planos para rato.

  • 1 diciembre, 2011

Su día empieza a las 7.30 am. Su cabeza funciona las 24 horas del día, craneando proyectos, buscando terrenos, imaginando edificios con su sello en las distintas regiones. De jubilarse, ni hablar. Al llamado “rey del metro cuadrado” le quedan planos para rato.
Por Carla Sánchez; fotos, Verónica Ortíz.

En su muñeca derecha tiene un reloj de oro. En la izquierda lleva otro, muy parecido a los antiguos Casio con calculadora, pero infinitamente más moderno.

-¿Por qué anda con dos relojes?
-¿Cuál es tu número?, se apura en preguntar y, como si fuera agente especial, empuña su mano y se acerca el brazo a la boca… En cuestión de segundos, suena mi celular avisando la llamada de Abraham Senerman. “Es un reloj teléfono que me mandaron de regalo”, comenta orgulloso. “Además tengo un iPhone, pero este es mucho más práctico”, dice.

A sus 77 años, Abraham Senerman tiene una vitalidad que cualquiera envidiaría. “A mí me gusta trabajar”, afirma. De hecho, es siempre es uno de los primeros en llegar a la oficina y es raro que se pare de su escritorio antes de las 8 de la noche.

Esta entrevista la hicimos en el piso 52 de la torre Titanium, hasta ahora la más alta de Santiago mientras no se termine el Costanera Center, el proyecto de su coetáneo Horst Paulmann. Y por muy en las alturas que esté, al llamado “rey del metro cuadrado” no se le escapa detalle de lo que pasa en el mundanal ruido: los profesionales que trabajan en su planta –de 1.500 metros cuadrados– están acostumbrados a que se les acerque para comentar las maquetas 3D que modelan.

Le gusta trabajar con gente joven. Quizás le recuerdan sus inicios, cuando sólo soñaba con construir una casita. Y hoy, pese a haber levantado casi dos millones de metros cuadrados –más que cualquier otro chileno–, mantiene ese aire sencillo que lo lleva a preguntar opiniones, pedir consejos y aceptar sugerencias. Y así lo demostró en la inauguración de la enorme torre, cuando no dudó en traer un chamán para que la bendijera… “Yo soy judío, pero respeto todas las religiones. Me gusta considerar las enseñanzas milenarias y si es posible aceptarlas, ¿por qué no?” comenta.

El Titanium es su joyita y se nota. Una inversión de más de 160 millones de dólares –en conjunto con el holding Bethia– que pasó la prueba del terremoto de febrero de 2010 sin daños mayores.

-¿Sabía que algunos taxistas llaman “la coronta” a la torre de Costanera Center y “la petaca” a Titanium?
-La petaca me parece buena idea (risas). Una cosita chica, de lujo ¿o no? Hay otros edificios que les dicen “el macetero” o “la verdulería”, porque están llenos de plantas colgando…

De que tiene buen ojo para elegir terrenos, lo tiene. Quedó más que confirmado en los 90, cuando levantó el Edificio de la Industria en la Costanera Andrés Bello y marcó así su consagración como emprendedor (antes estuvo 28 años como arquitecto jefe del Servicio Médico Nacional de Empleados, más conocido como Sermena). “Me demoraba mucho en llegar desde el centro a mi casa –ubicada en Las Condes–. Pensé que valía la pena hacer un edificio en el punto medio”, cuenta, sin imaginar que aquella aventura iba a marcar la partida de Sanhattan.

Trabajólico. Suele llegar a la oficina a las 7.30 am y es raro que se vaya a su casa antes de las 8 de la noche. “Me gusta trabajar”, dice con orgullo, y le encanta hacerlo con gente joven, instalada a pocos metros de su oficina.

El eje de Avenida Andrés Bello y Vitacura tiene estampada la firma de Senerman. Al coloso de Titanium se suma Parque Titanium, un proyecto de 300 millones de dólares que contempla tres torres de 23 pisos, emplazadas en un gran parque de 4 hectáreas en las ex dependencias del estadio Santa Rosa de Las Condes. La primera torre está vendida a Entel; la segunda ya tiene algunos pisos vendidos, pero con condiciones de recompra; y con la tercera –cuya construcción acaba de comenzar– se aplicará un método similar.

– El sistema de recompra podría haberlo aplicado con el Edificio de la Industria, considerando cómo subieron después esos terrenos…
– Pero la ambición a veces mata las cosas. Mi papá siempre me decía te venden la vaca a un peso, pero si no lo tienes, no la puedes comprar. A mí me ofrecieron todos los terrenos pegados al primer edificio que hicimos, pero no tuve el coraje –porque no tenía los fondos necesarios– para comprarlos. Después fui comprando terrenos aislados y siempre me han criticado por no haber hecho un conjunto, pero no se dio en ese momento.

-Cuando levantó ese edificio, ¿pensó que se podría producir un tremendo problema de congestión vial como el que vemos ahora?
-Hay una cosa que me atrevo a poner en perspectiva. Cuando nosotros compramos, ya existía este punto neurálgico de la ciudad. Aquí llegaban todos los que venían del centro de Santiago, no es que la construcción del edificio haya provocado esto.

-Ahora se van a sumar Parque Titanium y Costanera Center… los tacos van a ser aún más complicados.
-Yo no comento nunca los demás proyectos. Nosotros estamos tranquilos porque estamos construyendo la unión entre Costanera Norte y Costanera Sur, con lo que se va a descongestionar la situación de Tobalaba hacia abajo. Lo que no sabemos es qué va a pasar con Cencosud.

-¿Nunca conversó con Cencosud para hacer la mitigación en conjunto?
-No, jamás. Cuando yo compré los terrenos de la Universidad Católica, lo hice con su mitigación aprobada. No hago ningún edificio que no tenga el 100% de las autorizaciones hechas; me refiero a permisos municipales, medioambientales, mitigaciones. En este caso, vamos a construir cerca de 3 kilómetros (hasta la calle Isabel Montt, donde empieza el parque Bicentenario). Es una avenida de 4 vías, parecida a lo que hay hoy acá. Vamos a terminar en agosto-septiembre del año que viene. Parque Titanium recién se va a entregar en 2013.

Cuestión de ego

Hijo de inmigrante ruso, la infancia de Senerman estuvo lejos de los lujos. Estudió en el Instituto Nacional y después de dar un bachillerato, a su juicio “reguleque”, entró a Arquitectura en la Universidad de Chile, donde se graduó con las máximas distinciones. Su carrera la inició en el sector público, en el Sermena, con el ánimo de retribuir lo que había recibido. “El Estado chileno me lo dio todo”, afirma agradecido.

Como arquitecto del Sermena, siempre le atrajo el área de salud. Y quedó por décadas con el bichito adentro, hasta que logró entrar en ese mundo. Este año –junto a un grupo de inversionistas–, decidió comprar la clínica Las Nieves, la cual hoy está en pleno proceso de remodelación para abrir sus puertas en enero como Clínica Lo Curro.

-¿Qué áreas quieren potenciar en este proyecto?
-Pretendemos hacer una clínica de muy buen nivel profesional con especial énfasis en el área de cirugía, pero también con consultorio y un auditorium, porque creemos que es bueno que la comunidad esté informada.

-El negocio de las clínicas está bien movido, hay varios grupos que están invirtiendo fuerte (Como los Said, Linzor Capital, Más Vida, Banmédica). ¿Cree que la industria de la salud en Chile tiene el potencial de duplicarse en los próximos 10 años?
-No se si duplicarse, lo que sí hay son nichos a los que evidentemente queremos llegar y que hoy todavía permiten un desarrollo.

Ego… “Quiero hacer un edificio emblemático en Copiapó y otro en Antofagasta”, confiesa el arquitecto. Algo más que amor propio, dice: “me siento responsable de aportar a las ciudades que me están cobijando. Siempre me he considerado en deuda con este país que me ha dado todo”.

-¿Como cuáles?
-Por ejemplo, alta calidad en cirugía, en atención y cercanía de los centros a los lugares habitacionales. Por ejemplo, creo que a Lo Curro esta clínica le va a hacer muy bien, porque va a cubrir un sector donde no hay oferta de salud.

-¿Con las clínicas también está mirando hacia las regiones?
-Sí, también. He estado viajando a Copiapó y a Antofagasta, y me han ofrecido algunas clínicas. Estamos observando si vale la pena incursionar en cosas nuevas o tomar cosas existentes.

-¿Cuáles son sus planes en esas ciudades? ¿Quiere replicar lo que ha construido en Santiago?
-Quiero hacer un edificio emblemático de oficinas en cada una de las ciudades. En Copiapó vamos a partir este año, estamos recién comprando un terreno. Para elegir los terrenos he viajado con algunos colaboradores: hay que ver los planos de la ciudad, imaginárselos, caminarlos, ver los trazados vehiculares, analizar qué futuro tiene el sector, si es fácil la comunicación, si tiene una buena urbanización, etc. Y si el paño es bueno y tiene buena vista, intentamos concretar lo que estamos haciendo.

-¿Y por qué le gusta dejar hitos?
-Porque me gusta colaborar un poco. En cierto sentido, me siento responsable de aportar a las ciudades que nos están cobijando.

-¿Hay algo de ego en eso?
-Sí, pero no sólo ego. Los arquitectos somos siempre un poco emotivos, sensibles. Siempre me he considerado en deuda con este país que me dio todo, cobijó a mi familia y nos dio la posibilidad de educarnos. Entonces, uno se siente con alguna sensibilidad social y quiere dejar algo para la comunidad.

“En Chile, los precios están bajos”

Si hay alguien clave en la vida de Abraham Senerman, esa es Frida Volochinsky, la mujer con la cual se casó hace más de 50 años. Abogado de profesión, ella se encarga de gran parte de los asuntos legales que competen a ASL Sencorp, (matriz de negocios que agrupa a Sencorp Integración Inmobiliaria, la oficina de arquitectura Senarq y la constructora Senarco). Y no sólo eso: muchas de las grandes decisiones pasan primero por su aprobación.

Senerman cuenta que se va a quedar con el último piso del edificio Parque San Luis, un proyecto de departamentos de lujo de hasta 600 metros cuadrados emplazado en pleno barrio El Golf. Pero de mudanzas, nada. “Mi señora quiere quedarse en la casa que tenemos”, comenta resignado.

-Su señora manda, parece…
-Por supuesto.

-¿En los negocios también?
-Sí, yo diría que es una especie de contralor, pero no trabador. También es directora.

-Ella es viñamarina y usted empezó su carrera construyendo edificios en esa ciudad. Hoy en día, ¿sigue entusiasmado en las 17 hectáreas de las ex petroleras, frente a Las Salinas, pese a que el proyecto está entrampado?
-Por supuesto. Se está reactivando la licitación. Llevo 7 años intentándolo y creo que en todo este tiempo hay una responsabilidad de haber entregado a Viña un desarrollo más rápido. El sector de Las Salinas es demasiado importante como para estar demorando una solución integral que le permita a la ciudad recobrar la posición que tenía. Viña del Mar es una ciudad maravillosa que creo que ha perdido parte de su atractivo, y pienso que es el momento de recuperarlo.

-¿Y no ha pensado en tirar la toalla?

Precios
A juicio de Senerman, en Chile los valores de las oficinas son muy bajos, comparado con otros países de la región. En cuanto a casas y departamentos, depende de la ubicación y de los barrios de modaw. “Hace 50 años, Gran Avenida era más caro que Vitacura”, cuenta.

-Yo sigo muy interesado, pero todo depende también de los valores.

-Hablando de ese tema, en Santiago se han disparado los precios, sobre todo después del terremoto. ¿Cree que hay una burbuja inmobiliaria?
-Yo no creo en burbujas, pero hay que buscar las cosas con cuidado. Tampoco creo que vaya a ser el caso de los kiwis. Hay mucha gente que dice este señor hizo 40 casas y le fue muy bien, yo voy a hacer 70 en este lado. Bueno, pero las 40 saturaron el mercado.

-Pero usted, ¿cómo ve los precios? ¿Están caros?
-En Chile los precios de oficinas son muy bajos comparados con los de cualquier otro país. El metro cuadrado está en 2.500 dólares promedio, en Brasil es cerca de 15 mil y en otros países, de 25 mil.

-Y hablando de casas y departamentos, ¿también cree que los precios están bajos?
-Depende de la ubicación. Si todo el mundo quiere vivir en Las Condes, los precios van a subir. Hace 50 años, cuando me recibí, Gran Avenida era el boom; el metro cuadrado estaba a 23 mil pesos, mientras que en Vitacura costaba 20 mil. Hay barrios que se van poniendo de moda. Antes, República y Avenida España eran las partes más high de Chile.

-¿Cuáles van a ser los próximos polos de desarrollo?
-Me los guardo (risas). Dada la escasez de terrenos, estamos viendo dónde vamos a sembrar para cosechar después. Lamentablemente en Chile no ha pasado lo que ha ocurrido en muchas partes del mundo, que son ciudades satélites cercanas. Está Maipú, pero no hay otros.

-Dentro de Santiago, ¿qué joyitas tiene guardadas?
-Estamos viendo 2 o 3 terrenos.

-¿Todavía no logran comprar la Portada de Vitacura?
-Estamos tratando, pero hay un grupo de gente que hace imposible la remodelación urbana. Nosotros ofrecemos un promedio de pago equivalente a los más altos valores para un edificio que está bastante deteriorado. Hay más de 50 propietarios interesados, pero hay otros que piden 6 o 7 veces el valor, algo que es imposible.

-¿Sigue dentro de sus planes abrirse a la bolsa?
-Es una posibilidad, por supuesto, pero para hacerlo hay que tener más de lo que tenemos ahora. Le falta más carne a la parrilla. Por ahora, estoy tranquilo así.

-Imagino que le preocupa la situación económica actual…
-Hay que irse con mucho cuidado. No creo que seamos inmunes a lo que está pasando afuera.

-Y usted, ¿cómo se resguarda?

-Comprando terrenos. Yo no creo que la tierra crezca. Me gusta invertir en lo que sé hacer.

 

Impuestos: ver para creer
-¿Cómo ve el conflicto estudiantil que estamos viviendo?
-No tengo ninguna sensibilidad política, pero siempre he creído en la paz, en buscar un sistema de diálogo desde el inicio. Yo no sé cuáles son los nexos que hay que establecer para no seguir con esto, pero la educación es fundamental en un país y perder un año ¡me parece que es gravísimo! Para mí, el foco de posibles adelantos para insertar un país en el futuro es la educación.

-¿Y ve alguna solución?
-Ahhh no tengo idea, si tuviera una bola de cristal…Es muy fácil criticar, pero de ahí a dar una solución…

-¿Tienen algún rol los empresarios en esta efervescencia social que se ve?
-Los empresarios tienen que velar por que la educación sea mejor en Chile.

-¿Cómo?
-Les corresponde apoyar iniciativas que mejoren la educación.

-¿Es partidario de subir los impuestos a las empresas? ¿Estaría dispuesto a que a usted se los subieran?
-Pero; ¿con qué destino? Si fueran insuficientes los impuestos –cosa que no sé- por motivos de educación y salud, habría que verlo, pero primero veamos si son insuficientes o mal administrados.

-¿Usted qué cree?
-Me queda la duda.

-Pero si supiera el destino de la eventual alza impositiva, ¿estaría de acuerdo?
-Algo se podrán subir, me imagino. Hay que tener en cuenta que el alza de impuestos va siempre contra la inversión privada. El dinero es redondo, va y viene y si no hay buenas posiciones en Chile, van a ir a otros países. De subir los impuestos en Chile, habría que hacerlo de forma muy mesurada. Calibrar cuál va a ser el efecto del alza y su uso.

-Hay varios empresarios que se han abierto a la posibilidad de subirlos…
-Todos estamos abiertos, pero claramente tenemos que ver destinos y formas de control. Si no, se va a transformar en una cosa que no corresponde. Si uno invierte, por ejemplo, en la Teletón, estás viendo lo que se hace.

El day lodge de Valle Nevado
Senerman es un fanático de la naturaleza y la vida al aire libre. Aunque aprendió a esquiar a los 50 años, cada fin de semana que puede se escapa a Valle Nevado, proyecto en el cual comparte propiedad con los hermanos Álex y Eduardo Ergas. “Cuando partimos, hace más de 10 años, teníamos la idea de transformarlo en un pueblo de montaña, pero nos costó asumir el verdadero rol que debíamos tomar”, comenta.

Una aventura que han tenido que ir desarrollando de a poco, para conocer las verdaderas necesidades del proyecto. Junto a su hijo Ricardo y los hermanos Ergas, ha recorrido casi 30 centros de ski en todo el mundo para “empaparse” de las experiencias de afuera. “En Estados Unidos su desarrollo ha sido más fácil porque los centros han nacido de pueblos mineros que se han seguido desarrollando”, explica.

-¿En qué consisten los trabajos que están realizando en Valle Nevado?
-Estamos haciendo un day lodge en la curva 17, una estación de día para despejar la parte de los hoteles. Contará con restaurantes y habrá venta de tickets para recibir a aquellos que van por el día. La gente va a subir a las pistas en andariveles y para ello, estamos haciendo una telesilla de 6 plazas, cubierta. La idea es que Valle Nevado no sólo sea una plaza de ski, sino que una de turismo. Pensamos tener un atractivo que dure más allá del invierno.

-¿A cuánto asciende la inversión?
-A casi 40 millones de dólares. Va a estar operativo el año que viene. Hemos hecho una tremenda modificación hotelera. Es un bonito desafío.