Al pie del cañón, mirando al cerro Santa Lucía, se instaló hace seis meses el estudio de los abogados Gastón Gómez y José Francisco García, junto a su socio Julio Pallavicini. Se autodenominan oficina boutique, se dedican al derecho público y les gustan las peleas difíciles.

  • 19 julio, 2018
Foto: Verónica Ortíz

Gastón Gómez (59) y José Francisco García (39) son constitucionalistas y profesores universitarios. Fue en distintas instancias académicas en las que se encontraron y coincidieron también en su concepción liberal del derecho; ambos son considerados como los “chascones” de la centroderecha en materia constitucional. Durante los últimos años les ha tocado participar de iniciativas relativas al debate constituyente. Gómez formó parte del Consejo Ciudadano de Observadores convocado por Michelle Bachelet y además participó de la plataforma ciudadana TuConstitucion.cl impulsada por Ricardo Lagos Escobar, de la cual García también era parte. Cuentan que la idea de asociarse fluyó espontáneamente, no saben quién se lo propuso a quién, y que además se dieron bien los tiempos: Gómez venía saliendo del estudio Eluchans después de 20 años, con la idea de formar una oficina más chica dedicada específicamente a temas de derecho público, mientras que García, después de dos años trabajando en Fermandois, estaba listo para armar su propia firma. Tras una larga carrera en Contraloría, se sumó como socio Julio Pallavecini, abogado de corte más progresista, lo que consideran les aporta mayor pluralidad.

Los socios definen el bufete como una oficina boutique de derecho público, García explica el concepto: “Es una mezcla de especialización técnica y una cierta capacidad selectiva de tomar casos que nos parecen particularmente complejos y atractivos en la dimensión del derecho público. Litigios en los cuales se requiere una mirada sofisticada para crear soluciones innovadoras en áreas donde no hay resultados obvios ni jurisprudencia. El desafío es tremendo porque hay que realizar verdaderas construcciones intelectuales”.

Actualmente, dicen, se está consolidando un mercado muy competitivo y estimulante de estudios boutique, entre ellos Fermandois, Ferrada Nehme, Vergara y Cía., y la firma del ex contralor Ramiro Mendoza.

Quedarse en la calle Miraflores, en las ex oficinas de Eluchans y Cía, cuando la mayoría de los estudios de abogados han emigrado al sector oriente, fue para ellos una decisión estratégica y coherente con el espíritu de la firma: “Nuestro mercado relevante está aquí en el centro. La posibilidad de estar en terreno y cerca de las instituciones judiciales y del sector público es muy valioso para nosotros”.

En estos meses el estudio Gómez, Pallavicini & García Abogados ha estado librando importantes batallas; asesorando a SQM, Salar Blanco, al Sernac y a Penta en sus respectivos litigios y trabajando para el Ministerio del Interior en temas de inmigración, al mismo tiempo que representaron a Asipla, gremio del plástico, ante el Tribunal Constitucional, con la intención de frenar la ley impulsada por el gobierno que prohíbe la entrega de bolsas en el comercio. Reconocen que generó sorpresa que como oficina asumieran una causa que busca declarar inconstitucional una ley tan emblemática para esta administración. Pero afirman que por las características del caso no lo dudaron. “Nos pareció que el principio involucrado era muy grave. La idea de prohibir una actividad económica es algo excepcional, que no está tolerado en la Constitución, ni en términos de protección al medioambiente”, argumenta García y asegura que desde el gobierno no ha habido cobradas de sentimiento, pero sí, admite, algunos recados privados.

El polémico TC

García y Gómez coinciden también en su buena evaluación respecto del Tribunal Constitucional, que en los últimos años ha sido cuestionado por ciertos sectores por sus atribuciones y legitimidad. “El TC ve unas 800 causas al año. De esas, las de connotación pública son solo dos o tres. Entonces se ha buscado deslegitimizar al tribunal sobre la base de una atribución que ejerce en contados casos. El concepto de “tercera cámara” ha sido totalmente mal utilizado”, enfatiza García. Por su parte, a Gómez le parece natural que en una democracia abierta y deliberativa existan críticas a cierto ministro o a determinada resolución, sobre todo visto desde la trinchera, pero el asunto para él es más determinante: “El punto de fondo es si vamos a concebir una democracia a secas o una democracia constitucional. Las democracias a secas son un modelo de sistema político y jurídico muy poco utilizado en el mundo, en general existen en modelos de autoritarismo o en dictaduras latinoamericanas. Es tanta la experiencia acumulada a favor de las democracias constitucionales, que los que proponen sustituirla debieran dar al menos algún argumento a favor de ello”.

Los constitucionalistas aseguran que para dos apasionados en esa rama del derecho, como ellos, el Tribunal Constitucional es un lugar muy relevante e interesante donde se zanjan asuntos de la más alta complejidad en términos jurídicos. Comentan positivamente el reciente nombramiento de María Pía Silva, académica y constitucionalista, con numerosas publicaciones y discípula del “maestro de todos”, Alejandro Silva Bascuñán. También afirman que el nombre que suena más fuerte para completar el cupo de Carlos Carmona es el del abogado Miguel Ángel Fernández.

¿Se constituye?

La discusión sobre si es necesaria una nueva constitución o si basta con reformar la actual cada tanto retoma fuerza. Y en ese debate, las voces de Gómez y García se han ganado un lugar importante. Aunque el gobierno de Sebastián Piñera ha sido claro en que un cambio constitucional no se encuentra dentro de sus principales prioridades, ambos abogados son optimistas: creen que algo podría pasar en esta materia y que el presidente así lo tiene contemplado. La iniciativa también podría surgir del Poder Legislativo o de la sociedad civil. Como buenos liberales, se abren a todas las alternativas y destacan que las bases para una nueva constitución recopiladas en el proceso constituyente que tuvo lugar en el gobierno de Michelle Bachelet, más la propuesta elaborada por Chile Vamos y lo concluido en el informe Nuestra Constitución, son insumos potentes al momento de discutir sobre la Carta Magna.

Una posibilidad que se ha planteado es que esta se legisle en el Congreso y luego sea ratificada a través de un plebiscito. En este tema, García y Gómez son considerados progresistas por su sector político, donde aún existe resistencia a realizar mayores cambios constitucionales. “Efectivamente hay sectores conservadores que por razones de afectos ideológicos quieren defender la actual Constitución y hay otros que creen que ha funcionado bien en el sentido de acompañar el sano proceso de desarrollo del país”, explica García. El abogado se declara partidario del minimalismo constitucional donde los principios son pocos y generales; aquellos vinculados al Estado de derecho, a la democracia, los derechos humanos, la dignidad de las personas, la libertad y la igualdad.

Para Gómez, la experiencia como miembro del Consejo Ciudadano de Observadores fue absolutamente positiva y le sirvió para constatar que las inquietudes e ideas surgidas en las diferentes instancias de participación ciudadana hablan de un país sensato y con directrices sólidas. También recalca la altura de miras y compromiso al interior del Consejo presidido por Patricio Zapata, al mismo tiempo que desliza una crítica a la culminación del proceso: “Hay una disonancia entre todo ese esfuerzo que se hizo y el producto que la propia presidenta presentó unos días antes de dejar el cargo. Esa incongruencia es lo que nunca me explicaré”.

García es de los que considera importante purgar los elementos de ilegitimidad de origen que tiene la actual Constitución, pero valora que exista un espacio de cautela para reflexionar: “Hay que salir del esquema voraz de la llamada retroexcavadora y mantener cierta velocidad crucero, que sea intensa e importante. Es fundamental no poner un freno de mano que chante totalmente este proceso”.
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Plato favorito

Gastón Gómez: “El mejor restaurante de Santiago es el Due Torri del centro, y ahí mi plato preferido es el arroz funghi”.

José Francisco García: “Mis favoritos del barrio son la mechada italiana del Liguria y el filete a la pimienta de Les Assasins, deliciosos”.
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Las escuelas tomadas

Como profesores universitarios, este año tanto a Gastón Gómez como a José Francisco García les ha tocado enfrentar tomas feministas en las respectivas casas de estudios donde imparten clases. Ex alumno y académico de la Universidad Católica, García destaca que el centro de alumnos de la Escuela de Derecho ha sido proactivo al momento de generar discusiones al interior de la facultad y que estas han sido bien recibidas por el decano Carlos Frontaura. También cree que los tiempos han cambiado y que las frases machistas supuestamente proferidas por profesores de esa escuela pertenecen a mitos que vienen de la tradición oral pero que ya no existen. “Me crié en la PUC desde el año 1997 y esas frases no las escuché. Siempre va a haber profesores poco actualizados, pero la tasa de reemplazo ha sido muy alta. Además, hay académicas mujeres muy destacadas y respetadas profesionalmente, como Ángela Vivanco, Marisol Peña, María Elena Santibáñez y María Pía Silva, entre otras, que han formado a la generación actual de profesores, entonces soy optimista”, afirma.

Gómez hace clases de derecho constitucional en la Universidad de Chile y en la Diego Portales y, a diferencia de su socio, señala que a lo largo de su carrera sí ha escuchado dichos ofensivos y denigrantes por parte de los profesores, y que, por lo mismo, comprende la molestia aguda de las manifestantes, pero rechaza fuertemente las tomas como instrumento de presión: “Mi hija es estudiante de Derecho en la Chile y entiendo perfectamente que se moleste ante este tipo de expresiones de machismo. Pero en las tomas no veo más que el sacrificio de los ideales universitarios. Tomarse una facultad es una forma de negar la opinión de otro y esa instrumentalización en pos de los intereses de un partido, grupo, grupúsculo, secta, o lo que sea, me parece deplorable en sí misma”.