Ser deportista de fin de semana acarrea lesiones. Por eso, mejor es tener un especialista cerca, que lo conozca y que sepa por dónde viene la mano. Por Mauricio Contreras

  • 15 mayo, 2008

Ser deportista de fin de semana acarrea lesiones. Por eso, mejor es tener un especialista cerca, que lo conozca y que sepa por dónde viene la mano. Por Mauricio Contreras

 

 

Hay poco tiempo de lunes a viernes para ejercitarse. La intensa carga laboral y la necesidad de compartir con la familia post 20 horas dificultan practicar el deporte favorito. Hay que hacerse el espacio, muy temprano o a la hora de almuerzo, y eso obliga a correr entre el trabajo y la casa. Y como uno ya es un declarado deportista de fin de semana –lo que significa estirar los músculos sólo un rato el sábado o el domingo–, aparecen las lesiones.

Nunca olvido el diagnóstico de un médico, vinculado al fútbol profesional, que me dijo: “usted juega en la liga de futbolito como si fuera un Fórmula Uno, pero su cuerpo está entrenado para ir a darse una vuelta por las Vizcachas”. Nada más certero: llegan los partidos de ocho contra ocho, uno se cree un niño de 15 y el calendario pasa la cuenta.

Revisando mi historial médico, calculo que tengo, en promedio al año, una visita al traumatólogo y la posterior derivación a las sesiones de kinesioterapia. En esta instancia conocí hace 6 años a Antonio Carreño, un kinesiólogo de primer nivel que me deja cero kilómetros para la vuelta a las canchas. Antonio trabajó con Manuel Pellegrini en O’Higgins, con Roberto Hernández en Audax Italiano, Universidad de Chile y Colo Colo y con Mirko Jozic en Arabia Saudita. Un profesional que sabe de los inconvenientes físicos que puede presentar un paciente de partidos esporádicos.

En Meds, en el Mall Sport, Antonio trabaja con un equipo de especialistas que genera confianza por varias razones: la primera, y la más relevante, te conocen, saben si es problema crónico o una nueva dolencia. Segundo: el trabajo de recuperación es similar al de un jugador profesional. Tras el diagnóstico, se calculan las sesiones. Antonio dice que no se evoluciona favorablemente si no se ejercita en casa la misma rutina. Y en esto, por muy fome que sea, hay que hacer caso. Después, vienen progresivamente los ejercicios de caminata, elíptica y elongaciones. En las últimas consultas aparecen el balón, los conos y se recrean, en forma gradual, los movimientos que podrían repetirse en cancha. Por un rato uno siente que está en Juan Pinto Durán entrenando para jugar por Chile.

Hace un par de años, Antonio atendía mucha gente, pero había camillas vacías. Hoy no tiene pausas entre un paciente y otro. La gente hoy valora la relación entre deporte y salud, y como hay una efervescencia por trotar o hacer deporte, su consulta se llena. Llegan rugbistas, dueñas de casa, pichangueros como yo, trotadores, tenistas escolares y todos saben que la evolución viene de la mano con el cuidado propio… el entrenamiento invisible, que le llaman. Por años se habló del doctor de cabecera. Yo recomiendo tener un kinesiólogo de cabecera que me oriente la recuperación, que tenga una fi cha mental sobre mis lesiones y que la planificación sea lenta, segura, sin apuros. Tenga un kinesiólogo, cuando sienta el pinchazo del desgarro se va a acordar.