El concepto de farmacia popular no es una invención chilensis. Son varios los países en los que ya operan estas boticas. En Brasil, por ejemplo, el SIFAP o Sistema de Farmacia Popular, funciona desde hace algunos años a través de una alianza entre el Gobierno y una fundación sin fines de lucro llamada Oswaldo Cruz-Fiocruz, […]

  • 12 noviembre, 2015

farmacia

El concepto de farmacia popular no es una invención chilensis. Son varios los países en los que ya operan estas boticas. En Brasil, por ejemplo, el SIFAP o Sistema de Farmacia Popular, funciona desde hace algunos años a través de una alianza entre el Gobierno y una fundación sin fines de lucro llamada Oswaldo Cruz-Fiocruz, la que materializa su ejecución a través de convenios firmados con el Estado, municipios y otros, quienes gestionan la compra, almacenamiento y distribución de los medicamentos sólo en los territorios más aislados del país.

En Cuba, la farmacia es administrada por el Estado y se entregan los remedios contra receta. Ecuador cuenta con un sistema como el que se implementa hoy en el municipio de Recoleta, en el que éste otorga y vende a sus vecinos previamente inscritos en su consultorio y bajo receta, los medicamentos.

En Venezuela, las personas que acceden a las boticas populares, entre las que se encuentran las familias más vulnerables y en sitios de difícil acceso, cuentan con farmacéutico y obtienen un 85% de descuento del precio de los medicamentos esenciales.

En España, en tanto, las farmacias funcionan principalmente como dispensadores de los asegurados al servicio social. Hasta la crisis no se pagaba por este servicio, pero desde hace un tiempo se cancela un euro por receta, es decir, 748 pesos, pero los remedios siguen siendo gratuitos.