• 9 septiembre, 2011



Los fines históricos del marxismo seguramente no son compartidos por los cientos de miles que marchan en las calles detrás de una dirigente del PC. Sus principios han sido prácticamente derrumbados por la historia. ¿Por qué entonces siguen existiendo comunistas y surgen líderes relevantes en ese partido?


¿Se puede ser realmente comunista, el día de hoy? ¿Se puede creer genuinamente en la utopía marxista, en la sociedad sin Estado ni clases? ¿Se pueden compartir el análisis e interpretación de la realidad del comunismo clásico, la dialéctica, el materialismo histórico, la estructura y la superestructura? ¿Se puede adherir a sus métodos, a la violencia revolucionaria, a la dictadura del proletariado? ¿Se puede desconocer el modelo comunista que existió por más de 70 años en diversos países del mundo?

Pensado en frío, es difícil hoy ser comunista. Al menos, en su sentido clásico. Ello, por razones analíticas y prácticas. Es difícil comulgar ciento por ciento con el análisis de la historia y la política que hacía Marx hace más de siglo y medio. La crítica marxista del capitalismo fue iluminadora, es cierto, pero se trataba de un capitalismo muy tempranero. La variante leninista del marxismo –que dio forma a los primeros gobiernos comunistas en el mundo— también poseía elementos analíticos que hoy son impensables. De partida, toda la ética de la democracia y de los derechos humanos, en gran parte acogida por movimientos de izquierda en la actualidad, no tendría cabida en aquella vertiente del comunismo histórico.

Desde el punto de vista práctico, la situación es igualmente compleja. La experiencia de los socialismos reales, a los cuales tan fervientemente adhería el Partido Comunista chileno, es lapidaria para cualquier mente medianamente moderna y libertaria. Si ya existían críticas hacia el modelo soviético de parte del Partido Socialista, del MAPU e incluso del MIR, en los años 60 y 70, esa crítica hoy puede ser sencillamente demoledora.

Si el asunto es así de complejo, ¿por qué existen comunistas todavía? Poco a poco, el PC ha ido rearmando un nuevo acervo ideológico sobre la base de una serie de revisiones contemporáneas del marxismo clásico, unidas a una fuerte crítica al neoliberalismo. En esto se nota una importante dosis de apertura. El PC fue tradicionalmente muy estricto en la univocidad de su discurso político y extremadamente monolítico en la interpretación del marxismo. Lo suyo era el marxismo-leninismo puro y duro.

Hoy, en cambio, el PC se permite conjugar una serie de críticas sociales y causas movimentistas, algunas incluso contradictorias entre sí. Los comunistas leen con interés las teorizaciones de Immanuel Wallerstein y Noam Chomski, el activismo de Antonio di Negri y la crítica –algo pop– de Naomi Klein. A su tradicional plataforma de clase han adherido nuevas causas ambientalistas, indigenistas, comunitaristas y antiglobalización. En el fondo, ideológicamente, el PC de hoy ha dejado de ser genuinamente comunista, y ha pasado a ser un partido que articula una fuerte crítica al capitalismo globalizado y que reivindica el rol del Estado y de los movimientos sociales.

El problema es que no todo en la vida política puede ser denunciar la problemática; también hay que ver la solucionática. Y en ese sentido, el PC está aún lejos de construir una propuesta de modelo económico alternativo a los dos modelos en competencia hoy en el mundo occidental, como son el capitalismo desregulado neoliberal y la economía de mercado socialdemócrata. Porque lo cierto es que el capitalismo del Partido Comunista chino no lo entienden ni los chinos y, por lo mismo, no es modelo para el PC chileno. En lo político, el PC no parece cuestionar la existencia de la democracia representativa y su único matiz es, más bien, adosarle elementos de democracia directa. En lo internacional, sigue defendiendo a Cuba, aplaude con algo de cautela a Chávez, simpatiza con Evo Morales y es entusiasta en el Foro Social y la causa altermundialista.

Y si es así de difícil, ¿por qué hay tanto comunista joven en Chile? Hay que reconocerlo: la Concertación monopolizó el surgimiento de dirigentes políticos juveniles sólo hasta comienzos de los años 90. La última generación de esa camada está cumpliendo hoy los 40, y eran todos socialistas, como Rossi, Marcelo Díaz, ME-O o Landerretche, entre otros. Pero en los años 90 y 2000, los más talentosos han salido o del Techo para Chile (Bowen, Jackson), o del Partido Comunista. Es un dirigente del PC, Cristián Cuevas, quien ha revitalizado el sindicalismo chileno y quien se avizora como símbolo del recambio. Y es una dirigenta PC, Camila Vallejo, quien dirige un movimiento que no sólo tiene a todo un gobierno inmóvil, sino que ha logrado calar hondo en la sociedad chilena.

¿Por qué surgen estos liderazgos dentro del PC y no en otro lado? Algo de mérito debe haber en la estructura del partido; el que, valga la redundancia, es un partido en forma, no como las simples montoneras que se ven por otros lados. También hay algo de coyuntura: al estar los socialistas en el gobierno, era en el PC donde tenía más fuerza la voz de la disidencia de izquierda.

Pero debe haber algo más. El comunismo joven hoy es más que razón pura. Hay mucho de sentimiento. De indignación con la persistente injusticia social. De una rebeldía que entiende que debe organizarse si desea provocar cambios verdaderos. Los fi nes históricos del comunismo seguramente no son compartidos por los cientos de miles que marchan en las calles detrás de una dirigente del PC. Los instrumentos de antaño probablemente los desechan de plano. Pero ser radical para asumir una causa justa es algo que realmente motiva a los jóvenes, aunque no voten por los comunistas.