El sello de la eficiencia aparece amenazado por la demora en solucionar crisis con alto componente político, como la huelga mapuche, las protestas en Magallanes o el caso Van Rysselberghe. Los dardos apuntan al diseño de Palacio… y al estilo presidencial.

  • 22 febrero, 2011

El sello de la eficiencia aparece amenazado por la demora en solucionar crisis con alto componente político, como la huelga mapuche, las protestas en Magallanes o el caso Van Rysselberghe. Los dardos apuntan al diseño de Palacio... y al estilo presidencial.

 

El sello de la eficiencia aparece amenazado por la demora en solucionar crisis con alto componente político, como la huelga mapuche, las protestas en Magallanes o el caso Van Rysselberghe. Los dardos apuntan al diseño de Palacio… y al estilo presidencial. Por María José O’shea.

 

Como si se tratara de realidades impedidas de vivir por separado, la gestión –el sello que prometía el gobierno de Sebastián Piñera– aparece hoy seriamente amenazada por la política o, mejor dicho, por la falta de política. Cierto es que la administración segura, rápida y eficiente apareció con fuerza detrás de hitos que marcaron este primer año en La Moneda, como el rescate de los 33 mineros o el proceso de reconstrucción post terremoto. Pero, claro, se trató de episodios absolutamente imprevistos, incluso para los planes de gobierno.

Menos sorpresiva, atendiendo a las experiencias anteriores, debía ser esa infinidad de crisis habituales, diarias, que todo gobierno padece y en los más variados ámbitos. Las crisis que requieren una respuesta rápida, con información, pero también con mucha intuición, antes de que se conviertan en problemas políticos mayores, esos que obligan a la intermediación presidencial, que consumen la agenda mediática, que alimentan a la oposición y, especialmente en el caso de la Alianza, distancian a las huestes oficialistas.

La huelga de hambre mapuche del año pasado, el conflicto por la dirigencia de la ANFP –y la supuesta influencia de Piñera–, el alza del gas en la región de Magallanes y el escándalo por los –casi– subsidios falsos en Concepción tienen un denominador común: en todas estas crisis la respuesta demoró más de la cuenta. Y la responsabilidad es política.

¿Los motivos? Habría aquí una mezcla de factores que hacen que finalmente las decisiones se dilaten. Uno sería la obsesión del presidente por intervenir en todo. Suena a chiste repetido, pero es la pura verdad. En el caso de la intendenta Van Rysselberghe el presidente pidió todos los antecedentes, números e informes jurídicos del asunto. Y esperó a tener todo en su mano para decidir. Entre tanto, pasaron dos semanas en que los videos de la intendenta diciéndoles a los vecinos que podían pasar por terremoteados daban vueltas en todos los portales, la presión y la tensión entre los partidos subía y él, de tanto esperar –apostando también a que el escenario podía cambiar–, se metió en un zapato chino del cual saldría mal para uno u otro lado.

En la política hay que actuar rápido y darle cierta credibilidad al olfato. Bien lo hacía Piñera cuando estaba en el mundo de los negocios. Y aquí tiene que aplicar esa suma: información + audacia. No hay que olvidar la célebre frase de la ex presidenta Bachelet, cuando dijo que su instinto le indicaba que no había que echar a andar el Transantiago todavía. Y no lo escuchó.

Otro de los factores que complican las crisis, apuntan, es la estructura política de La Moneda. Por un lado, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, pareciera poner en segundo plano su rol de conductor político apostando por la agenda de seguridad pública para posicionarse, entre otras cosas, como candidato presidencial. Para otros, Hinzpeter no lleva la conducción política del gobierno precisamente porque Piñera no le da “plenos poderes” para actuar en esa materia. No suelta ese timón. A lo anterior se suma el hecho de que Hinzpeter no tiene ascendiente al interior de la UDI. Quien sí podría cumplir ese rol de coordinación es la vocera Ena Von Baer (UDI), pero tampoco tiene influencia en el partido. Y en esta falta de inclusión de las sensibilidades partidarias, algunos ven con preocupación que no se invite a los nuevos ministros Andrés Allamand (RN) y Evelyn Matthei (UDI) a participar en el comité político. Serán Defensa y Trabajo ministerios sectoriales, pero si están ellos ahí no es porque él sea experto en uniformados ni ella en leyes laborales. Por si no lo recuerda, este gobierno ya innovó en gestión política, al instaurar un comité que sesiona semanalmente con las directivas del oficialismo, pero ni siquiera asistentes al mismo consideran que se trate de EL lugar donde se monta la estrategia política.

El tercer factor tiene relación con lo anterior. Se trata del segundo piso. Si bien un modelo Ottone-Lagos sería difícil de aplicar a Piñera, se critica la falta de experiencia política al interior del equipo. No hay viejos zorros que manejen la política con los hilos de una marioneta, dicen.

El asunto es que nuevas crisis vendrán con seguridad y, completado el 25% del período de gobierno, todo indica que hay poco espacio para perderse en la frondosa selva de la indefinición. Menos, cuando el sello es gestión.