• 10 septiembre, 2010


Estos indicadores nos invitan a reflexionar en qué áreas debiéramos enfocarnos. Para ello podríamos emular a aquellos países que son capaces de pensar y planificar en el largo plazo.


El 9 de septiembre el Foro Económico Mundial dio a conocer su Informe de Competitividad Mundial 2010-2011 desde Tianjin, China. El país elegido no fue casualidad. En los últimos años, el gigante asiático ha mejorado constantemente sus indicadores de competitividad y se está preparando para ser la gran potencia mundial.

También se lanzó en Chile. Por un lado estamos celebrando el bicentenario y tenemos vivos a nuestros 33 mineros. Por otro, tenemos mapuches en huelga de hambre y ciudades que todavía sufren los efectos del terremoto. Un país con perspectivas de alto crecimiento económico para el corto plazo, pero situado en una región que no se destaca por ser la más competitiva.

El indicador está basado en 12 pilares que permiten ver el entorno que rodea la competitividad de los países. Estos pilares tienen que ver con instituciones, infraestructura, entorno macroeconómico, salud y educación primaria, educación superior y capacitación, eficiencia en el mercado de bienes, eficiencia en el mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, disponibilidad tecnológica, tamaño de mercado, sofisticación de los negocios e innovación.

Este año se entrevistó a más de 13.500 líderes del mundo empresarial en 139 países. Las naciones que encabezan el ranking son las mismas del año pasado, pero con algunos cambios. Estados Unidos cae dos posiciones y se ubica en el cuarto lugar. Su segunda posición la toma Suecia, que desplazó a Singapur y lo dejó en tercer lugar. El “relojito suizo” sigue funcionando a la perfección.

Chile se sitúa 30, mismo lugar que en 2009. Este dato no debiera extrañarnos, porque nuestro país se ha mantenido relativamente estable en el último tiempo. Si bien en los últimos dos años había perdido marginalmente competitividad, dicha tendencia tuvo un descanso este año, lo que no necesariamente significa un punto de inflexión.

El gráfico Nº1 muestra la evolución de este indicador durante los últimos 6 años para Chile en
comparación con los países de América latina y los de la OECD. Se puede apreciar que, en términos relativos, este año hay un cambio en la tendencia latinoamericana que había perdiendo competitividad, pero que este año muestra una mejoría. Chile es el país mejor evaluado de la región, seguido por Panamá y Costa Rica (ambos, sobre el lugar 50). Cabe destacar los avances que han mostrado –en los últimos 4 años- Brasil y Perú. El primero escaló 14 puestos mientras el segundo lo hizo en 7.

Con respecto a la OECD, el indicador de este año es auspicioso para Chile, ya que estrechó brechas. Dada la composición del índice, es interesante analizar qué ocurre con respecto a los pilares que lo componen.

El gráfico N°2 muestra el ranking de Chile, América latina y los países de la OECD por pilar. Mientras más alejado esté del centro, más alto es el ranking y, por lo tanto, peor la ubicación. Las mayores diferencias entre Chile y los países de la OECD están en salud y educación primaria, sofisticación de los negocios y disponibilidad tecnológica. Con respecto a América latina, las grandes diferencias están en el mercado laboral y en la calidad de las instituciones.

Estos indicadores nos sirven para ver la tendencia, pero también sacan una foto del momento actual. Ad portas del dieciocho, vemos algunas cosas:

1. La paloma que Chile lleva para lucir arriba es la de las instituciones y la estabilidad macroeconómica.

2. Los aplausos vienen desde la medialuna. Acabamos de anotar dos puntos buenos. El caballo llamado “innovación” se superó respecto a su desempeño de 2009. Una aclaración: avisan que el rodeo no es el de Rancagua. Eso hace que las miradas se muevan hacia un grupo de personas que persiguen a un chancho. Este clásico de los juegos chilenos me lleva a la educación. Cuántas ideas, políticas, documentos, recetas… No logramos atraparlo. Este año los indicadores del WEF muestran que la calidad de la educación primaria y –en general– la calidad del sistema educacional chileno no sólo no mejoran, sino que en términos relativos empeoran.

3. No puede haber celebración dieciochera sin la tradicional carrera de sacos. Chile salió rápido, pero al poco andar los saltos no fueron tan grandes ni tan seguidos. Nos acercamos para ver qué sucede: un par de piedras en el zapato impiden avanzar con rapidez. Y tienen que ver con la flexibilidad en el mercado
laboral. Es allí donde dos variables, la baja participación laboral femenina y las trabas a las prácticas laborales –medidas por la contratación y los despidos– son las que nos ayudan a explicar el porqué de nuestra lentitud. Sin embargo, el 2010 vio aparecer una nueva piedra que casi no se percibía en años anteriores. Y está molestando no sólo por su tamaño, sino porque está apretando en lugares donde no estábamos acostumbrados. Me refiero al indicador que mide la percepción de los empresarios sobre la calidad de la regulación y supervisión de la bolsa de valores. El año 2009 Chile ocupaba el lugar 58 en dicha pregunta y este año está en el lugar 104.

Adquirir un mayor nivel de desarrollo nos obliga a preocuparnos por la competitividad. La globalización nos exige competir y para ello debemos prepararnos. La competitividad no cambia en el corto plazo (basta ver los niveles de estabilidad de Chile en los últimos años) y, como en todos los procesos, las reformas en esta línea tienen costos políticos y, sobre todo, se toman su tiempo. Sin embargo, estos indicadores nos invitan a reflexionar sobre en qué áreas debiéramos enfocarnos. Para ello podríamos emular a aquellos países que son capaces de pensar y planificar en el largo plazo. En Chile la planificación del Estado es débil y pareciera ser que lo más cercano a ella son los compromisos adquiridos en campaña o los mensajes del 21 de mayo.

Al final del día, y como dice Víctor Jara, “si queremos más fiestoca primero hay que trabajar, y tendremos pa’toitos abrigo, pan y amistad. Y si usted no está de acuerdo es cuestión de usté no más: la cosa va pa’elante y no piensa recular”.