Joe Hill, hijo de Stephen King, escribe sobre un joven convertido en demonio, pero en realidad habla de otros miedos: el de las familias disfuncionales y el de los adolescentes sumidos en la cultura del aburrimiento. Por Marcelo Soto

 

 

  • 20 abril, 2011

 

Joe Hill, hijo de Stephen King, escribe sobre un joven convertido en demonio, pero en realidad habla de otros miedos: el de las familias disfuncionales y el de los adolescentes sumidos en la cultura del aburrimiento. Por Marcelo Soto

 

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada”. Así, con el mismo desenfado de Kafka en Metamorfosis, comienza Cuernos, la segunda novela de Joe Hill, destacado autor del cómic y una de las nuevas voces de la literatura de terror en Estados Unidos.

Perrish, el protagonista, es un chico de veinte años, hijo de un famoso músico de jazz. Un tipo con suerte: guapo, con suficiente plata en los bolsillos como para no preocuparse de nada y una novia preciosa, rubia y delgada como modelo de ropa interior. Para empeorar las cosas, es un buen amigo, buen hermano. Un chico ejemplar, tan bueno que en el verano quiere irse a trabajar en Amnistía Internacional. Vaya. La clase de gente que dan ganar de odiar, ¿o no?

Cuernos. Joe Hill. Suma de letras, 456 páginas. Uruguay, 2010.

Fuera de bromas, Perrish representa lo que todos anhelan, y por eso lo envidian tanto; en especial, si vives en un pueblo perdido en el horizonte estadounidense. Pero un buen día, su fortuna se acaba. Merrin, su polola, aparece violada y asesinada, y todos le echan la culpa. No hay pruebas en su contra, pero nadie cree en su inocencia, ni siquiera sus padres. Mala cosa.

Tras pasar un rato detenido, Ignatius es liberado por falta de evidencia y debe esconderse de las miradas que lo acechan. El mismo empieza a dudar de su buen corazón y entonces, después de una borrachera colosal, despierta con una resaca tremenda… y dos cuernos inmensos que le salen de la cabeza, sangrantes y que parecen tener vida propia. Superado el desconcierto, Ig se da cuenta de una habilidad recién adquirida: las personas que se le acercan le cuentan inmediatamente sus peores secretos. Es como vivir en el infierno.

Joe Hill es hijo de Stephen King y, sin duda, uno de los logros de Cuernos es la manera en que retrata la vida de una familia acomodada en EEUU. Los Perrish rebosan dinero, fama y buena onda, pero por dentro la realidad es distinta: un clan disfuncional, lleno de grietas disfrazadas con ropa cool y autos de lujo.

Más que una novela de horror, Cuernos es una comedia. Y sobre todo, una mirada a la adolescencia en la eterna provincia americana. El horizonte es lo más parecido a una pesadilla, y no es difícil advertir las raíces del odio, el resentimiento, la vergüenza, que son terreno fértil para jóvenes asesinos en potencia. El libro, pese a estar escrito correctamente, cae en los clásicos ripios de los best seller de este tipo: un exceso de palabras, de descripciones que sobran, como si el lector fuese incapaz de sacar sus propias conclusiones. Todo dicho, todo ilustrado.

En Cuernos descubrimos que la juventud puede incubar las perversiones más viejas y que en ciertos pueblos nunca se sabe de qué lado está el paraíso y en qué parte el purgatorio. Una cosa es segura: Satanás vive entre nosotros. La novela tiene un componente subversivo, en el que el diablo parece un buen tipo, pero su falta de espesor le quita fuego a la trama. Así las cosas, no queda más que darle a Ig el beneficio de la duda cuando dice: “yo veo a Dios como a un escritor de novelas populares, alguien que construye historias con argumentos sádicos… El demonio es, antes que nada, un crítico literario cuya misión es exponer a este escriba sin talento al merecido escarnio de sus lectores”.

Gran dupla
Joe Hill es uno de los candidatos para ganar el Eisner –la principal distinción del mundo del cómicpor su serie Locke & Key, sobre una familia que intenta sobreponerse al asesinato del padre en un caserón lleno de puertas que se abren a mundos alternos. Aparte de ser una gran cómic de horror, tiene la gracia de estar dibujado por el talentoso Gabriel Rodríguez, un chileno que está dejando su marca en el género. Postula a Mejor Tema, Mejor Serie, Mejor Guionista y Mejor Dibujante, y ya se anuncia una versión televisiva producida por Fox.