Por Francisco Larraín Schultz
Abogado socio de Castillo y Prieto

  • 6 junio, 2019

A partir del 3 de junio, los contribuyentes podrán rectificar las observaciones efectuadas por el Servicio de Impuestos Internos a sus declaraciones anuales. Para evitar dichas observaciones, es fundamental promover las buenas prácticas en materia tributaria a lo largo de todo el año por parte de las empresas y sociedades de inversión.

Es relevante recordar, que la contabilidad tiene por objeto entregar información valiosa a la empresa, y también a los agentes externos que interactúan con ella, como lo son: socios, bancos, proveedores y también al fisco. Es decir, una contabilidad sistemática, cumplidora de los principios contables y la ley, es la base para una buena práctica tributaria y empresarial.

¿Y cómo se entrega esa información al fisco? Principalmente a través de las declaraciones juradas, porque el mayor proveedor de información al Servicio de Impuestos Internos es el contribuyente, ya sea respecto de él mismo, o respecto de terceros, por ejemplo, a través de la declaración jurada anual de las operaciones o inversiones efectuadas en el extranjero.

Este ejemplo es bueno, porque respecto de esta declaración jurada existe un gran desconocimiento por parte de los contribuyentes. Al 30 de junio, aquellos que han invertido en el extranjero a través de acciones de multinacionales, derechos en sociedades de inversión extranjeras o en inmuebles que no se encuentran en Chile, entre otras, deben presentar dicha declaración jurada, y la mayoría lo ignora.

Por cierto que en general no hay mala fe, sino falta de planificación o derechamente desconocimiento, muchas veces debido a la ausencia de capacitación. Esto último es de especial relevancia, considerando los diversos cambios normativos que ha experimentado nuestra legislación tributaria.

La consecuencia de no presentar en tiempo y forma la declaración jurada de inversiones efectuadas en el extranjero es la posibilidad de que dicha inversión se presuma un retiro que pagará un impuesto único del 40%, o el impuesto global complementario incrementado en un 10%, aplicado a los dueños de la empresa, si estos son personas naturales, más los intereses y multas correspondientes.

Pero más allá de ello, deja en evidencia que la observación de la normativa tributaria durante el año es esencial, porque su incumplimiento puede provocar en el mediano plazo la fiscalización del Servicio de Impuestos Internos, resultando cobros impositivos con intereses y multas, e incluso acciones judiciales por parte del fisco.

Es evidente que la ausencia de un cumplimiento tributario, que prevea contingencias y riesgos, puede provocar un impacto económico negativo en el contribuyente, y también en terceros que tengan relación con él. Incluso un daño en la reputación que impacte a la empresa y también a sus socios, como hemos constatado, puede producir dificultades en la internacionalización, o en la imposibilidad de continuar negocios en el extranjero, que requieren estándares más exigentes, al estar en tela de juicio por alguna coyuntura tributaria.